
Uno de cada cinco jóvenes argentinos no estudia ni trabaja, revela un informe de la UCA
Enfoques31/08/2026
REDACCIÓNEstudio del Observatorio de la UCA expone la brecha socioeconómica en empleo y educación de jóvenes, mientras otra investigación detalla la precariedad financiera.


Un 20,7% de los jóvenes argentinos, en el rango de 18 a 25 años, no estudia ni trabaja, según un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA. Esta cifra, que constituye uno de los datos más contundentes, oculta una marcada desigualdad entre los distintos estratos sociales. La proporción asciende al 34,2% entre los jóvenes de hogares de estrato muy bajo, mientras que desciende drásticamente al 8,3% en aquellos que pertenecen al nivel medio alto, una diferencia superior a los 25 puntos porcentuales.
El estudio de la UCA subraya las dificultades que enfrentan los jóvenes para ingresar a la vida laboral de manera estable en Argentina. Apenas el 14,2% de las personas de esta franja etaria logra acceder a un empleo formal. El resto de este grupo se distribuye entre diversas formas de trabajo precario o informal, el desempleo o la inactividad.


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En cuanto al tipo de ocupación, solo el 30,2% de los jóvenes tiene un empleo regular, aunque una parte de este segmento trabaja en condiciones precarias. Además, el 22,5% se encuentra en una situación de empleo irregular o ha sufrido un desempleo reciente, y un 10,7% acumula más de seis meses sin una ocupación. La inactividad abarca a un 36,6% de los jóvenes incluidos en este relevamiento, evidenciando los obstáculos para una inserción laboral sostenida.
Esta desigualdad se acentúa al analizar los resultados según el nivel socioeconómico del hogar de origen. El empleo regular es una realidad para el 38,9% de los jóvenes de estrato medio alto, pero esta cifra se reduce a solo el 19,7% entre quienes provienen del estrato muy bajo. Las situaciones de mayor fragilidad laboral también muestran contrastes significativos.
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El empleo irregular o el desempleo reciente afecta al 11,6% de los jóvenes de nivel medio alto, pero se eleva al 30,6% en el estrato muy bajo. De manera similar, el desempleo de larga duración pasa del 5,2% al 14,9% entre ambos extremos. Estas diferencias iniciales son un factor determinante que condiciona las posibilidades futuras de los jóvenes.
La educación también se ve fuertemente influenciada por esta brecha socioeconómica, ya que el 41,2% de los jóvenes de sectores medio altos puede dedicarse exclusivamente a estudiar. En contrapartida, esta posibilidad disminuye drásticamente al 15,6% entre los jóvenes del estrato muy bajo. El ODSA resumió el fenómeno al indicar que «A medida que disminuyen los recursos del hogar, pierde peso el estudio y aumentan la inserción laboral irregular y la desvinculación».
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El informe denomina “herencia social” al mecanismo por el cual las condiciones económicas del hogar de origen condicionan las oportunidades de los más jóvenes. Por ejemplo, la posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar baja del 39,8% al 17,6% si el principal sostén pasa de un empleo pleno a uno inestable o desempleo. La proporción de jóvenes que ni estudian ni trabajan aumenta del 13,3% al 30,5% en el mismo escenario.
Incluso cuando el principal sostén económico cuenta con un empleo protegido, esta ventaja no logra eliminar por completo las diferencias de origen. El ODSA advirtió que «Incluso un empleo protegido del principal sostén económico no alcanza a borrar la desventaja asociada a una posición socioeconómica baja», destacando la persistencia de las desigualdades.
A la problemática laboral se suma una dificultad financiera generalizada para los jóvenes. Un estudio de Zentrix sobre personas de entre 18 y 39 años reveló que el 85,5% llega al día 20 del mes sin dinero disponible. Esta proporción es significativamente menor en el segmento de 40 a 59 años, donde alcanza el 60,6%.















