Especialistas explican la importancia de la musculatura para el rendimiento de los futbolistas

Deporte28/06/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Detrás de cada sprint, salto o remate aparece una combinación física que mezcla resistencia, potencia, estabilidad y recuperación durante todo el partido.

Lionel Messi. Foto X @Argentina
Lionel Messi. Foto X @Argentina

Un futbolista corre, frena, gira, salta y vuelve a acelerar muchas veces antes de tocar la pelota. La exigencia del Mundial 2026 deja a la vista una anatomía preparada para repetir esfuerzos intensos durante más de 90 minutos. La musculatura del jugador de élite funciona como una estructura híbrida, capaz de sostener resistencia y explosividad dentro del mismo partido.

La diferencia con otros atletas aparece en la combinación de fibras musculares. Un maratonista necesita sostener una intensidad estable durante mucho tiempo, mientras un velocista depende casi por completo de la potencia inmediata. El futbolista necesita ambas respuestas en una misma jugada, porque el juego alterna pausas breves, choques, cambios de dirección y acciones explosivas.


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La doctora Patricia Sangenis, médica cardióloga y especialista en medicina del deporte, explicó que esa mezcla vuelve particular al cuerpo del jugador profesional. “A diferencia de un maratonista, que necesita principalmente resistencia, o de un velocista, que depende casi en exclusiva de la potencia, el futbolista debe combinar ambas capacidades durante más de 90 minutos. Por eso su musculatura presenta una mezcla particularmente eficiente de fibras lentas y rápidas”, señaló. La definición permite entender por qué el rendimiento futbolístico no se reduce a correr mucho ni a correr rápido.

Las fibras tipo I sostienen esfuerzos prolongados y resisten mejor la fatiga. Las fibras tipo II intervienen en aceleraciones, saltos, remates, sprints y cambios bruscos de ritmo. El valor del futbolista aparece en la capacidad de pasar de una fibra a otra sin perder control, coordinación ni precisión técnica.


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El doctor Néstor Lentini, especialista en medicina del deporte y jefe del Servicio Médico del Hospital Universitario Austral, marcó una diferencia similar. “Los maratonistas tienen más músculos cuyas fibras son las llamadas tipo I o lentas es decir más oxidativas adaptadas a la resistencia y menos potencia”, explicó. Luego comparó ese perfil con corredores de 100 metros y halterofilistas, que presentan predominio de fibras rápidas.

El entrenamiento construye esa respuesta desde edades tempranas. Sangenis indicó que el músculo del futbolista se educa desde la adolescencia para ser mixto, resistente, rápido, potente y capaz de recuperarse. El fútbol moderno exige un cuerpo que no solo produzca fuerza, sino que también la controle en movimientos inestables y de contacto.


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La especialista describió la diferencia con los deportes lineales desde la propia dinámica del juego. “Los futbolistas se diferencian de los maratonistas porque el fútbol no es un esfuerzo lineal, no corren siempre en la misma dirección”, afirmó. La secuencia habitual incluye caminatas, trotes, frenadas, saltos, giros, choques, remates y sprints, con decisiones tomadas en fracciones de segundo.

La estabilidad ocupa un lugar decisivo dentro de esa arquitectura física. Tobillos, rodillas, cadera y zona media deben sostener la potencia para que el gesto deportivo salga limpio. Una musculatura fuerte pierde valor si el cuerpo no puede controlar la fuerza al patear, girar, caer o volver a arrancar.


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Sangenis usó el último gol de Lionel Messi ante Austria para explicar esa coordinación fina entre fuerza, equilibrio y lectura corporal. “Describe muchas de las cosas que pasan en el fútbol: competir contra tres jugadores que tiene adelante; el rebote de la pelota; ve que parado no puede, se tira abajo; baja el centro de gravedad y de arrastrón mete el gol entre tres futbolistas y el arquero”, ejemplificó. La jugada aparece así como una muestra de técnica, pero también como expresión de control muscular.

Las lesiones muestran el otro lado de esa exigencia. Lentini advirtió que la fatiga aumenta cuando se juegan muchos partidos por semana y no se respetan los tiempos de recuperación. “La fatiga condiciona a lesiones serias como las de los meniscos o ligamentos cruzados, como se viene observando en las competencias del fútbol europeo que juegan prácticamente tres partidos por semana”, explicó.


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El desgaste no solo afecta la fibra muscular. También reduce la coordinación entre el sistema nervioso y el movimiento, al punto de alterar reacción, freno, dirección y precisión. Cuando el cansancio crece en los minutos finales, el jugador puede perder eficacia física y tomar peores decisiones con el mismo cuerpo que antes respondía mejor.

El glucógeno aparece como otro factor decisivo dentro del rendimiento. Sangenis explicó que ese combustible se deposita en hígado y músculos, y que su caída afecta la potencia. Si la energía disponible baja y no se repone, el músculo pierde capacidad para sostener sprints, saltos y aceleraciones.


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El calor, la humedad y la deshidratación agregan otra carga sobre el futbolista. La médica señaló que el cuerpo pierde capacidad de enfriarse y aumenta la temperatura central, con impacto sobre frecuencia cardíaca, coordinación y riesgo de calambres. La hidratación no actúa solo como alivio momentáneo, sino como una condición para conservar rendimiento y reducir lesiones.

El Mundial 2026 incorporó pausas de hidratación cerca del minuto 22 de cada tiempo. Cada interrupción dura tres minutos y permite hidratarse, refrescarse y recibir indicaciones técnicas. “Las pausas de hidratación en ambientes de elevada temperatura y humedad como sucede en este Mundial son necesarias para controlar el estado de hidratación y evitar los trastornos producidos por el calor”, afirmó Lentini.


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La tecnología también entró en la preparación diaria. Lentini mencionó entrenamientos con pesas libres, bandas elásticas, trabajos excéntricos y rutinas adaptadas a cada jugador según puesto y desgaste. Los sistemas GPS permiten medir recorridos, pausas, metros acumulados y zonas de desplazamiento para ajustar cargas de entrenamiento y recuperación.

Otra herramienta visible en la Selección Argentina fueron los chalecos refrigerantes usados en la recuperación posterior al partido contra Argelia. El sistema contiene un gel congelado y busca bajar la temperatura interna y de la piel en torso y espalda. El objetivo es reducir fatiga y acelerar la recuperación después de partidos intensos.


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Sangenis cerró la mirada con una idea que desplaza el foco del gol hacia el trabajo silencioso del cuerpo. “La musculatura de estos atletas representa mucho más que fuerza: es el resultado de una adaptación iniciada en la adolescencia, una memoria de años de entrenamiento”, sostuvo. La frase resume una dimensión poco visible del fútbol de élite: el partido se juega también en tejidos, reservas energéticas, estabilidad y recuperación.

El rendimiento mundialista queda entonces condicionado por una biología entrenada durante años y por decisiones cotidianas que exceden el talento. Nutrición, sueño, hidratación, prevención de lesiones y economía del esfuerzo completan una preparación que el público suele advertir solo cuando aparece una jugada determinante. El límite pendiente para cada selección estará en conservar esa maquinaria física entera cuando el calendario, el calor y la fatiga empiecen a pesar más que la inspiración.

Fuente: Infobae.

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