El censo registró 1.375 ballenas en el Golfo Nuevo, con 409 crías

Turismo07/09/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El relevamiento aéreo realizado frente a Península Valdés mostró una cifra dentro de los valores esperados. El año pasado había sido excepcional.

La ballena Atenea junto a su cría en Península Valdés. Foto Prensa CONICET
La ballena Atenea junto a su cría en Península Valdés. Foto Prensa CONICET

1.375 ballenas francas australes, entre ellas 409 crías, fueron contabilizadas durante el último censo aéreo realizado entre el río Chubut y Puerto Lobos. El relevamiento se concretó el domingo, luego de varios días de espera por condiciones meteorológicas adecuadas para realizar el vuelo. El dato fue explicado en Modo17 por #LA17 por el investigador del CONICET y especialista en biología marina, doctor Mariano Coscarella.

La cifra marca una diferencia respecto del relevamiento anterior, aunque no representa una situación fuera de lo habitual para la serie histórica. Coscarella explicó que el año pasado el número había sido excepcionalmente alto, mientras que el registro actual se encuentra dentro de los valores que suelen observarse en esta etapa de la temporada.


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La comparación entre censos requiere, además, considerar el momento preciso en que se realiza cada vuelo. “El año pasado se hizo más temprano en la temporada y las ballenas entran al golfo y luego se van yendo del golfo a medida que pasan las semanas”, señaló el investigador durante la entrevista. Por eso, una diferencia en la cantidad observada no necesariamente implica un cambio equivalente en el tamaño de la población.

La propia serie histórica muestra que existen fluctuaciones importantes. Los vuelos se realizan desde 1999 y permitieron reunir información durante 27 años, con algunos registros que se apartaron considerablemente de los valores habituales. Coscarella recordó el caso de 2018, cuando se contabilizaron más de 1.600 ejemplares, frente a registros inferiores a 1.000 que eran habituales para ese momento.


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El número de crías también quedó dentro de los parámetros esperados para la población relevada. De las 1.375 ballenas identificadas desde el aire, 409 fueron crías observadas junto a sus madres, aunque los investigadores detectaron una situación particular: una madre fue registrada acompañada por dos crías, algo que atribuyen a que probablemente otra hembra no pudo ser identificada durante el paso de la aeronave.

La presencia de madres con ballenatos responde al papel que cumple Península Valdés dentro del ciclo reproductivo de la especie. “Esta es una zona como sabemos todos de reproducción principalmente, es la zona de mayor concentración para la reproducción de esta especie en todo el Atlántico sudoccidental”, explicó Coscarella. Las hembras, además, no tienen una cría todos los años: el ciclo reproductivo suele extenderse aproximadamente durante tres años.


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El trabajo aéreo no busca identificar individualmente a cada animal, sino obtener una fotografía general de la población. Esa tarea se complementa con el programa de fotoidentificación desarrollado por el Instituto de Conservación de Ballenas, que permite seguir ejemplares particulares durante largos períodos. Según explicó el investigador, existe en ese catálogo una ballena cuya edad estimada ronda los 70 años.

La continuidad de los censos depende también de un esquema de financiamiento sostenido. Desde 2021, la Cámara Patagónica de Empresas de Avistaje de Ballenas y Fauna Marina (CAPEA) financia este trabajo científico, un aporte que permite mantener la serie de relevamientos. Coscarella destacó que el interés del sector turístico por conocer la evolución de la población generó una relación directa entre la información científica y la actividad que se desarrolla en Puerto Pirámides.

El relevamiento también permite observar condiciones ambientales que forman parte del hábitat de las ballenas. Durante el vuelo, los investigadores pueden distinguir ejemplares incluso debajo de la superficie cuando la claridad del agua lo permite, aunque la visibilidad cambia según cada sector del área estudiada. En la desembocadura del río Chubut el agua suele ser más turbia, mientras que sectores del Golfo Nuevo, Golfo San José y el área próxima a Puerto Lobos presentan mejores condiciones.

Entre los residuos observados durante este último vuelo aparecieron cajones de pescado en la zona sur del golfo, además de basura flotante en sectores próximos a Puerto Madryn. Coscarella aclaró que no se trata de una superficie cubierta de residuos, aunque marcó que el problema requiere una respuesta que vaya más allá de retirar los elementos de las playas. “No es simplemente ir y hacer una limpieza de los cajones que están tirados en la playa sino evitar que estos cajones lleguen al agua”, sostuvo.

El investigador aclaró que los 1.375 ejemplares son un número preliminar, ya que la interpretación definitiva requiere análisis estadísticos y modelos que permitan comparar el resultado con el resto de la serie. De todos modos, su evaluación inicial fue concreta: “Estamos dentro de lo esperable”. El valor definitivo del censo servirá así como otro punto dentro de una secuencia de mediciones que permite observar la evolución de una de las principales poblaciones de ballena franca austral del Atlántico sudoccidental.

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