Recuperó 900 bicicletas en Río Negro y las regaló a chicos que las necesitaban

Actualidad05/07/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Diego Paulete, su familia y vecinos rescatan rodados abandonados en Ingeniero Huergo. Ya llegaron a 900 entregas y buscan alcanzar las 1000.

Diego Paulete (Foto Instagram @robandosonrisasargentina).
Diego Paulete (Foto Instagram @robandosonrisasargentina).

En Ingeniero Huergo, provincia de Río Negro, un garage familiar se convirtió en el punto de partida de cientos de historias nuevas. Allí, Diego Paulete, su esposa Jennifer Romero, sus padres y vecinos recuperan bicicletas abandonadas, las reparan y las entregan a chicos que las necesitan. El proyecto Robando Sonrisas ya llegó a casi 900 bicicletas donadas y ahora va por la número 1000.

Muchas de esas bicicletas llegan con ruedas pinchadas, cadenas oxidadas y años de abandono encima. Para otros podrían ser chatarra, pero para Diego representan una oportunidad. En cada cuadro recuperado imagina a un chico yendo a la escuela, jugando en el barrio o teniendo por primera vez una bicicleta propia.

El proyecto se sostiene desde hace once años con trabajo voluntario y donaciones. No funciona como ONG ni recibe financiamiento externo. Las bicicletas llegan por vecinos que deciden entregarlas, mientras los repuestos se consiguen a partir de piezas usadas que todavía pueden volver a servir.

“Esto lo hacemos por amor. Por el brillo en los ojos que tienen los chicos cuando reciben una bicicleta. Por la libertad que les genera poder andar en bici”, contó Diego Paulete. Esa frase resume el sentido de una tarea que se realiza después de la jornada laboral y durante buena parte del tiempo libre de la familia. Para ellos, cada bicicleta reparada tiene un destinatario concreto y una historia detrás.


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El origen de Robando Sonrisas se remonta a 2015, después de un incendio que destruyó la casilla de madera donde vivía una madre soltera. Los vecinos organizaron una colecta para construirle una habitación de material y Diego se ofreció a realizar la instalación eléctrica. “Queríamos que tuviera una instalación segura para que no volviera a pasar una tragedia así. Desde ese momento comenzamos este viaje”, recordó.

Con el tiempo, esa primera acción solidaria encontró una forma propia. Diego y Jennifer empezaron a recuperar bicicletas usadas para entregárselas a chicos que nunca habían tenido una. La idea creció de manera sostenida hasta convertirse en una red que conecta donantes, familias, referentes barriales y comunidades de distintas localidades rionegrinas.

Hoy el trabajo involucra a varias generaciones de la familia. Participan Hugo y Mirta, los padres de Diego, que tienen una bicicletería donde guardan repuestos usados en buen estado. También colaboran familiares, vecinos y el hijo pequeño de la pareja, que ya convive con la rutina de ver bicicletas entrar rotas y salir listas para rodar.


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“Somos seis personas las que estamos activamente con esto. Lo más lindo es que puedo hacerlo con mi papá, que tiene 76 años, y también con mi hijo, que apenas tiene tres. Es un movimiento solidario sobre ruedas”, expresó Diego. El proyecto combina oficio, paciencia y una organización diaria que no se detiene. Cada persona aporta desde donde puede para que una bicicleta más llegue a destino.

Las redes sociales cumplen un rol central para conectar a quienes quieren donar con quienes llevan adelante la reparación. Personas de distintas localidades escriben para ofrecer bicicletas que ya no usan. Luego, Diego y su familia coordinan el retiro y recorren kilómetros para buscarlas casa por casa.

Diego Paulete (Foto Instagram @robandosonrisasargentina).-4

“Siempre son donaciones. Nosotros coordinamos y las vamos a retirar. Ahí empieza la magia”, explicó. Una vez que los rodados llegan al garage, comienza el proceso de revisión, limpieza y arreglo. Algunas necesitan apenas ajustes menores, pero otras requieren cambios de frenos, ruedas, cadenas y piezas completas.

“Después de nuestros horarios de trabajo nos ponemos a reciclar bicicletas. Algunas llegan en perfectas condiciones y otras necesitan mucho más amor porque estuvieron años guardadas. Las vamos recuperando con repuestos usados que todavía están en buen estado hasta que quedan listas para volver a rodar”, detalló Diego. Esa tarea artesanal permite que elementos descartados se transformen en herramientas de movilidad y alegría.

La entrega no se hace al azar. Antes de donar una bicicleta, la familia busca conocer quién la recibirá y qué necesidad concreta existe. Para eso se comunican con referentes barriales, merenderos y vecinos que conocen la realidad de cada comunidad.


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“Hay barrios que están a tres o cuatro kilómetros de la escuela y muchos chicos necesitan una bicicleta para poder estudiar, para ir al doble turno o simplemente para salir a jugar. Los referentes nos dicen qué niños la necesitan, tomamos las edades y las medidas y armamos una bicicleta para cada uno”, contó. De esa manera, cada rodado se prepara pensando en la edad, la altura y el uso que tendrá.

Para Diego, una bicicleta puede significar mucho más que un regalo. Puede ser autonomía, acceso a la escuela, integración con otros chicos y una forma de recuperar confianza. “Sabemos la historia de cada nene y lo que va a sanar en cada pedaleada”, aseguró.

En once años, Robando Sonrisas entregó bicicletas en 14 localidades de Río Negro. La número 900 llegó desde Ushuaia, un dato que sorprendió incluso a los propios impulsores del proyecto. “La bicicleta número 900 nos llegó desde Ushuaia. Es increíble pensar todo el camino que hizo para terminar en manos de un chico”, dijo Diego.

Diego Paulete (Foto Instagram @robandosonrisasargentina).-3
(Foto Instagram @robandosonrisasargentina)

El objetivo ahora es alcanzar las 1000 bicicletas y sostener una tarea que ya forma parte de la vida cotidiana de la familia. “Nosotros empezamos pensando que, si lográbamos reciclar diez bicicletas, ya iba a ser un montón. Hoy estamos cerca de las 900 y todavía sentimos que estamos viviendo un sueño”, sostuvo. También contó que todos los días hacen algo por el proyecto, ya sea buscar un rodado, conseguir un repuesto o arreglar una rueda.

El sueño siguiente es contar con un espacio propio y ampliar la experiencia a otras provincias. “Nos encantaría llegar a las 1000 bicicletas, tener un espacio propio para trabajar y llevar este proyecto a otras provincias. Pero nuestro sueño ya lo estamos viviendo. Cada bicicleta representa un montón. Lo único que queremos es seguir viendo ese brillo en los ojos de los chicos cuando empiezan a pedalear”, concluyó Diego.

Fuente TN

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