
Las claves para detectar un patrón de maltrato infantil, evitando un posible caso de infanticidio
Actualidad02/08/2026
REDACCIÓNUn psicólogo forense explicó los indicadores que permiten diferenciar una seguidilla de infortunios médicos de un posible caso de infanticidio o maltrato recurrente.

Uno de los indicadores más firmes para sospechar de un patrón de maltrato infantil es el fenómeno de la “habitación vacía”. Este se produce cuando los episodios graves, como apneas o convulsiones, suceden únicamente bajo la regla del testigo único, es decir, cuando el progenitor está a solas con el menor.
El debate sobre estas señales se reactivó tras la muerte de Isabella, una nena de dos años que falleció al cuidado de su madre, Lucía Sosa. La mujer ya había sido investigada por la muerte de otras dos hijas, lo que puso el foco en el Trastorno Facticio Aplicado a Otro, conocido como síndrome de Munchausen por Poder.


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El psicólogo Alexis Alderete (MP 85367) explicó a la Agencia Noticias Argentinas que en la investigación forense se utiliza la “autopsia psicológica del vínculo”. Esta herramienta permite reconstruir la función parental y analizar si múltiples admisiones hospitalarias o diagnósticos contradictorios rompen la premisa de una “muerte súbita aislada”.
En este análisis, el historial no se evalúa como una simple suma de hechos pasados. «Lo que se busca es un perfil del progenitor y cómo, ante las mismas situaciones, tiene una conducta esperable de reacción», detalló Alderete. El objetivo es identificar la probabilidad de repetición de un patrón conductual.
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Otro indicador clave es la falta de correspondencia entre el relato del adulto y la evidencia clínica. «Hay una falta de incongruencia e inconsistencia en el relato del progenitor y la evidencia médica: explicaciones que cambian o son poco creíbles sobre cómo ocurrió el evento», señaló el especialista. Un ejemplo de esto sería justificar sofocaciones reiteradas bajo pretextos como que “el aire era tóxico”.
Además, puede observarse una reacción emocional que no coincide con la gravedad de la situación. «Muchas veces se observa una desconexión emocional o disociación afectiva», indicó Alderete. Según el psicólogo, las conductas del progenitor pueden estar acompañadas de una calma inusual o de un discurso centrado en la atención recibida y no en el padecimiento del hijo.
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El especialista remarcó la importancia de poner en contexto las declaraciones de otros familiares o hijos mayores. «Relatos sobre castigos físicos, dinámicas de encierro o temor hacia el progenitor adquieren una dimensión probatoria fundamental cuando coinciden con la mecánica detectada en las autopsias», sostuvo.
Sin embargo, Alderete advirtió sobre la necesidad de evitar dos sesgos importantes al analizar estos casos. Por un lado, no desestimar el peligro por la presuposición del “amor maternal” y, por otro, no caer en el sesgo de confirmación, que consiste en interpretar todo el historial de una persona bajo el prisma del delito.
Finalmente, el especialista señaló que hay un quiebre del principio de causalidad biológica. Se trata de cuadros clínicos raros, cambiantes o que no responden a tratamientos convencionales, pero cuya sintomatología sí encaja con los tiempos de acceso que el adulto tiene a solas con el niño.















