
El entusiasmo por la Selección también puede derivar en insomnio, irritabilidad o consumo excesivo cuando la emoción supera la regulación cotidiana.

Un partido de Mundial puede cambiar la rutina de una casa mucho antes de que empiece el juego. La previa, los horarios, los análisis, las reuniones y la expectativa alrededor de la Selección pueden convertir una celebración colectiva en una carga emocional difícil de regular. El problema aparece cuando la pasión deja de convivir con el descanso, el trabajo, el estudio o los vínculos cercanos.
El Dr. Juan Ingelmo, médico del Departamento de Salud Mental del Hospital de Clínicas de la UBA, advirtió que este tipo de torneos tiene un correlato visible en la atención sanitaria. “Durante torneos importantes aumentan las consultas vinculadas a ansiedad, insomnio y alteraciones del humor”, explicó en un informe al que accedió Noticias Argentinas. También remarcó otro punto asociado a los eventos masivos: “También se registra un incremento en consultas de urgencia relacionadas con el consumo excesivo de alcohol, que en el contexto de los eventos deportivos masivos suele dispararse”.


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La advertencia llega durante un Mundial 2026 que tiene una escala inédita: 48 selecciones, 104 partidos y 16 sedes distribuidas entre Estados Unidos, Canadá y México, según la información oficial de FIFA. Esa agenda prolongada multiplica días de expectativa, horarios alterados y exposición permanente a resultados, debates y redes sociales. El torneo comenzó el 11 de junio en México y se disputa en tres países por primera vez.
Ingelmo ubicó el fenómeno en un plano que excede al deporte. “El fútbol en general y un Mundial en particular, activa algo que va mucho más allá del deporte. Las personas construimos parte de quiénes somos a través de los grupos a los que pertenecemos, y la Selección nacional es uno de los emblemas de pertenencia más poderosos que existen”, señaló. Esa identificación explica por qué una victoria, una eliminación o incluso la espera de un partido pueden sentirse como algo personal.
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La intensidad también tiene una explicación fisiológica. El especialista indicó que “la anticipación de un evento importante activa el sistema de alerta del organismo de manera muy similar a como lo haría cualquier situación de incertidumbre con consecuencias emocionales relevantes”. En esa activación pueden aparecer tensión muscular, molestias digestivas, irritabilidad, problemas de concentración o alteraciones del sueño, síntomas que el propio informe recomienda mirar con atención cuando se sostienen en los días previos a un partido.
El punto no es patologizar la emoción futbolera, sino distinguir cuándo desborda. “No necesariamente significa que hay un trastorno de ansiedad subyacente, pero sí que la respuesta emocional está siendo desproporcionada respecto al evento en cuestión”, aclaró Ingelmo. Las referencias sanitarias de los CDC también vinculan el estrés con dificultades para dormir, problemas de concentración, síntomas físicos y aumento del consumo de alcohol u otras sustancias.
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El consumo de alcohol aparece como un factor sensible porque suele naturalizarse en reuniones, festejos y partidos nocturnos. La recomendación médica apunta a evitar que funcione como recurso para manejar nervios, euforia o tristeza. Los CDC señalan que la calidad del sueño se afecta cuando hay despertares frecuentes, dificultad para dormir o cansancio pese a dormir suficientes horas, y recomiendan evitar el alcohol antes de acostarse.
Para Ingelmo, la prevención pasa por sostener una distancia razonable con el resultado. “La clave está en algo que suena simple, pero no siempre es fácil de sostener: mantener la perspectiva. Disfrutar intensamente un evento no requiere perder de vista que es, en último término, un juego. Eso no le quita emoción ni importancia, pero sí le pone un marco que protege”, señaló. Entre las medidas sugeridas figuran respetar horarios de sueño, moderar el alcohol, reducir la sobreexposición a debates y cuidar el tono de las conversaciones futboleras.
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La consulta profesional queda indicada cuando la ansiedad afecta el funcionamiento cotidiano. Eso incluye dormir mal de manera persistente, perder concentración en el trabajo o los estudios, registrar palpitaciones o molestias frecuentes, deteriorar vínculos cercanos o usar sustancias para bajar la tensión. El Mundial puede vivirse como una fiesta compartida, pero la señal de cuidado aparece cuando la emoción empieza a gobernar la rutina.








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