San Lorenzo se quedó sin técnico antes de armar el próximo semestre

Deporte22/06/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Gustavo Álvarez dejó el cargo luego de diferencias internas y Walter Perazzo tomará el plantel hasta que la dirigencia defina al reemplazante.

Gustavo Álvarez. Foto TyC Sports
Gustavo Álvarez. Foto TyC Sports

San Lorenzo arrancó la semana con un vacío fuerte en la conducción del plantel profesional: Gustavo Álvarez dejó de ser el entrenador y la dirigencia quedó obligada a resolver, en poco tiempo, quién tomará el equipo para la próxima parte de la temporada. La decisión golpea porque llega cuando el club necesitaba ordenar el trabajo futbolístico después del cambio dirigencial y antes de encarar la nueva etapa competitiva. El ciclo terminó sin una transición deportiva planificada, con Walter Perazzo como respuesta inmediata para sostener los entrenamientos. La salida también expone una contradicción interna: pocas semanas atrás, la nueva estructura del fútbol azulgrana le dio respaldo al entrenador y analizó con él la continuidad del proyecto.

La interrupción del ciclo deja a Walter Perazzo en un lugar doble, porque pasa de integrar la conducción del fútbol profesional a asumir de manera interina el plantel de Primera. Su tarea será sostener la rutina de trabajo y evitar que la búsqueda del próximo técnico paralice al grupo. El club necesita cubrir un espacio sensible, ya que el entrenador no sólo dirige partidos, sino que ordena prioridades de preparación, define perfiles del plantel y participa en decisiones deportivas que condicionan el semestre. En ese punto, el interinato no funciona como una formalidad: será el puente entre una salida abrupta y una elección que la dirigencia no puede demorar demasiado.


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Álvarez había quedado bajo la mirada de la nueva estructura del fútbol profesional, encabezada por Perazzo, Guillermo Franco y Martín Saric, tras el cambio dirigencial en la entidad azulgrana. Esa mesa mantuvo una reunión con el entrenador para revisar el futuro del proyecto y, en aquel momento, la continuidad apareció como una alternativa posible. La decisión posterior cambia el sentido de aquella foto política y deportiva. El respaldo reciente quedó desbordado por una nueva evaluación interna, lo que marca la fragilidad del momento que atraviesa San Lorenzo. El club pasó de analizar una continuidad a tener que abrir una búsqueda completa para reemplazar al técnico.

El final del ciclo no se explica sólo por el nombre de un entrenador que se va, sino por el momento institucional en el que ocurre. San Lorenzo atraviesa una etapa de reorganización después del cambio dirigencial, con una estructura futbolística que intenta tomar decisiones sobre el plantel, el cuerpo técnico y el rumbo deportivo. Cada movimiento pesa más porque el club no llega desde una situación estable, sino desde una necesidad de ordenar áreas sensibles. La salida de Álvarez, en ese marco, agrega presión sobre una conducción que todavía busca consolidar su esquema de trabajo y mostrar señales claras hacia adentro del club.


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La dirigencia deberá resolver ahora una búsqueda con poco margen para improvisar. El próximo entrenador recibirá un plantel que ya perdió a su conductor y que necesita una línea de trabajo para afrontar la siguiente parte de la temporada. El reemplazante definitivo deberá encajar con la idea que pretende instalar la nueva estructura del fútbol profesional, pero también tendrá que asumir un contexto exigente desde el primer día. San Lorenzo no puede leer la elección como una simple contratación: la decisión marcará el tono de la etapa que viene y mostrará cuánto poder real tiene el nuevo armado deportivo para ordenar el club.

El interinato de Perazzo también obliga a revisar el rol que asumirá durante esta transición. Su presencia ofrece conocimiento interno y cercanía con la estructura que ya estaba a cargo del fútbol profesional. Sin embargo, la conducción diaria del plantel exige respuestas concretas, más allá de la gestión o la planificación dirigencial. Deberá administrar entrenamientos, sostener el vínculo con los jugadores y mantener un funcionamiento básico hasta que exista una definición. Ese equilibrio será determinante para que la salida de Álvarez no derive en un deterioro mayor dentro de la preparación del equipo.


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El golpe deportivo aparece reforzado por la velocidad del cambio. San Lorenzo venía de un proceso en el que el entrenador fue evaluado y respaldado por los nuevos responsables del fútbol, pero el curso se modificó en cuestión de semanas. La ruptura entre respaldo y salida deja una señal difícil de disimular: el proyecto no tenía bases tan firmes como se intentó mostrar. Esa lectura no implica desconocer las razones internas de la decisión, sino marcar el costo de cortar un ciclo cuando todavía se buscaba ordenar el club. La conducción azulgrana deberá explicar con hechos que el recambio responde a una idea y no a una reacción.

El plantel queda en el centro de esa incertidumbre deportiva. Los jugadores deben pasar de un cuerpo técnico a otro sin perder continuidad de trabajo ni claridad sobre los objetivos inmediatos. La ausencia de un entrenador definitivo afecta decisiones cotidianas que van desde la preparación física hasta los criterios futbolísticos y la evaluación de nombres para la próxima etapa. Perazzo puede contener el tránsito, pero el grupo necesitará saber pronto cuál será la conducción estable. En clubes de alta demanda como San Lorenzo, los tiempos de espera suelen achicarse cuando la temporada exige definiciones rápidas.


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La salida de Álvarez también reubica a la dirigencia frente a los hinchas. El club de Boedo arrastra una sensibilidad deportiva e institucional que vuelve cada decisión más visible. El nuevo técnico no llegará a un espacio neutro, sino a una institución que necesita resultados, conducción y señales de orden. La búsqueda, por eso, tendrá impacto más allá del vestuario. Cada nombre que circule será leído como una definición sobre el estilo de gestión que pretende la nueva etapa. San Lorenzo no sólo elige entrenador: también comunica qué tipo de rumbo quiere darle al fútbol profesional.

El próximo paso será la definición del reemplazante definitivo, mientras Perazzo sostiene el mando de manera provisoria. San Lorenzo quedó ante un límite operativo concreto: necesita que la transición no consuma tiempo deportivo ni desgaste institucional antes de que arranque la competencia. El final de Álvarez cerró un ciclo breve y dejó al club frente a una decisión que condicionará el semestre. La dirigencia deberá moverse con precisión, porque el plantel ya no espera una ratificación del proyecto anterior, sino una conducción nueva que ordene el trabajo desde el primer entrenamiento.

Fuente: NA.

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