
La ansiedad puede causar problemas digestivos reales y variados, según un especialista
Actualidad13/07/2026
REDACCIÓNUn psicoterapeuta español detalla la estrecha conexión entre el cerebro y el sistema gastrointestinal, explicando cómo el estrés impacta directamente en la salud digestiva.

La conexión entre el cerebro y el sistema digestivo es más directa de lo que se suele pensar, con alteraciones emocionales capaces de impactar el funcionamiento gastrointestinal. Así lo afirmó el psicoterapeuta español Dr. Jordi Risco, quien subrayó que estos síntomas digestivos, aunque originados funcionalmente, son completamente reales. Este eje intestino-cerebro implica que el estrés y la preocupación pueden desencadenar una serie de molestias físicas.
El Dr. Risco explicó que esta conexión se da a través del eje intestino-cerebro, un vínculo directo entre ambos sistemas. Cuando se experimenta ansiedad, el cuerpo activa el sistema nervioso simpático, conocido como el mecanismo de «lucha o huida». Este proceso, útil en situaciones de peligro real, provoca cambios fisiológicos que inciden directamente en la digestión.


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Entre los cambios fisiológicos mencionados por el experto se incluyen la alteración del movimiento intestinal y el aumento de la sensibilidad visceral. También se modifican la secreción de jugos digestivos y la microbiota intestinal, elementos clave para una digestión saludable. Todos estos factores pueden traducirse en una amplia variedad de síntomas digestivos, generando en muchas ocasiones un círculo vicioso de ansiedad y malestar.
Los síntomas digestivos más comunes vinculados a la ansiedad son diversos y pueden generar confusión en los pacientes. El Dr. Risco detalló que en sus consultas observa con frecuencia dolor o molestias abdominales, hinchazón, gases frecuentes, y alternancia entre diarrea o estreñimiento. A estas manifestaciones se suman las náuseas, la sensación de «nudo en el estómago» y el ardor o acidez.
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Estos malestares suelen aparecer o empeorar en momentos de estrés y antes de situaciones importantes, o tras periodos de preocupación prolongada. El psicoterapeuta Dr. Jordi Risco enfatizó que «la ansiedad, por sí sola, no suele ser la causa directa de enfermedades estructurales graves del aparato digestivo». Sin embargo, sí puede contribuir significativamente al desarrollo o empeoramiento de ciertos trastornos funcionales.
Un claro ejemplo de esta influencia es el síndrome del intestino irritable (SII), una condición donde hay una alteración funcional sin lesiones visibles. En este trastorno, la ansiedad desempeña un papel fundamental tanto en su aparición como en la intensidad de los síntomas. El estrés también puede impactar en la dispepsia funcional, el reflujo gastroesofágico y la colitis nerviosa, incrementando la percepción de los síntomas.
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Diferenciar entre una causa orgánica y una emocional no siempre es sencillo, por lo que es crucial una valoración adecuada por parte de un profesional. Algunas señales que sugieren una relación con la ansiedad incluyen la aparición de síntomas en momentos de estrés o preocupación, y cuando las pruebas médicas no revelan alteraciones significativas. Otros indicadores son antecedentes de ansiedad, insomnio o estrés crónico, la mejoría de los síntomas en periodos de calma, y una preocupación excesiva por la salud.
El Dr. Jordi Risco destacó la importancia de un abordaje integral que combine el tratamiento de los síntomas digestivos y la ansiedad. «Siempre recomiendo descartar causas médicas con un especialista digestivo», aseveró el psicoterapeuta, enfatizando la necesidad de actuar sobre ambos aspectos de forma coordinada. Desde su experiencia clínica, resulta fundamental entender que no basta con tratar un solo síntoma de manera aislada.
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Entre las estrategias más efectivas, el Dr. Risco mencionó la psicoeducación como primer paso para reducir el miedo al comprender el origen de los síntomas. La terapia psicológica, especialmente la cognitivo-conductual, es útil para manejar pensamientos catastrofistas y la hipervigilancia corporal. Adicionalmente, técnicas como la respiración diafragmática y la meditación contribuyen a la regulación del sistema nervioso.
















