
Nelcis Jones, profesora, expuso los motivos culturales, lingüísticos y económicos de la migración galesa a la Patagonia en el siglo XIX.

El Acta de Unión de 1536, que anexó a Gales al Reino Unido de Gran Bretaña, marcó un punto de inflexión decisivo en la historia del pueblo galés. Esta medida conllevó la imposición de nuevas leyes de tierra, que gradualmente despojaron a los legítimos usuarios de sus propiedades.
Durante el siglo XIX, la situación se agravó con el auge de la Revolución Industrial y el creciente poder de la burguesía inglesa, que adquirió vastas extensiones de tierra. Esta coyuntura expulsó a muchos galeses hacia las ciudades, donde se vieron forzados a trabajar como mano de obra barata y no calificada, mayormente de origen rural.


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Además de la pobreza y la pérdida de tierras, los galeses enfrentaron la imposición de la religión anglicana, que los relegaba a un segundo plano en su propia tierra. Aquellos que no pertenecían a la nobleza se veían obligados a escuchar el culto desde fuera y a diezmar sin sentir una verdadera conexión con la iglesia oficial.
En paralelo, el Imperio Británico, bajo el reinado de la Reina Victoria, comprendió la lengua como un elemento unificador y por ello impuso el inglés. El galés fue prohibido en las universidades y escuelas, quedando relegado al ámbito del hogar y castigado públicamente con el Welsh knot.
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Esta opresión lingüística fue particularmente dolorosa, ya que los celtas, de los cuales descienden los galeses, se caracterizan por una unidad más lingüística que étnica. Su propio himno, Hemlad Benaday, clama por la supervivencia de la lengua de sus antepasados, subrayando la centralidad de su idioma en su identidad cultural.
Desde el siglo VI, la poesía ha ocupado un lugar preponderante en la cultura galesa, con registros de importantes corpus poéticos. Los poetas, conocidos como bardos, ocupaban un lugar de consejeros a la derecha del rey, siendo custodios de la historia y la memoria de su pueblo.
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El camino para convertirse en bardo implicaba una rigurosa carrera que iba desde discípulos hasta poetas principales, culminando en concursos anuales. El círculo bárdico, que con el tiempo se transformó en el Gorset, aún hoy nuclea a quienes trabajan por la cultura galesa, no solo poetas.
Fue en ese contexto de búsqueda de libertad para su tierra, lengua e identidad que numerosos galeses embarcaron en el Mimosa hacia la Patagonia. Entre ellos, se encontraban varios poetas y escritores, quienes continuaron su labor cultural en la nueva tierra.
Tal fue el caso de Aaron Jenkins, cuyas poesías fueron confiadas a su amigo David Williams a bordo del Mimosa. Los escritos de Jenkins fueron hallados intactos dos años después en los bolsillos de Williams, quien fue encontrado sin vida en el lugar que hoy se conoce como el Bajo de los huesos, un testimonio de la perseverancia de la palabra galesa.
















