
La producción de café llega a Corrientes con una familia que apunta a 100 hectáreas
Actualidad20/06/2026
REDACCIÓNLa familia Muollo implantó café arábica bajo sombra de papayas, espera cosechar en 2027 y apunta a vender con marca propia.

El café empezó a crecer en una zona de Corrientes donde hasta hace poco ese cultivo parecía fuera de cualquier cálculo productivo. En Empedrado, sobre las lomas cercanas al Paraná, la familia Muollo implantó cinco hectáreas de café arábica dentro del establecimiento La Nina. La experiencia combina siete variedades, riego por goteo, mulching y sombra natural de papayas, en un esquema pensado para medir si la provincia puede sumar una actividad distinta a su matriz tradicional. El objetivo no termina en la primera cosecha, porque el proyecto apunta a llegar a 100 hectáreas y vender café de especialidad con marca propia. La decisión coloca a Corrientes frente a una posibilidad nueva: pasar de ensayo productivo a origen cafetero con identidad propia.
La historia nació dentro de la familia, antes de convertirse en un proyecto agrícola de inversión alta. Claudio Muollo contó que la idea surgió por impulso de su esposa Nina y de su hija Rocío, marcadas por la novela colombiana Café con aroma de mujer. “Soy tercera generación de productores hortícolas, pero lo que me llevó a plantar café fue mi mujer Nina y mi hija Rocío, que se enamoraron de la novela colombiana ‘Café con aroma de mujer’ y me insistieron para que pusiera plantaciones de café”, relató. Aquella insistencia terminó en investigación, pruebas y plantines. “Nina tiene un amor muy grande por su tierra y me llevó a emprender este proyecto. Así nace este emprendimiento único en la provincia”, agregó.


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Muollo no llegó al campo desde una improvisación reciente, sino desde una historia familiar ligada a la producción de frutas y verduras. Nació en Buenos Aires, pero su vínculo con Corrientes se consolidó hace tres décadas por su matrimonio con una correntina. “Me casé con una correntina hace 30 años”, explicó al contar cómo se afianzó su relación con la provincia. También recordó su origen productivo con una frase que ordena la experiencia previa: “Crecí en la parte productiva con mi abuelo que ya estaba en la producción de frutas y verduras”. Esa mirada le permitió identificar una zona específica de Empedrado como terreno fértil para nuevas alternativas. “Encontramos una franja muy productiva, que es la parte de lomas de Empedrado, con muchas posibilidades y futuro, desde mi experiencia en lo que es la fruticultura”, señaló.
La Nina ya funcionaba como un establecimiento diversificado antes de incorporar café a su mapa interno. El campo reúne unas 170 hectáreas con limas Tahití, paltas Hass, limones, papayas, maracuyá, pomelos y naranjas. Claudio Muollo detalló que comenzaron con 30 hectáreas de lima Tahití, sumaron otras 30 de palta Hass y cuentan con 70 hectáreas de limones. Esa base explica por qué el café no aparece como una ocurrencia aislada, sino como una ampliación de una estrategia productiva más amplia. La papaya, además, ocupa un lugar singular: “Somos los principales productores de papaya del país, con 25 hectáreas”, destacó el productor. Ese cultivo ahora también aporta sombra para proteger los cafetos.
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El ensayo cafetero tomó forma hace tres años, con plantines propios y material genético llegado desde Tucumán. Hoy el establecimiento tiene alrededor de 5000 plantas y siete variedades de café arábica implantadas bajo un sistema ajustado a las condiciones de Empedrado. “En cinco hectáreas tenemos plantaciones de café de especialidad. Este próximo año plantaremos otras 25”, indicó Muollo al describir la próxima etapa. El crecimiento proyectado dependerá de los resultados agronómicos y comerciales, pero la escala ya muestra una intención definida. Corrientes no solo prueba si el café se adapta al clima, sino si puede sostener una producción con volumen suficiente para ingresar al mercado de cafés especiales.
La sombra natural representa uno de los puntos técnicos más importantes del sistema elegido. Las plantas de café no crecen a pleno sol, por eso los Muollo las ubicaron debajo de papayas, que funcionan como cultivo acompañante. “Pusimos las plantas de café debajo de las de papaya para que les dé la sombra. Ese es el método que utilizamos. La planta de café necesita sombra para poder crecer”, explicó el productor. A esa decisión se suma el riego por goteo y el mulching, una cobertura protectora del suelo que ayuda a conservar humedad y temperatura. Muollo remarcó el nivel de inversión con otro dato fuerte: “En la Argentina somos los únicos que tenemos riego porque vale US$3500 la hectárea de riego por goteo, sumado a un sistema de mulching”.
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La primera cosecha comercial aparece como el punto que puede ordenar el futuro del proyecto. Muollo espera recolectar en 2027, aunque antes de ampliar la superficie necesita conocer la calidad de taza del grano correntino. “El año que viene ya estamos cosechando”, anticipó. Luego marcó la evaluación que definirá qué variedades conviene multiplicar: “Lo que estamos esperando es cosechar el grano para ver la calidad de taza que tenemos. Eso no es menor”. Entre las opciones aparece Geisha, una variedad reconocida dentro del mercado internacional de cafés especiales. “Mundialmente, Geisha es una de las variedades que da un café de 98 puntos”, sostuvo.
El valor económico del café dependerá de esa evaluación sensorial, donde intervienen perfiles de aroma, sabor, cuerpo y puntaje. Muollo comparó ese proceso con el mundo del vino para explicar cómo se define el precio de un grano especial. “La calidad de taza es como el sommelier de los vinos. Un barista es quien prueba el café y da la calidad”, describió. La diferencia comercial puede ser muy amplia, incluso dentro de un mismo producto agrícola. “Hay cafés de US$500 el kilo y también de US$5. La diferencia es muy grande según la calidad”, señaló. Por eso, la cosecha de 2027 no solo medirá rendimiento, sino también el lugar posible de Empedrado dentro del mercado premium.
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La meta familiar apunta a integrar toda la cadena y no quedar solo en la producción primaria. Muollo anticipó que el plan incluye cosechar, procesar, tostar y vender con identidad propia bajo la marca La Nina. “Apuntamos a realizar todo el proceso; del tostado hasta la comercialización con la marca La Nina”, afirmó. Esa decisión busca capturar valor dentro de un rubro donde el precio final se define lejos del campo si el productor vende solo materia prima. También plantea una ambición provincial más amplia. “Queremos que Corrientes cambie también su matriz productiva, muy dedicada a la yerba mate, y que pueda incorporar el café”, expresó.
El Ministerio de Producción de Corrientes sigue de cerca el comportamiento de las plantas y la adaptación de las variedades. El técnico Sebastián Sáez explicó que el trabajo actual se concentra en observar clima, plagas, enfermedades y potencial productivo. “Hoy, estamos viendo estas variedades arábicas, observando su comportamiento frente al clima, las plagas y las enfermedades para determinar su potencial productivo”, indicó. También vinculó el ensayo con experiencias de Tucumán y del sur de Brasil, donde el café crece en esquemas de baja altitud y bajo sombra. “Ya están plantando café en el Estado de Santa Catarina, prácticamente en la misma latitud que Corrientes”, señaló. La respuesta definitiva llegará con la taza: si el grano confirma calidad, Empedrado puede pasar de rareza agrícola a nuevo origen cafetero argentino.
Fuente: LA NACION.
















