
El sueño de repoblar la Patagonia: apuntan a instalar 150 familias rurales en campos santacruceños
Actualidad20/06/2026
REDACCIÓNUna fundación propone reinstalar 150 familias rurales en Santa Cruz, crear nodos productivos y sumar nuevas fuentes de ingresos en el campo.

Ciento cincuenta familias aparecen como la primera medida concreta de un plan que busca devolver vida productiva a campos rurales de Santa Cruz. La Fundación Patagonia Rural Sustentable plantea reinstalar pobladores en tres años, crear nodos de trabajo y combinar producción con conservación, ciencia y arraigo. La propuesta nace en una provincia donde el despoblamiento rural se siente especialmente en el centro del territorio, entre estancias que resisten, campos vacíos y familias que dejaron atrás una forma de vida. El planteo no apunta solo a producir más ovejas, sino a reconstruir comunidad alrededor de la ganadería regenerativa, las fibras naturales, los alimentos con identidad, el turismo rural, las energías renovables y los créditos por captura de carbono.
Rafael Martínez de Sanzo, productor y abogado porteño ligado desde hace décadas a la estepa santacruceña, ubica el problema en una frase que funciona como horizonte del proyecto: “El sueño es que se repueble la Patagonia”. Su relación con la zona comenzó hace más de treinta años, cuando llegó al noroeste de Santa Cruz y luego compró junto a su hermano los campos El Delfín y Sierra Andía, sobre la ruta 37. Esa experiencia le permitió mirar de cerca el deterioro de la presencia humana en áreas rurales, pero también la persistencia de quienes permanecen en las estancias. La fundación surge de ese cruce entre diagnóstico, vínculo territorial y una convicción productiva: el campo puede sostener familias si recupera infraestructura, agua, alimento y nuevos negocios.


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El plan no propone modificar toda una estancia para cambiar su destino. Martínez de Sanzo sostiene que una intervención acotada, bien ubicada y con manejo técnico, puede alterar la estabilidad del sistema completo. “Creemos que no hace falta transformar por completo una estancia de 20.000 hectáreas para cambiar su futuro. Intervenir estratégicamente entre el 0,1% y el 0,5% de la superficie puede generar beneficios desproporcionados cuando esas áreas se destinan a reservas forrajeras, infraestructura hídrica o innovación productiva”, explicó. La lógica apunta a usar pequeñas superficies para fortalecer el funcionamiento general del campo. En una región atravesada por inviernos duros y sequías, ese margen puede definir si una familia permanece o abandona.
La idea se apoya en ejemplos concretos de producción forrajera, no solo en declaraciones de intención. La fundación plantea que 25 hectáreas de alfalfa bajo riego pueden formar una reserva para amortiguar inviernos rigurosos o períodos secos. También menciona la alternativa de 40 hectáreas de avena o trigo forrajero, en secano favorable o con riego suplementario, como seguro biológico frente a contingencias climáticas. Martínez de Sanzo lo resumió con una proporción precisa: “En una estancia de 20.000 hectáreas, esas 50 hectáreas representan apenas el 0,25% del predio, pero podrían incrementar la estabilidad del sistema productivo, mejorar la supervivencia de vientres y sostener mayores niveles de receptividad durante años críticos”. El dato muestra que el repoblamiento no se piensa sin comida, agua y previsión.
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La recuperación de saberes rurales ocupa un lugar fuerte dentro del proyecto. Los impulsores hablan de “poner en valor lo que hicieron los viejos”, desde el cultivo de alfalfa hasta técnicas de manejo que sostuvieron durante décadas a familias enteras en condiciones extremas. Esos conocimientos todavía existen en productores, trabajadores, archivos de estancias y prácticas transmitidas entre generaciones. La fundación busca ordenarlos y combinarlos con herramientas actuales, entre ellas tecnología, energías renovables, manejo regenerativo, fibras naturales patagónicas y economía del conocimiento. Martínez de Sanzo insiste en que el cambio debe hacerse con quienes sostuvieron el territorio hasta hoy: “Esto debe hacerse de la mano de quienes lo crearon y sostuvieron hasta estos días, el sueño no está perdido, está vivo".
El proyecto también discute una mirada que identifica a la oveja como enemiga de la naturaleza. María Palacios, geóloga y miembro de la fundación, sostiene que Santa Cruz fue construida por productores que poblaron una región difícil con esfuerzo y continuidad. “Para esto rescatamos la historia de Santa Cruz, forjada por ganaderos que poblaron la región en condiciones climáticas extremas y realizaron grandes esfuerzos, como arreos de dos años, para establecerse”, describió. Esa lectura no niega la necesidad de cuidar el ambiente, pero rechaza que la salida sea vaciar el campo. En la visión de la entidad, la conservación puede convivir con producción, siempre que exista manejo responsable, control de carga, agua, pasturas y planificación territorial.
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Guillermo Adrián Puccio, también integrante de la FPRS, diferencia dos conceptos que ordenan parte de la discusión ambiental. En el documento “Notas para un futuro sostenible”, señala que preservar y conservar no significan lo mismo. “La diferencia principal radica en la intervención humana: preservar implica proteger algo para mantenerlo intacto, sin uso ni intervención, mientras que conservar conlleva cuidar y gestionar los recursos para permitir su uso sostenible. En resumen, preservar es “no tocar” y conservar es “usar responsablemente”, sostuvo. Esa definición permite entender por qué la fundación no se presenta como un proyecto de estancias cerradas, sino como una propuesta para reactivar territorios con intervención humana, criterios ambientales y nuevas fuentes de ingreso.
El agua aparece como condición central para que el arraigo deje de ser una consigna. Sandro Heinze, productor de Puerto San Julián, resume esa necesidad desde su propia expectativa familiar. “Nuestro sueño como familia es volver a producir en estas 60.000 hectáreas junto a mi hijo, y que el día de mañana también pueda sumar a mis nietos”, afirmó. Su planteo no habla solo de una mejora productiva, sino de sostener tres generaciones en un mismo establecimiento. También marcó una relación directa entre infraestructura y futuro: “Sabemos que la clave está en el agua: donde hay agua, hay pasturas, y donde hay pasturas se abren muchas oportunidades. Siempre con mucho trabajo y equipamiento adecuado”. La frase sintetiza el punto material del repoblamiento rural.
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La fundación busca funcionar como un espacio de encuentro, no como reemplazo de instituciones rurales existentes. Martínez de Sanzo afirmó que “La FPRS no quiere reemplazar a las Sociedades Rurales ni competir con nadie. Quiere sumar. Quiere ser el espacio donde los que tienen tierra, los que tienen ganas, los que tienen conocimiento y los que tienen capital puedan encontrarse y construir algo juntos”. Heinze completa esa visión con una idea generacional: “Apostar al desarrollo productivo es pensar en el futuro de nuestras comunidades, en el arraigo de los jóvenes y en las próximas generaciones”. El límite pendiente está en convertir esas voluntades en familias instaladas, agua disponible, módulos productivos funcionando y nuevos ingresos que hagan posible volver al campo sin vivir de una promesa.
Fuente: LA NACION.
















