
Las tierras raras se convirtieron en uno de los recursos más codiciados del planeta por su papel en la fabricación de vehículos eléctricos, turbinas eólicas y múltiples tecnologías de alta complejidad. En ese escenario, Argentina aparece con un importante potencial geológico, pero sin proyectos de exploración activos ni producción, una realidad que contrasta con el fuerte impulso que reciben estos minerales en otros países.

De acuerdo con un estudio elaborado por el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR), el país posee un potencial estimado de 3,3 millones de toneladas de óxidos de tierras raras. Sin embargo, esa cifra corresponde a una proyección geológica y no a reservas comprobadas, ya que en las últimas siete décadas no se realizaron campañas de exploración orientadas específicamente a estos minerales.
Las tierras raras comprenden un grupo de 17 elementos metálicos considerados críticos para la transición energética. Su utilización resulta indispensable en la fabricación de imanes permanentes para motores eléctricos y aerogeneradores, además de intervenir en componentes electrónicos, sistemas de iluminación y otras aplicaciones industriales de alta tecnología.


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Aunque no son minerales especialmente escasos, rara vez aparecen concentrados en cantidades que permitan una explotación rentable. A esa dificultad se suma un proceso de refinación complejo, situación que explica por qué China domina actualmente la cadena global del negocio. Según datos de la industria, concentra el 52% de las reservas mundiales, el 70% de la producción minera, el 91% del procesamiento y el 94% de la fabricación de imanes.
En Argentina, la única producción registrada ocurrió entre 1954 y 1956, cuando se recuperaron poco más de mil kilogramos de monacita en la mina Teodesia, ubicada en Valle Fértil, provincia de San Juan. Desde entonces no hubo nuevos desarrollos productivos ni campañas sistemáticas de exploración enfocadas en estos recursos.
El relevamiento del SEGEMAR identifica actualmente unas 190 mil toneladas de óxidos de tierras raras distribuidas principalmente en San Luis, que concentra el 54% de los recursos identificados; Río Negro, con el 22%, especialmente en Sierra Grande; y Salta, con el 18%, donde sobresale el yacimiento La Aurelia. A partir de esos antecedentes, el organismo proyectó un potencial mucho mayor en las Sierras Pampeanas y la región mesopotámica.
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Mientras Argentina mantiene ese potencial sin desarrollar, distintos países avanzan con fuertes inversiones para asegurar el abastecimiento de minerales críticos. Estados Unidos impulsa el Proyecto Vault mediante un financiamiento superior a los 10.000 millones de dólares destinado a fortalecer su cadena de suministro. Australia desarrolla un fondo específico de 15.000 millones de dólares australianos y ya cuenta con proyectos de refinación en marcha, mientras Brasil promueve una política nacional para minerales estratégicos y lleva adelante varios emprendimientos vinculados con tierras raras.
En paralelo, el Gobierno argentino comenzó a dar algunos pasos institucionales para incorporar estos recursos dentro de su estrategia minera. En febrero firmó con Estados Unidos un acuerdo marco de cooperación para fortalecer el suministro y procesamiento de minerales críticos, incluyendo a las tierras raras entre los recursos alcanzados por ese entendimiento.
También existen iniciativas legislativas orientadas a mejorar el atractivo para futuras inversiones. Un proyecto presentado en la Cámara de Diputados propone modificar el Código de Minería para incorporar las tierras raras dentro de la primera categoría de sustancias minerales y permitir su incorporación al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), otorgándoles beneficios similares a los que hoy reciben proyectos de litio y cobre.
A pesar de esos avances normativos y diplomáticos, todavía no existe ningún proyecto concreto de exploración. El propio informe del SEGEMAR señala que el principal desafío pasa por transformar el potencial geológico en campañas de búsqueda que permitan determinar si esos recursos pueden convertirse en reservas económicamente explotables, en un mercado donde la competencia internacional por los minerales críticos crece año tras año.








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