
La ONU enviará a Venezuela 10.000 bolsas mortuorias para las víctimas de los sismos
Actualidad30/06/2026
REDACCIÓNEl organismo enviará insumos mortuorios y suma equipos de rescate de 27 países, con 50.000 personas desaparecidas y más de 5.000 heridos en Venezuela.

Diez mil bolsas mortuorias pasarán a formar parte de la respuesta humanitaria en Venezuela, donde los terremotos dejaron al país ante una búsqueda cada vez más crítica. La ONU acordó con las autoridades venezolanas la adquisición del material, aunque aclaró que espera que la cifra final de víctimas quede por debajo de ese volumen. El envío refleja la magnitud del operativo y el deterioro de las expectativas a medida que pasan las horas entre edificios colapsados, heridos y personas aún no localizadas.
El coordinador de la ONU en Venezuela, Gianluca Rampolla Del Tindaro, explicó que la medida forma parte de la asistencia internacional frente a una tragedia que todavía no tiene un cierre preciso. El organismo no especulará con un número de muertos superior al balance oficial, pero los daños registrados permiten prever un conteo mayor. La preparación de material mortuorio funciona como una medida preventiva, no como una proyección cerrada del número final de fallecidos.


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El último balance oficial informado da cuenta de al menos 1.719 muertos y más de 5.000 heridos, además de miles de edificios dañados. La cifra convive con otro dato de enorme gravedad: alrededor de 50.000 personas permanecen desaparecidas, mientras los equipos de rescate trabajan contra el paso del tiempo. La emergencia combina atención sanitaria, búsqueda bajo escombros, identificación de víctimas y asistencia a familias que no tienen noticias de sus seres queridos.
La ONU estimó que unas 2.500 estructuras resultaron afectadas, muchas de ellas con colapso total. Ese nivel de daño explica la necesidad de sostener operaciones simultáneas en distintos puntos del país. La búsqueda no se limita a remover escombros, porque cada edificio derrumbado exige evaluación de seguridad, ingreso controlado de rescatistas, perros especializados y coordinación con autoridades locales para evitar nuevos riesgos.
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El despliegue internacional ya incluye 27 países y más de 40 equipos de búsqueda y rescate, con más de 2.000 rescatistas en territorio venezolano. También trabajan alrededor de 160 perros especializados, una herramienta central para detectar personas atrapadas bajo estructuras inestables. La dimensión del operativo marca que la respuesta quedó fuera de la capacidad local inmediata y requiere apoyo externo constante.
Los equipos lograron rescatar con vida a numerosas personas durante las últimas horas. Cada hallazgo sostiene la continuidad de las tareas, aunque el margen se achica con el paso de los días. Las esperanzas de encontrar sobrevivientes disminuyen, pero las operaciones siguen de manera ininterrumpida, con brigadas que alternan búsqueda, apuntalamiento, remoción y asistencia en zonas de mayor destrucción.
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La decisión de enviar bolsas mortuorias se ubica en ese punto de tensión entre rescate y duelo. La ONU mantiene abierta la búsqueda de sobrevivientes, pero también prepara insumos para una fase dolorosa de identificación y entrega de cuerpos. El operativo humanitario debe responder al mismo tiempo a quienes esperan vida bajo los escombros y a quienes necesitan una respuesta sobre familiares desaparecidos.
El impacto sobre la infraestructura agrava la crisis. Miles de edificios dañados obligan a revisar viviendas, hospitales, servicios y espacios públicos antes de permitir retornos o nuevas operaciones. La emergencia no se mide solo por muertos y heridos, sino también por la cantidad de estructuras que quedaron fuera de uso, la saturación de servicios y la incertidumbre de familias que no saben si podrán volver a sus casas.
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La información oficial todavía convive con zonas sin datos definitivos. Rampolla Del Tindaro remarcó que la ONU no adelantará cifras por fuera de lo confirmado, aunque reconoció que la escala de los daños permite esperar un balance más alto. Ese cuidado en la comunicación busca evitar números sin respaldo, pero no reduce la gravedad del cuadro ni la necesidad de preparar recursos para distintos escenarios.
La comunidad internacional mantiene movilizados rescatistas, equipos técnicos y asistencia humanitaria. El trabajo en terreno exige coordinación con autoridades venezolanas, identificación de zonas prioritarias y administración de recursos escasos. Cada equipo extranjero suma capacidad operativa, pero también demanda logística, seguridad, combustible, alojamiento, alimentación y comunicación en áreas golpeadas por los sismos.
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La crisis queda atravesada por una cuenta doble: la cantidad de personas rescatadas y la cantidad de desaparecidos que todavía no aparece. El envío de 10.000 bolsas mortuorias muestra la preparación para un desenlace más grave, aunque la ONU insiste en que espera un saldo menor. El límite pendiente está en el tiempo de búsqueda, porque cada hora reduce las posibilidades de vida bajo los escombros y aumenta la presión sobre los equipos desplegados.
Fuente: NA.





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