
El gobernador bonaerense habló ante dirigentes de Entre Ríos, cuestionó al último gobierno peronista y pidió ordenar una alternativa nacional.

Axel Kicillof eligió una reunión con dirigentes entrerrianos para dejar una de sus definiciones más duras sobre el último gobierno peronista. Frente a referentes enrolados en el Movimiento Derecho al Futuro, el gobernador bonaerense sostuvo que la presidencia de Alberto Fernández terminó por dañar la credibilidad del espacio y facilitó el ascenso de Javier Milei. “Es un año de organización porque venimos de un gobierno que no funcionó, nuestro, y eso nos llevó también a que ahora gobierne Milei”, dijo durante el cierre por videoconferencia.
La frase marcó un cambio de tono dentro de la discusión peronista. Kicillof no habló desde afuera del proceso político que cuestiona, sino desde una pertenencia explícita al mismo espacio que gobernó entre 2019 y 2023. Esa ubicación le permitió hacer una autocrítica con peso interno y, al mismo tiempo, presentar su armado como una salida posible. El mensaje buscó ordenar el malestar hacia una construcción propia, sin dejar la derrota presidencial solo en manos de factores externos.


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El encuentro se realizó en Paraná y reunió a dirigentes de distintas localidades de Entre Ríos, convocados por el exdiputado nacional Marcelo Casaretto y el ministro de Seguridad bonaerense Javier Alonso. Kicillof cerró la actividad de manera remota, pero su intervención tuvo un objetivo nacional. La provincia funcionó como un punto de expansión del Movimiento Derecho al Futuro, el espacio con el que el gobernador intenta construir estructura fuera de Buenos Aires.
El planteo central giró sobre la necesidad de recuperar confianza social antes de hablar de candidaturas. Kicillof sostuvo que el peronismo debe demostrar que revisará sus errores y que puede volver a representar una alternativa. “Nosotros le tenemos que poder explicar, le tenemos que poder certificar al pueblo en su conjunto que somos una alternativa que va a revisar lo que hizo y va a proponer lo que se necesita para sacar al país de este pozo donde lo están metiendo”, afirmó.
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La autocrítica no quedó separada de la disputa con Milei. Para Kicillof, el peronismo necesita reorganizarse porque el gobierno libertario ocupa un lugar que también se explica por el fracaso de la experiencia anterior. Esa lectura evita reducir la discusión a una interna de nombres y ubica el problema en la relación con los votantes. El gobernador intentó ligar revisión del pasado, organización territorial y propuesta para 2027 dentro de un mismo movimiento político.
El mandatario bonaerense también dejó una advertencia hacia su propio frente. Rechazó la dispersión, los personalismos y las disputas prematuras por lugares de poder. “No es ni siquiera este un año para lanzar campañas, para candidaturas o para disputas de ese tipo. Es un año de organización, de armado, de construcción y de estar al lado de quienes sufren”, señaló. La frase buscó frenar movimientos internos antes de que el espacio defina una estrategia común.
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Kicillof insistió en que la prioridad debe ser reunir voluntades, militancias y representatividades para llegar a 2027 con una alternativa política. En ese tramo, endureció el reclamo hacia la dirigencia propia. “No es momento de perder el tiempo, no es momento de estar en chiquitajes; es momento de juntar voluntades, juntar militancias, juntar representatividades para poder llegar al 27 con la alternativa política que le dé una salida a esta situación”, expresó ante los dirigentes entrerrianos.
El mensaje incluyó una crítica a prácticas internas que el gobernador considera dañinas. Sostuvo que “no puede haber cuestiones de miserias, ni de viejas prácticas”, porque el peronismo debe ganar la próxima elección por “responsabilidad” y “razón histórica”. Esa formulación coloca la discusión en una dimensión más amplia que la competencia electoral: para Kicillof, el armado opositor debe ordenar poder político y, al mismo tiempo, reconstruir legitimidad.
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El gobernador también delimitó quién debe conducir esa reconstrucción. “La fuerza que puede articular una alternativa para dar vuelta a esta situación es el peronismo. Y obviamente, no alcanza solo con el peronismo, pero tiene que ser el peronismo el que conduzca”, sostuvo. La frase admite que el justicialismo necesita ampliar su base, aunque conserva para sí el rol de conducción de una eventual coalición opositora.
La dirigencia entrerriana respondió con un alineamiento explícito. Casaretto afirmó: “Todos coincidimos en la necesidad de que Kicillof sea presidente de la nación, coincidimos en un proceso nacional”. Ese respaldo convirtió el encuentro en algo más que una reunión de organización provincial. La actividad mostró el intento de instalar al gobernador bonaerense como figura de síntesis para una etapa posterior a la derrota de 2023 y al deterioro del gobierno de Alberto Fernández.
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El exlegislador también propuso formalizar una mesa de trabajo en Entre Ríos. “Todos queremos tratar de provocar el desembarco de tu proyecto en Entre Ríos, así que nos gustaría charlar contigo personalmente para conformar una mesa de conducción generosa, amplia, representativa de todo Entre Ríos y después preparar tu llegada acá”, planteó Casaretto. La propuesta apunta a transformar el respaldo discursivo en estructura territorial, con presencia en municipios donde el peronismo gobierna y en aquellos donde es oposición.
La reunión sumó intendentes, concejales, legisladores y dirigentes con trayectoria institucional. Participaron, entre otros, la intendenta de El Pingo, Laura Rupp; el jefe comunal de Hernández, Luis Gaioli; el concejal de Nogoyá, Maximiliano Navarro; el referente del PJ de Nogoyá, Mauricio Follonier; y el presidente comunal de Rincón del Nogoyá, Marcelo Carrizo. También estuvieron el senador provincial Víctor Sanzberro, el diputado Enrique Cresto, el exsenador Héctor Maya, la exintendenta Claudia Monjo, Ángel Giano, Juan José Albornoz, Néstor Loggio y Lucy Grimalt.
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El movimiento que intenta construir Kicillof queda así entre dos necesidades simultáneas: diferenciarse del último gobierno peronista y evitar que esa crítica rompa la unidad que dice necesitar. El límite pendiente estará en convertir la autocrítica sobre Alberto Fernández en una organización nacional capaz de ordenar al peronismo sin adelantar una pelea por candidaturas. Entre Ríos apareció como una estación de ese armado, pero la disputa principal seguirá en la capacidad del gobernador para reunir al espacio detrás de una estrategia común.
Fuente: NA.






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