Argentina vende nueve veces más pescado sin procesar que alimentos elaborados

Actualidad21/06/2026Sergio BustosSergio Bustos

La exportación pesquera creció con fuerza en el primer trimestre, pero el salto volvió a concentrarse en productos con escasa transformación industrial. Los datos exponen una vieja deuda del sector: capturar más valor antes de que la mercadería salga del país.

ley de pesca
Se exporta con poco valor agregado.

El crecimiento de las exportaciones pesqueras durante los primeros meses de 2026 dejó una señal contundente sobre la estructura del negocio. Mientras la demanda internacional empujó las ventas externas a niveles muy superiores a los del año pasado, la mayor parte de ese avance se sostuvo sobre pescados y mariscos sin elaborar, un segmento que genera divisas pero limita la incorporación de valor agregado dentro del país.

Las cifras difundidas por el INDEC muestran que entre enero y marzo las exportaciones de productos sin elaborar alcanzaron USD 631 millones, frente a los USD 422 millones registrados en igual período de 2025. La suba llegó al 49,6%, un crecimiento muy superior al observado en los productos que atraviesan procesos industriales más complejos.


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En contraste, las exportaciones de pescados y mariscos elaborados sumaron apenas USD 68 millones, contra USD 67 millones del año anterior. El incremento fue de solo 1,3%, una diferencia que vuelve a poner sobre la mesa la escasa participación que tienen los alimentos con mayor transformación dentro de la canasta exportadora pesquera.

La brecha resulta difícil de ignorar. Por cada dólar exportado en productos elaborados, la Argentina vendió más de nueve dólares en pescado y marisco sin procesamiento significativo. El dato revela que el crecimiento del sector sigue apoyándose principalmente en la salida de materia prima y no en productos que incorporen más trabajo, marca, tecnología o diferenciación comercial.

La consecuencia más directa aparece en tierra. Cuando una mayor proporción de las capturas se exporta con escasa elaboración, el recorrido industrial se acorta. Hay menos espacio para actividades vinculadas al fileteado, clasificación, fraccionamiento, empaque, congelado con presentación comercial y desarrollo de productos destinados al consumidor final.


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Ese recorrido industrial es justamente donde suele concentrarse buena parte del valor agregado. Cada etapa adicional incorpora mano de obra, demanda infraestructura y permite capturar una mayor porción de la renta generada por el recurso pesquero. Cuando el producto sale del país en estados más básicos, gran parte de ese potencial económico termina desarrollándose en otros mercados.

La situación no responde exclusivamente a limitaciones productivas. Una parte de las empresas que elaboran alimentos terminados encuentra mejores márgenes en el mercado argentino que en la exportación. Productos listos para góndola, preparados o fraccionados pueden obtener precios relativos más convenientes dentro del país que en mercados internacionales donde la competencia suele centrarse en costos y volumen.

Sin embargo, esa estrategia también tiene límites. El mercado interno ofrece rentabilidad en determinados nichos, pero no posee la escala suficiente para absorber grandes volúmenes de producción. Por eso, el crecimiento exportador continúa siendo fundamental para la actividad, aunque la discusión pasa cada vez más por qué tipo de productos se colocan en el exterior.


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El comportamiento de España ilustra esa realidad. Durante el primer trimestre compró USD 85 millones en pescados y mariscos argentinos sin elaborar, frente a USD 33 millones del año anterior. El incremento fue de 157,7%, una expansión que muestra el fuerte apetito internacional por el producto primario.

Las compras españolas de elaborados también crecieron, al pasar de USD 8 millones a USD 15 millones, pero la diferencia de escala sigue siendo evidente. Incluso en un contexto favorable para ambos segmentos, el volumen exportado continúa concentrándose ampliamente en productos de menor transformación.

Los números dejan planteada una discusión que trasciende el resultado comercial del trimestre. La pesca argentina sigue demostrando capacidad para generar divisas, pero el desafío pasa por transformar una mayor proporción de sus capturas antes de exportarlas. La diferencia entre vender recurso o vender industria no solo impacta en la rentabilidad empresaria: también define cuántos empleos se generan en las plantas, cuánto trabajo queda en las ciudades portuarias y qué participación logra el país en la cadena de valor global.

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