
Sexto robo contra una biblioteca popular: esta vez se llevaron un tanque de agua de 1100 litros y barras de hierro
Policiales25/06/2026
REDACCIÓNDelincuentes saltaron el perímetro, rompieron cámaras y se llevaron un tanque de agua y hierros de una biblioteca popular que sigue en obra.

El robo volvió a golpear a una biblioteca popular que todavía sostiene obras, gestiones y tareas comunitarias con recursos conseguidos a fuerza de subsidios, acompañamiento institucional y trabajo voluntario. Esta vez, el daño se concentró en el exterior del edificio, donde estaban guardados materiales de construcción y un tanque de agua tricapa de 1100 litros. El hecho dejó a la institución sin un elemento que había sido comprado con esfuerzo y colocado por necesidad durante los cortes de agua del verano. Lorena Sánchez, referente de la institución, contó al móvil de #LA17 que al llegar por la mañana encontraron el faltante y las cámaras dañadas. El episodio, además, no aparece como un caso aislado: la propia biblioteca ya registra seis robos.
Los autores ingresaron al predio sin forzar puertas ni ventanas, porque el ataque se produjo sobre el sector externo del edificio. La institución tiene el perímetro cerrado, pero los delincuentes saltaron, rompieron cámaras y trabajaron durante la madrugada para sacar el tanque desde una zona posterior. Sánchez relató que “se tomaron el trabajo de saltar, romper las cámaras” y después vaciaron el tanque para poder moverlo. Ese detalle muestra una acción preparada, porque el tanque estaba lleno y no podía manipularse sin antes quitarle el agua. La maniobra terminó además con una inundación en el sector, ya que rompieron la canilla y parte de lo que encontraron al trasladarlo.


OTRAS NOTICIAS:
El tanque robado no era un objeto menor dentro de la organización cotidiana de la biblioteca. Había sido comprado aproximadamente en 2023 y permaneció guardado durante un tiempo por temor a que lo sustrajeran antes de poder ubicarlo de manera definitiva. La decisión de colocarlo llegó cuando los cortes de agua del verano hicieron necesario contar con una reserva propia dentro del predio. La referente explicó que no podían instalarlo arriba por una cuestión de construcción, por lo que quedó en el patio, al costado del edificio. Esa solución provisoria terminó convertida en una nueva pérdida para una institución que todavía intenta recuperar cosas robadas en hechos anteriores.
El robo incluyó también barras de hierro que estaban guardadas al costado de la biblioteca por los trabajos en curso. Sánchez describió que todo ocurrió afuera, sobre elementos vinculados a la obra, sin ingreso al interior del edificio en esta oportunidad. El daño material se concentró en las cámaras, el tanque, la canilla, la inundación y los materiales sustraídos. El dato más fuerte, sin embargo, es la repetición de ataques contra un espacio que funciona para la comunidad. La biblioteca no perdió sólo objetos: volvió a perder tiempo, gestión y recursos que no sobran.
OTRAS NOTICIAS:
La reacción de la referente combinó bronca, tristeza y una idea que repitió como núcleo del reclamo comunitario. Al hablar del valor del lugar, sostuvo: “La Biblioteca Popular es de todos, es de la comunidad”. Esa frase resume la dimensión del problema, porque los robos no afectan a una propiedad individual sino a un espacio que se sostiene para el uso colectivo. También agregó que todo lo que hacen requiere gestiones, subsidios y apoyo de la CONABIP, la Provincia, el Municipio, la comisión directiva y vecinos que colaboran. La pérdida, entonces, se siente como un retroceso compartido.
El antecedente más grave mencionado por Sánchez ocurrió en 2022, cuando ingresaron al interior del edificio y desvalijaron la biblioteca. En aquella ocasión se llevaron equipos de audio, computadoras, información institucional, sellos y otros elementos que luego demandaron una recuperación lenta. La referente recordó que “hicieron un daño muy importante porque se robaron CPU que tenían información muy valiosa para la biblioteca”. Ese episodio todavía aparece como una herida abierta porque no se trató sólo de bienes materiales. También se perdió información de trabajo que resultaba central para el funcionamiento administrativo y cotidiano del espacio.
OTRAS NOTICIAS:
La repetición de robos profundiza el desgaste de quienes sostienen la biblioteca. Según Sánchez, ya se trata del sexto hecho y el año pasado resultó especialmente duro, con cinco robos continuos en menos de dos o tres meses. La propia referente señaló que en enero tuvieron cuatro robos y que el 30 de diciembre también sufrieron otro hecho. Esa secuencia explica por qué el nuevo ataque no se vive como un episodio menor ni como una simple pérdida reemplazable. Cada robo obliga a volver a gestionar, reparar, ordenar y juntar recursos para sostener el servicio.
Las cámaras dañadas quedaron como parte de la prueba posible, aun cuando los autores intentaron inutilizarlas. Sánchez contó que las patearon y quedaron colgadas, pero también remarcó que alcanzaron a grabar. La frase “rompieron las cámaras pero quedaron grabados” abre una expectativa concreta sobre la investigación policial. La institución ya dio intervención a la Policía y destacó la presencia de los efectivos desde los primeros hechos. El avance de la causa dependerá ahora de las imágenes, la denuncia y las tareas que puedan reconstruir el recorrido de quienes se llevaron el tanque y los hierros.
OTRAS NOTICIAS:
El caso combina dos planos que suelen aparecer separados: el daño material inmediato y la pérdida simbólica sobre un espacio comunitario. El tanque de 1100 litros tiene un costo y una utilidad concreta, pero también representa una gestión que la biblioteca había logrado resolver para afrontar problemas de agua. La sensación de injusticia se agrava porque los elementos robados estaban destinados a mejorar un lugar que presta servicios a vecinos y vecinas. Sánchez lo expresó con claridad al señalar que todo eso no les pertenece sólo a quienes integran la comisión. El golpe cae sobre una red de personas que cuida el edificio, organiza actividades y sostiene el trabajo diario.
La consecuencia pendiente queda ahora en manos de la investigación y en la capacidad de la comunidad para recomponer lo perdido. La biblioteca deberá reemplazar el tanque, revisar el sistema de cámaras, reparar los daños y reorganizar los materiales de obra que quedaron expuestos. El límite operativo es evidente: cada robo demora trabajos, consume recursos y golpea la continuidad de un espacio pensado para todos. La institución conserva las grabaciones y espera que permitan avanzar sobre los responsables. Mientras tanto, el sexto hecho deja una advertencia concreta sobre la vulnerabilidad de un lugar comunitario que ya sufrió demasiadas veces la misma pérdida.
















