
Puerto Madryn despide a un vecino que dejó huella en varias generaciones
Chubut23/06/2026
Sergio BustosLa noticia se propagó con rapidez durante las últimas horas y encontró a muchos vecinos compartiendo el mismo sentimiento: la sensación de que se fue alguien que formaba parte de la vida cotidiana de Puerto Madryn. La muerte de Alfredo Moreno, a los 69 años, provocó numerosas muestras de afecto en distintos ámbitos de la comunidad, donde construyó relaciones personales y comerciales durante gran parte de su vida.

Más allá de su trayectoria empresarial, quienes lo conocieron coinciden en que su presencia trascendía cualquier actividad económica. Su nombre quedó asociado a encuentros, amistades y una manera particular de relacionarse con los demás. Para muchos era simplemente “el Loco Moreno”, un apodo que lo acompañó desde la juventud y que conservó intacto con el paso del tiempo.
Su historia comenzó en una ciudad muy distinta a la actual. Nació el 2 de diciembre de 1956 en Puerto Madryn, cuando las calles de tierra todavía formaban parte del paisaje habitual y la vida barrial ocupaba un lugar central en la rutina de las familias. Creció sobre la calle Mitre, entre Albarracín y España, junto a sus padres, María Remussi y Eloy Moreno.


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Aquellos años de infancia marcaron buena parte de su personalidad. Los vecinos se conocían entre sí y los grupos de amigos se formaban desde edades tempranas. Ese entramado social acompañó a Moreno durante toda su vida y se convirtió en uno de los rasgos más recordados por quienes compartieron distintos momentos con él.
Su paso por la educación local también dejó huellas profundas. Realizó sus estudios primarios en la entonces Escuela 27, hoy identificada como Escuela 84, y más tarde cursó la secundaria en la Escuela Comercial. Allí no solo avanzó en su formación, sino que encontró dos pilares fundamentales de su historia personal.
En esas aulas conoció a Sabela Méndez, quien se transformó en su compañera de vida y permaneció a su lado hasta el final. También consolidó amistades que resistieron el paso de los años y las distintas etapas de la vida. Quienes integraban ese círculo sostienen que jamás perdió la cercanía ni la sencillez con la que se vinculaba desde joven.
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La actividad comercial fue otro de los espacios donde desarrolló una identidad reconocida dentro de Puerto Madryn. Moreno fue fundador de Kebom y participó activamente en el crecimiento de propuestas que quedaron incorporadas al paisaje urbano de la ciudad. Entre ellas se destacó la llegada de la marca Havanna, una iniciativa que amplió la oferta comercial local y lo posicionó como una referencia del sector.
Sin embargo, los mensajes de despedida que comenzaron a multiplicarse no se concentraron únicamente en esos logros. Las referencias más repetidas apuntaron a su calidad humana, a la lealtad con sus amigos y a la cercanía que mantenía con quienes lo rodeaban. Esa dimensión personal apareció una y otra vez en los recuerdos compartidos por vecinos y conocidos.
La enfermedad que terminó con su vida avanzó con una velocidad que tomó por sorpresa a quienes seguían de cerca su situación. La noticia generó un fuerte impacto porque pocos imaginaban un desenlace tan rápido. Esa sensación de incredulidad acompañó buena parte de las expresiones de despedida que circularon durante la jornada.
Puerto Madryn pierde así a una figura profundamente ligada a su historia reciente. Para muchos vecinos, Alfredo Moreno representó una forma de construir comunidad desde los afectos, el trabajo y la amistad. Su recuerdo permanecerá asociado a una ciudad que lo vio crecer y que hoy lo despide con muestras de cariño que atraviesan generaciones.














