
Denuncian al fiscal Fernando Arrigo por presiones en la causa por trata contra Konstantin Rudnev
Policiales26/08/2026
REDACCIÓNElena Makarova, identificada como víctima en el caso que se tramita en Bariloche, aseguró que fue sometida a un trato degradante para que acusara al imputado.

La joven rusa Elena Makarova denunció directamente al fiscal Fernando Arrigo por su rol en la causa contra Konstantin Rudnev. Según su testimonio, publicado en el medio internacional “Bitter Winter”, el fiscal habría ordenado que se la mantuviera en condiciones inhumanas y que fuera intimidada “por cualquier medio necesario”. Makarova afirmó que Arrigo tuvo un papel clave en lo que describió como la fabricación del caso.
En su artículo, la mujer, que es señalada como presunta víctima de trata de personas en la investigación judicial, arremetió contra la Fiscalía de Bariloche. Sostuvo que su testimonio es ignorado y que en realidad es víctima del sistema judicial argentino. «Me llaman víctima en la causa argentina, pero no soy víctima de nadie, salvo de los fiscales argentinos», aseveró en su descargo.


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De acuerdo a su relato, desde el inicio del proceso fue presionada para que se reconociera como víctima de Rudnev. Denunció que la amenazaron con quitarle a su hijo si no cooperaba. Además, agregó que le advirtieron que si insistía en comunicarse con su madre, esta podría ser imputada y encarcelada en el marco de la misma causa.
El tramo más duro de su testimonio apunta a lo que calificó como “violencia obstétrica”. Makarova denunció un intento de inducción al parto no autorizado, una cesárea que no consintió y un “trato degradante” tras el nacimiento de su bebé. Afirmó que fue obligada a amamantar frente a policías, a ducharse bajo vigilancia y a lavar la ropa de su hijo en una pileta sucia.
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La joven explicó que viajó al país para tener a su hijo en un entorno seguro, una práctica que, según señaló, realizaron más de 10.000 mujeres rusas en un solo año para obtener estabilidad y un futuro para sus hijos. «Estaba deprimida, asustada y necesitaba un lugar seguro para dar a luz», sintetizó sobre su situación personal antes de llegar a la Argentina.
Su contacto con la causa se inició a mediados de marzo, cuando una enfermera del hospital le insistió en obtener la documentación del padre del niño, a pesar de que no era un requisito legal para el alta. Su amiga Angelina aportó una fotocopia del pasaporte de Konstantin Rudnev que encontró en la vivienda que alquilaban. A partir de ese momento, aseguró, comenzó lo que definió como una pesadilla.
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Makarova contradijo la hipótesis central de la fiscalía, al remarcar que nunca tuvo contacto con el imputado. «Antes de viajar a Argentina no tenía ningún interés especial en la espiritualidad, el esoterismo ni nada por el estilo. Nunca había oído hablar de Konstantin Rudnev», indicó. Recién después de los hechos ocurridos en Bariloche supo que la prensa rusa lo había mencionado en artículos publicados cuando ella era niña.
En su defensa, la mujer rechazó de manera contundente el argumento de que su negativa a declararse víctima se deba a un “lavado de cerebro” o a un “control coercitivo” ejercido por Rudnev desde una cárcel de máxima seguridad. Calificó esa idea como algo «absurdo y profundamente irrespetuoso».
Por otra parte, detalló que tras el parto fue interrogada en reiteradas ocasiones mientras aún sangraba y no tenía sensibilidad en las piernas, y que fue trasladada a refugios en mal estado. También denunció que durante semanas se le negó el acceso a un abogado de su elección, y que el fiscal Arrigo abrió una causa penal contra su propio letrado. «Exijo respeto por mi identidad y mi autonomía como mujer libre. Exijo que me dejen en paz para cuidar a mi hijo», concluyó.















