Antenas 6G podrán ver el entorno: la nueva tecnología atenta contra la privacidad

Enfoques25/06/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La nueva generación de redes podrá detectar movimientos y personas sin sensores visibles, mientras Europa prueba modelos de seguridad con IA y privacidad desde el diseño.

La nueva red 6g
La nueva red 6g

Las futuras redes 6G prometen mucho más que conexiones veloces. Su desarrollo incorpora una capacidad que ya genera debate entre especialistas, empresas y reguladores: las antenas no solo transmitirán datos, sino que también podrán detectar movimientos, localizar personas y leer cambios en el entorno. Esa función, conocida como comunicaciones con detección integrada, abre usos médicos, industriales y urbanos, pero también plantea una pregunta directa sobre la vida cotidiana: quién podrá acceder a esa información y bajo qué límites.

El cambio tecnológico no consiste únicamente en mejorar la velocidad que hoy ofrece el 5G. La sexta generación de telecomunicaciones apunta a fusionar conectividad, sensores, inteligencia artificial y análisis en tiempo real. En la práctica, una red podría funcionar como una especie de radar distribuido, capaz de interpretar presencia, desplazamientos o variaciones físicas sin necesidad de que una persona lleve un dispositivo encima.

Esa posibilidad explica el interés por aplicaciones como el seguimiento de pacientes en sus casas, la prevención de accidentes, la gestión de fábricas automatizadas o el control de infraestructuras críticas. Sin embargo, la misma capacidad que permitiría asistir a una persona mayor sin sensores corporales también podría usarse para vigilancia no autorizada. El dilema no está en la detección en sí, sino en el control de los datos, los permisos, la trazabilidad y la capacidad real de un usuario para decidir cuándo quiere ser visible.

En ese contexto aparece el proyecto europeo PAISES-6G, coordinado por la Universidad Carlos III de Madrid y financiado con 8 millones de euros por la Unión Europea. La iniciativa reúne a 18 organizaciones de 9 países y busca desarrollar un marco de servicios 6G seguros, apoyados en inteligencia artificial, criptografía avanzada y privacidad desde el diseño. Su objetivo es que las redes del futuro incorporen protección desde el origen y no como una corrección tardía.


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El coordinador del proyecto, Pablo Serrano, resumió el problema con una advertencia concreta: "Esto abre posibilidades enormes, como monitorizar a un paciente en casa sin que lleve ningún sensor encima. Pero también plantea riesgos serios: ¿quién controla esa información? ¿Puede la red 'espiarnos'?". La pregunta marca el centro de la discusión porque el 6G no solo ampliará la circulación de datos, sino también la capacidad de producir información sobre el espacio físico.

La propuesta de PAISES-6G apunta a que esa detección no quede disponible para cualquier actor de la red. Serrano explicó que trabajan para que esa capacidad sea segura, esté limitada a quienes tengan permiso e incluso permita que los usuarios puedan hacerse invisibles ante determinados sistemas. El concepto supone pasar de una privacidad basada en aceptar condiciones generales a una arquitectura donde los permisos y restricciones formen parte técnica de la red.

Uno de los ejes del proyecto es la IA preventiva aplicada a la ciberseguridad. En lugar de esperar a que un ataque ocurra para reaccionar, los investigadores buscan sistemas capaces de anticipar comportamientos sospechosos en tiempo real. Para eso prevén el uso de agentes de inteligencia artificial basados en grandes modelos de lenguaje, que puedan analizar señales de la red y detectar patrones anómalos de forma autónoma.

Otro componente central es la seguridad postcuántica. Los investigadores parten de una preocupación cada vez más presente en telecomunicaciones: cuando las computadoras cuánticas estén plenamente desarrolladas, podrían romper sistemas de cifrado usados hoy para proteger comunicaciones digitales. Por eso, el proyecto trabaja en técnicas de criptografía postcuántica y en distribución cuántica de claves, con la intención de blindar redes que deberán operar durante décadas.

La privacidad también aparece como un pilar técnico y no solo legal. El desafío será permitir que operadores, empresas, universidades y usuarios compartan información sin que cada parte vea más de lo necesario. Esa lógica se vuelve especialmente sensible con el ISAC, la tecnología que combina comunicaciones y detección, porque allí los datos pueden describir no solo mensajes o conexiones, sino también presencia física, movimientos y actividad ambiental.


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La advertencia de Serrano apunta a que la seguridad de las redes futuras no podrá resolverse desde un solo sector. "La seguridad de las redes del futuro no se puede construir desde un solo laboratorio ni desde un solo país", sostuvo el investigador. Por eso el consorcio integra universidades, centros tecnológicos, operadores de telecomunicaciones, fabricantes, expertos en criptografía, especialistas en privacidad y juristas con capacidad de pensar nuevas normas europeas.

España tiene una presencia destacada en la iniciativa, con la Universidad Carlos III de Madrid, Telefónica Innovación Digital, Ikerlan y la Fundación IMDEA Networks. También participan organizaciones como Telecom Italia, NEC Laboratories Europe y el Kyiv Aviation Institute, entre otros socios. La composición del proyecto muestra que el 6G no será únicamente una disputa técnica, sino también económica, geopolítica y regulatoria.

El objetivo final de PAISES-6G es trasladar sus resultados a organismos internacionales de estandarización como 3GPPy ETSI. Esa etapa será decisiva, porque los estándares definen cómo se implementan las tecnologías a escala global y qué obligaciones quedan incorporadas desde el diseño. Si el modelo prospera, la privacidad no dependería solo de políticas empresariales o leyes posteriores, sino de reglas técnicas integradas en la propia infraestructura.

La pregunta sobre qué hacer para que las antenas 6G no espíen no tiene una respuesta individual simple, como apagar una función en el teléfono. La protección dependerá de estándares abiertos, auditorías, regulación, cifrado resistente, límites de acceso y sistemas que permitan controlar cuándo una red puede detectar a una persona. La promesa del 6G será más segura si la vigilancia no se trata como un efecto secundario inevitable, sino como un riesgo que debe prevenirse desde el primer diseño.

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