
Un estudio reveló que la velocidad al caminar predice la longevidad en adultos mayores
Actualidad28/07/2026
REDACCIÓNInvestigaciones científicas también asocian una marcha lenta con signos de envejecimiento cognitivo avanzado y cambios observables en la estructura del cerebro.

Un estudio de la Universidad de Pittsburgh que recopiló datos de más de 34.000 adultos mayores de 65 años constató que la velocidad de la marcha es un predictor significativo de la esperanza de vida. Los hombres de 75 años que caminaban más lentamente tenían un 19% de probabilidades de vivir otros 10 años, frente al 87% de probabilidad de supervivencia para quienes caminaban más rápido.
El metaanálisis se basó en los resultados de nueve investigaciones distintas, que siguieron a los participantes durante períodos de entre 6 y 21 años. El veredicto de los investigadores ratificó que la velocidad de la marcha estaba asociada de manera contundente con la longevidad en este grupo etario.


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Por otra parte, un estudio de la Universidad de Duke publicado en la revista Neurology evaluó a 904 personas de 45 años a lo largo de su vida. La investigación detectó señales de “envejecimiento acelerado” en los pulmones, dientes, corazón y sistemas inmunitarios de quienes tenían un andar lento.
Además de los signos físicos, el mismo grupo de caminadores manifestó un envejecimiento cognitivo avanzado. Esto se reflejó en puntuaciones más bajas en pruebas de cociente intelectual, memoria, velocidad de procesamiento, razonamiento y otras funciones mentales clave.
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Las pruebas de resonancia magnética realizadas a los participantes del estudio de Duke mostraron cambios observables en sus cerebros. Quienes caminaban más despacio tenían cerebros de menor tamaño, una neocorteza más fina y una menor cantidad de materia blanca, el tejido que conecta distintas áreas del sistema nervioso central.
Los investigadores también encontraron indicios de que estas diferencias en la salud estaban presentes desde una edad temprana. Se basaron en pruebas de inteligencia, lenguaje y habilidades motoras que los participantes habían realizado cuando tenían apenas tres años. Line Jee Hartmann Rasmussen, una de las líderes del estudio, declaró que estos hallazgos sugieren que la velocidad de la marcha es una ventana a la salud cerebral a lo largo de toda la vida.
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La médica neuróloga Lucía Zavala explicó que en la neurología clínica se habla de reserva estructural y cognitiva, donde un mayor volumen cerebral y un grosor cortical preservado representan una mayor densidad neuronal. Según la especialista, esto ayuda al sistema nervioso a tolerar mejor el daño neurodegenerativo o vascular.
Zavala destacó que caminar de forma fluida y a buen ritmo es una tarea motora compleja que requiere una activación coordinada del encéfalo y un aumento del flujo sanguíneo cerebral. “Cuando la velocidad de la marcha disminuye de manera prematura estamos viendo la manifestación temprana de una disfunción en la conectividad cerebral”, advirtió.
La especialista también mencionó otras actividades físicas que ofrecen beneficios cerebrales similares. El baile, los deportes de raqueta como el tenis o el pádel, y el entrenamiento de fuerza con cargas mejoran diferentes aspectos como la coordinación, el rastreo visual y el perfil metabólico general.
Fuente: LA NACION.















