
Médicos advierten que el acceso a inyectables para adelgazar dispara recaídas en anorexia y bulimia
Enfoques30/06/2026
REDACCIÓNUna investigación científica detectó compras por internet sin receta y un uso extendido en pacientes con anorexia y bulimia.

La comercialización masiva de los nuevos fármacos inyectables destinados a la pérdida de peso instaló una complicación severa en el sistema de salud que los profesionales médicos no logran contener en sus consultorios. La ausencia de normativas estandarizadas impide detectar de forma temprana si quienes solicitan estas drogas sufren patologías de base vinculadas a la distorsión de la imagen corporal. Los especialistas advierten que la prescripción de estos tratamientos médicos se realiza muchas veces a ciegas, potenciando cuadros de desnutrición u obsesión.
Cheri Levinson, directora del Laboratorio de Tratamiento de la Ansiedad Alimentaria de la Universidad de Louisville, encabeza un equipo de investigación que analizó el comportamiento de 436 personas, compuesto en un 94,2 por ciento por mujeres con una edad promedio de 34 años. Los resultados clínicos publicados en la revista científica JAMA confirmaron que el acceso a las drogas denominadas GLP-1 se encuentra fuertemente extendido entre pacientes que arrastran diagnósticos de bulimia o anorexia. El relevamiento demostró que un 22 por ciento de las encuestadas utilizaba los inyectables de forma simultánea con el desarrollo de su patología de base.


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Los datos estadísticos recopilados exponen que el consumo de sustancias como la semaglutida y la tirzepatida alcanza niveles críticos en grupos específicos de riesgo. Poco más del 50 por ciento de las personas con trastorno por atracones recurre a estas aplicaciones, seguidas por un 42 por ciento de pacientes con anorexia nerviosa atípica y un 30 por ciento con cuadros de restricción severa de la ingesta de comida. La nómina de usuarios habituales incluye además a más del 25 por ciento de pacientes con bulimia nerviosa y cerca del 11 por ciento con anorexia nerviosa pura.
Los profesionales de la salud locales admiten que en los consultorios conviven escenarios contrapuestos debido a que ciertos pacientes con compulsión alimentaria severa experimentan mejoras relativas con estas moléculas bajo estricta vigilancia. Las investigaciones internacionales, sin embargo, contradicen la seguridad de estas terapias masivas al comprobar que un 10 por ciento de los usuarios incurre activamente en un uso indebido de los fármacos. Las maniobras detectadas abarcan la adquisición de fórmulas magistrales a través de plataformas web clandestinas sin contar con la debida prescripción firmada por un profesional matriculado.
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El circuito de automedicación detectado por los peritajes sanitarios incluye la alteración discrecional de las dosis establecidas por los laboratorios, la extensión temporal de los tratamientos médicos y la distribución informal de dosis sobrantes entre conocidos. Los expertos afirman que el mercado global de la delgadez estructuró un “entorno de riesgo en rápida evolución” que vulnera los mecanismos tradicionales de farmacia. La aparición frecuente de efectos secundarios biológicos como las náuseas continuas durante las fases iniciales del tratamiento complejiza el diagnóstico diferencial en personas que ya practican la purga alimentaria.
La reactivación de conductas nocivas representa el principal peligro clínico para aquellos pacientes que lograron superar las etapas críticas de sus enfermedades y se encuentran formalmente en períodos de remisión. El suministro farmacológico de herramientas que facilitan el ayuno extremo anula los procesos psicológicos de recuperación del peso corporal saludable. “Cualquier medicamento utilizado para ayudar a lograr la restricción alimentaria en esta población es arriesgado”, dictaminó la investigadora Levinson tras analizar las encuestas en el sitio especializado Medscape.
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Los especialistas sugieren que el personal de atención médica primaria debe extremar las medidas de precaución individuales antes de autorizar el inicio de terapias con drogas GLP-1, incluso ante la menor sospecha de antecedentes psicológicos. Los protocolos actuales carecen de herramientas de exclusión automáticas, lo que delega toda la responsabilidad del filtrado en el criterio del profesional de turno durante la entrevista clínica. El sector sanitario local reconoce que evaluar de forma diferenciada cada caso puntual es una tarea compleja ante la presión publicitaria que rodea a estos inyectables.
La comunidad médica dispone de alternativas metodológicas de detección rápida que podrían implementarse de manera obligatoria en las consultas externas de nutrición y endocrinología. Los profesionales de la salud proponen el uso generalizado de la herramienta de evaluación técnica denominada SCOFF, un cuestionario simplificado de cinco ítems diseñado específicamente para identificar desórdenes en la conducta alimentaria de manera inmediata. Su aplicación sistemática evitaría que las personas utilicen los canales de medicina formal como un mecanismo para encubrir la desnutrición autoinducida.
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La problemática instalada por la supresión artificial del apetito obliga a revisar la formación de los médicos clínicos que extienden recetas médicas con fines puramente estéticos. La evaluación del paciente debe concentrarse en descifrar los motivos subyacentes que impulsan el pedido de los fármacos antes de emitir la orden de compra. El peligro inminente de provocar recaídas crónicas severas permanece latente mientras las inyecciones sigan considerándose soluciones mágicas desprovistas de consecuencias sobre la salud mental de la población joven.
Fuente: Clarín















