
El saldo energético puede superar lo previsto para este año, aunque las petroleras advierten que la expansión exige inversión, financiamiento e infraestructura.

Vaca Muerta quedó otra vez en el centro de las cuentas externas argentinas por una razón concreta: el petróleo puede dejar más dólares de los previstos para este año. El salto internacional del crudo, asociado al conflicto en Medio Oriente, modificó las planillas de las petroleras y elevó la expectativa sobre el saldo comercial energético. La discusión ya no pasa por si el yacimiento puede exportar, sino por cuánto dinero puede sumar y qué condiciones necesita para sostener ese ritmo.
El cálculo inicial para 2026 marcaba exportaciones energéticas por más de USD 11.100 millones, importaciones cercanas a USD 3.000 millones y un saldo positivo de alrededor de USD 8.000 millones. Con el Brent por encima de los valores esperados, las estimaciones del sector cambiaron en pocos días. Con un promedio anual cercano a USD 82 por barril, las exportaciones de hidrocarburos rondarían los USD 11.300 millones y aportarían unos USD 3.100 millones adicionales.


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Ese ingreso extra aparece en un momento financiero sensible para el Gobierno nacional. En pocos días, el ministro Luis Caputo debe afrontar pagos a bonistas privados por unos USD 4.200 millones, un dato que agranda el peso político de cada dólar exportado. El negocio petrolero no resuelve por sí solo las necesidades del Tesoro, pero mejora una cuenta externa que la Argentina mira con urgencia.
La Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos proyecta para 2035 un salto de escala todavía mayor. En su escenario considerado más probable, el saldo comercial energético rozaría los USD 48.700 millones, con exportaciones superiores a USD 53.500 millones. El número coloca a Vaca Muerta como una de las principales fuentes potenciales de divisas para la próxima década.
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Los empresarios del sector insisten en que ese recorrido requiere previsibilidad y costos financieros más bajos. Carlos Ormaechea, presidente de la cámara y chairman de Tecpetrol, planteó que el yacimiento no puede financiarse solo con entusiasmo ni con precios circunstanciales. “Necesitamos bajar el riesgo país para hacer viable el financiamiento. Vaca Muerta no es una fiesta, tenemos objetivos ambiciosos y hay que trabajar mucho y bien para lograrlos”, afirmó.
El problema de fondo está en el volumen de capital que demanda la actividad. Las petroleras proyectan inversiones cercanas a USD 13.000 millones para este año, con un pico superior a USD 21.000 millones el año próximo y una parte importante destinada a infraestructura. La expansión del shale necesita pozos, oleoductos, plantas, transporte y financiamiento antes de convertirse en exportaciones sostenidas.
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La infraestructura aparece como una condición tan importante como el precio internacional. El oleoducto Vaca Muerta Sur y los proyectos de exportación conectados con Río Negro forman parte de esa necesidad de evacuación de crudo y gas desde la cuenca. Sin capacidad física para transportar la producción, el potencial exportador queda atrapado dentro del yacimiento.
El sector también mira la producción convencional, porque la declinación de esas cuencas puede afectar provincias petroleras y suministro local. CEPH pidió un marco específico para reducir la caída de esa actividad y sostener niveles de producción que todavía abastecen al parque refinador argentino. La apuesta exportadora del shale convive con una obligación interna: evitar que la actividad tradicional pierda peso demasiado rápido.
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La historia energética argentina atraviesa la lectura actual de Vaca Muerta. Apagones, privatizaciones, subsidios, cepo, tarifas y disputas políticas marcaron durante décadas una matriz que alternó escasez, gasto fiscal y dependencia externa. El cambio de etapa aparece cuando el país pasa de importar energía cara a discutir cuánto puede exportar y bajo qué reglas.
La guerra elevó el precio del petróleo y mejoró las proyecciones, pero el propio sector evita presentar ese movimiento como una base estable. Un barril más alto mejora la caja, aunque también recuerda que los ingresos dependen de variables que la Argentina no controla. La cuenta energética puede ser favorable este año, pero su continuidad quedará atada a precios, obras, capital y reglas que reduzcan la incertidumbre.
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El cierre de la discusión queda menos en la geología que en la capacidad de ejecución. Vaca Muerta ya produce números que pesan en la balanza comercial, pero la próxima etapa exige transformar proyectos en infraestructura terminada y financiamiento disponible. El límite pendiente será sostener inversiones millonarias sin que la oportunidad exportadora se diluya entre costos, demoras y volatilidad internacional.
Fuente: Infobae.


















