
Hervir el agua puede arruinar el té: una sommelier explica cómo prepararlo
Otros Temas18/07/2026
REDACCIÓNAnabela Garner Head reunió saberes, consejos y experiencias en una bitácora que conecta la preparación de cada taza con la tradición del Valle chubutense.

Una taza de té puede perder aroma, suavidad y equilibrio antes del primer sorbo. El agua demasiado caliente o una infusión más larga de lo recomendado favorecen la aparición de sabores amargos, un resultado que muchas veces se intenta corregir con azúcar. Para Anabela Harneggett, sommelier y diseñadora de blends, la solución comienza por respetar la temperatura, el tiempo y la cantidad de hebras.
La especialista reunió esos conocimientos en Té e infusiones, una travesía sensorial entre hojas, agua y silencio, una publicación que define como una bitácora antes que como un manual técnico. La obra propone un recorrido accesible para quienes recién se acercan a esta bebida y también para lectores con experiencia. Cada sección incluye espacios donde pueden anotar gustos, dudas, combinaciones y resultados obtenidos durante sus propias preparaciones.


La estructura abandona la división tradicional por capítulos y organiza el contenido en cinco “infusiones”. Allí aparecen el origen del té, sus variedades, los métodos de preparación, las expresiones culturales vinculadas con esta bebida y su relación con el cuerpo, el ambiente y los momentos de pausa. La intención es que la lectura acompañe la experiencia concreta de calentar el agua, elegir una hebra y probarla.
Durante una entrevista con Diego Castro en #LA17, Harneggett explicó que el comportamiento de cada variedad exige cuidados específicos. “Yo sugiero té verdes 80 grados, 85 grados como nuestra querida yerba mate, no más. Un buen té negro 90 a 95 grados, no hervida”, precisó. Para los tés blancos, elaborados a partir de los brotes más delicados, recomendó temperaturas cercanas a los 70 o 75 grados y tiempos que, en algunos casos, se miden en segundos.
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La intensidad tampoco debería buscarse dejando las hojas dentro del agua durante más minutos. Ese hábito puede modificar el perfil previsto por el productor y liberar una mayor cantidad de taninos, responsables de parte del amargor. “Si te gusta más fuerte, ponele dos. Pero no prolongues el tiempo, porque ahí sí te va a variar el sabor. Si el tiempo son tres minutos, son tres minutos”, explicó la sommelier.
Otro punto central es distinguir el té de las infusiones elaboradas con otras plantas. Todas las variedades auténticas —negro, verde o blanco, entre otras— proceden de la Camellia sinensis, mientras que la manzanilla, el boldo, el jengibre o la valeriana forman parte del universo de las tisanas. Algunas raíces incluso necesitan una decocción, es decir, un hervor breve seguido de un período de reposo para extraer sus componentes.

Las mezclas o blends pueden incorporar té, flores, especias y plantas medicinales en proporciones diferentes. Entre los ejemplos mencionados aparece el chai de tradición india, que combina té negro con especias, leche y azúcar. Garner Head señaló que la Camellia sinensis absorbe con facilidad los aromas de otros ingredientes durante la maceración, una característica que permite crear perfiles propios sin perder la base de la bebida.
La elección de una variedad también depende de los alimentos que acompañan la mesa. Un té negro puede equilibrar preparaciones con chocolate, crema o masas intensas porque limpia el paladar entre bocados, mientras que un té verde presenta otras características y funciona mejor con combinaciones diferentes. “El té va a realzar eso que estás comiendo, eso que estás comiendo le va a dar lugar después al té negro que seguís tomando”, describió.
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Esa relación entre bebida, comida y encuentro tiene una presencia histórica en el Valle Inferior del Río Chubut. Las familias colonas que llegaron a la región incorporaron el té a sus costumbres comunitarias, religiosas y gastronómicas, y las casas de té conservaron esa práctica alrededor de una mesa compartida. Para Harneggett, las hebras también transportaron historias personales y colectivas que quedaron arraigadas en localidades como Gaiman, Trelew y Puerto Madryn.
La autora comenzó su formación especializada en Rosario y, al regresar a Chubut en 2013, creó en Trelew su propia línea de blends bajo el nombre Tempo, aire de té. El emprendimiento cerró en 2019, pero las consultas continuaron: cómo preparar una hebra, qué variedad elegir, qué diferencia existe entre un saquito y el té suelto o cómo conseguir una bebida más intensa. Esas preguntas recurrentes impulsaron la creación de la bitácora.
La obra ya se presentó en Trelew y Gaiman, y la autora trabaja para organizar una actividad similar en Puerto Madryn, posiblemente cerca de agosto. El libro se encuentra disponible a través de la página de Tempo, aire de té y también en un comercio familiar. La futura presentación en la ciudad buscará sostener el intercambio que propone la publicación: lectores que prueban, registran su experiencia y vuelven con preguntas concretas sobre cada taza.














