
Advierten sobre una parálisis de la flota costera por la suba de costos y las retenciones
Actualidad17/08/2026
REDACCIÓNEl aumento del gasoil y los derechos de exportación volvieron inviable la actividad pesquera para PyMEs, pese a récords de langostino, reclamando emergencia.

Las asociaciones de embarcaciones costeras han advertido a las autoridades sobre el riesgo inminente de una parálisis total en el sector. Esta situación empuja a muchos barcos a prolongar sus estadías en muelle o a suspender operaciones, lo que amenaza con destruir miles de fuentes de trabajo en las comunidades pesqueras.
El impacto de este deterioro se propaga rápidamente al empleo en tierra, afectando a la estiba, los talleres de mantenimiento naval, las plantas de fileteado y el transporte logístico. La imposibilidad de salir a navegar sin incurrir en pérdidas económicas es la causa directa de esta paralización progresiva.


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El nudo del conflicto se encuentra en una ecuación matemática que se ha vuelto inviable para las pequeñas y medianas empresas armadoras de la flota fresquera, como las de Mar del Plata. El principal factor es la disparada de los costos operativos, que deterioraron la rentabilidad a niveles sin precedentes en las últimas temporadas.
En detalle, el precio del gasoil llega a representar hasta el cuarenta y cinco por ciento del gasto total de una marea. A este encarecimiento se suma el mantenimiento de los derechos de exportación, un esquema tributario que retiene entre el cinco y el nueve por ciento del valor final de venta, liquidando los escasos márgenes de ganancia.
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Esta crisis genera una brecha profunda entre las PyMEs y los gigantes industriales de la pesca. Mientras las grandes compañías congeladoras y los buques poteros compensan el alza de costos con los elevados precios internacionales del calamar o la merluza, la flota de rada no puede trasladar esos aumentos a un mercado interno deprimido.
La reciente ebullición de descargas durante la zafra de langostino en la Patagonia ofreció un respiro de liquidez, pero solo para los grandes buques tangoneros. Esta inyección de toneladas responde a condiciones biológicas cambiantes y una ventana temporal acotada, por lo que no altera la tendencia económica general.
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De hecho, el rendimiento financiero de un kilo de pescadilla o corvina en la primera venta en muelle ya no alcanza para cubrir la fracción de litro de gasoil necesaria para extraerlo del mar. Cuando concluya la temporada de alta demanda del langostino, la dura realidad del balance volverá a los puertos bonaerenses.
Por otra parte, los reclamos para declarar la emergencia sectorial, implementar un precio diferencial para el combustible y eliminar las retenciones continúan sin respuestas oficiales concretas. Esta situación expone a las empresas a un proceso de endeudamiento para poder sostener el pago de salarios y el alistamiento de los buques.
Medir la salud de la pesca argentina exclusivamente por las toneladas descargadas en los muelles resulta un ejercicio de ceguera económica. Aunque las capturas reflejen el esfuerzo de las tripulaciones, no garantizan que la actividad sea sostenible bajo las actuales reglas macroeconómicas.















