La hinchada argentina que no vive en Argentina y nació por Maradona y Messi

Deporte22/06/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un informe del Financial Times explicó por qué millones de bangladesíes alientan a la Argentina como propia, con Maradona y Messi como símbolos.

Un niño observa un mural que representa al futbolista argentino Lionel Messi antes de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en Dhaka, Bangladesh (Reuters)
Un niño observa un mural que representa al futbolista argentino Lionel Messi antes de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en Dhaka, Bangladesh (Reuters)

El amor por la Selección Argentina no se limita a las fronteras nacionales ni a las tribunas sudamericanas. En Bangladesh, a más de 20.000 kilómetros de distancia, millones de personas viven cada partido argentino como si se tratara de su propio equipo. El fenómeno volvió a llamar la atención internacional durante el Mundial 2026, cuando el Financial Times publicó una extensa crónica para intentar explicar por qué un país asiático sin tradición mundialista propia adoptó a la Argentina como una pasión colectiva.

La dimensión del fanatismo sorprende incluso por sus números. Según la estimación citada por el medio británico, si más de dos tercios de la población de Bangladesh sigue el Mundial y cerca del 60% alienta por Argentina, el equipo de Lionel Messi podría reunir allí más de 70 millones de seguidores. Esa cifra supera la población argentina, estimada en unos 46 millones de habitantes, y ayuda a entender por qué las camisetas albicelestes, las banderas celestes y blancas y los murales de Messi y Maradona se repiten en las calles de Dhaka.

La escena que retrató la crónica tuvo lugar en el campus de la Universidad de Dhaka, donde miles de hinchas se reunieron al amanecer frente a una pantalla gigante para ver el debut argentino. Cuando Messi convirtió un triplete ante Argelia, la celebración explotó como en cualquier plaza argentina durante una Copa del Mundo. La imagen muestra hasta qué punto el fútbol puede construir pertenencias emocionales lejos del territorio, el idioma y la historia directa de un país.

Uno de los elementos que explican esa identificación es la ausencia de Bangladesh en la Copa del Mundo. Su selección nunca logró clasificarse al torneo, y esa falta de representación propia llevó a muchos fanáticos a elegir una camiseta alternativa. La mayoría se inclinó por Argentina, mientras que otra parte importante mantiene una histórica simpatía por Brasil, lo que reproduce en Bangladesh una rivalidad futbolera muy parecida a la sudamericana.


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El vínculo argentino-bangladesí también se transmite de generación en generación. Hasan Kabir, un estudiante de 22 años citado por el Financial Times, resumió esa herencia con una frase que marca el puente entre pasado y presente: “Crecí escuchando historias de Maradona y después me fascinó ver a Messi. Estuvimos muy felices de ganar el último Mundial”. Para muchos jóvenes, Maradona pertenece al relato familiar y Messi representa la emoción contemporánea de una pasión que sigue creciendo.

La figura de Diego Maradona aparece como el punto de partida más fuerte de esta historia. Según el comentarista deportivo Rajib Hasan, el momento decisivo fue el Mundial de 1986, cuando Bangladesh vio al Diez enfrentar a Inglaterra cuatro años después de la guerra de Malvinas. En ese contexto, el gol de la “Mano de Dios” y la actuación de Maradona fueron leídos como una rebelión del débil frente al poderoso, una idea que conectó con la sensibilidad histórica de un país marcado por heridas coloniales y luchas políticas.

Nota Financial Times

Esa lectura excede lo deportivo y ayuda a explicar por qué Argentina no fue para Bangladesh solo un equipo exitoso. En un artículo de opinión citado en la crónica, la estudiante Ayesha Humayra Waresa escribió que “para un pueblo acostumbrado a ver a los poderosos ignorar las reglas según les conviene, la audacia de Maradona se sintió como un milagro”. También sostuvo que el astro argentino fue “un héroe rebelde para una nación que aún cura sus cicatrices coloniales”, una definición que muestra el valor simbólico que adquirió su figura.

Con Messi, el fanatismo encontró una continuidad menos rebelde pero igual de poderosa. Para los hinchas más jóvenes de Bangladesh, el capitán argentino representa talento, perseverancia y una forma de belleza futbolera que vuelve a unir multitudes. Por eso, en Dhaka conviven murales de Maradona y Messi como dos capítulos de una misma devoción, una historia que empezó con el impacto político de 1986 y siguió con la consagración emocional de Qatar 2022.


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El Financial Times también ubicó este fenómeno dentro de una tradición más amplia del fútbol en Bangladesh. Aunque el cricket domina buena parte de la escena deportiva nacional, el fútbol tuvo un rol simbólico durante la guerra de independencia de 1971, cuando el Shadhin Bangla Football Dal realizó una gira por India para recaudar fondos y visibilizar la causa del país. Esa historia permite comprender por qué el deporte puede funcionar allí como identidad, refugio, protesta y celebración.

La conexión con Argentina se explica entonces por una mezcla de memoria, política, admiración deportiva y herencia familiar. No se trata solo de Messi ni solo de Maradona, sino de una forma de mirar el fútbol como representación de esperanza y desafío. En Bangladesh, cada gol argentino activa una alegría que parece lejana en kilómetros, pero cercana en emoción, como si la camiseta celeste y blanca también contara una parte de su propia historia.

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