
Cáncer de tiroides: qué señales conviene controlar aunque los nódulos suelen ser benignos
Enfoques07/09/2026
REDACCIÓNLa endocrinóloga Ana Muglia explicó en #LA17 cómo detectar nódulos, cuándo consultar y por qué el diagnóstico temprano mejora las posibilidades de tratamiento.



Un bulto en el cuello, molestias al tragar o una afonía persistente son señales que justifican una consulta médica para evaluar la tiroides. No significan necesariamente la presencia de un cáncer, ya que la mayoría de los nódulos son benignos, pero pueden permitir detectar a tiempo aquellas lesiones que requieren estudios específicos.
La endocrinóloga Ana Muglia abordó el tema en una entrevista realizada en #LA17, a propósito del mes de concientización sobre el cáncer de tiroides. La especialista explicó que se trata de una enfermedad poco frecuente dentro del conjunto de los tumores y que, en general, presenta un pronóstico favorable cuando se diagnostica de manera oportuna.


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La revisión médica del cuello ocupa un lugar importante en esa detección. Muglia recomendó que un profesional realice una palpación anual, porque además de examinar la tiroides puede identificar ganglios u otras alteraciones. “El diagnóstico precoz de cáncer de tiroides se hace a través del reconocimiento de un nódulo en la tiroides”, explicó durante la entrevista.
La aparición de una alteración no implica por sí sola un diagnóstico maligno. Una persona puede detectar un nódulo mediante una consulta, una palpación médica o incluso de manera incidental durante una ecografía solicitada por otro motivo. Ante ese hallazgo, el especialista determina si corresponde avanzar con nuevos estudios.
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Hay síntomas que pueden acompañar algunas alteraciones y que merecen atención. Entre ellos aparecen las dificultades o molestias al tragar, la afonía que persiste en el tiempo y la aparición de un ganglio en el cuello, incluso cuando no se percibe un bulto directamente sobre la glándula. La recomendación de la especialista es consultar y evitar interpretar esos signos por cuenta propia.
Muglia también diferenció los trastornos habituales de la función tiroidea de los tumores malignos. Una persona con hipotiroidismo, por ejemplo, no tiene por ese solo hecho una mayor predisposición al cáncer de tiroides. “No hay mayor índice de cáncer de tiroides en las patologías benignas”, señaló la endocrinóloga.
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El seguimiento periódico de quienes tienen enfermedades benignas de la tiroides puede, de todos modos, facilitar el hallazgo de pequeñas alteraciones. La especialista explicó que los endocrinólogos desarrollan experiencia específica mediante la palpación y pueden detectar nódulos pequeños incluso antes de una ecografía.
La frecuencia de la enfermedad también permite poner en perspectiva el diagnóstico. Muglia señaló que el cáncer de tiroides representa menos del 8% de la frecuencia de cánceres en la población argentina y remarcó que, en general, presenta un buen pronóstico. Algunas lesiones pequeñas pueden incluso requerir una estrategia de vigilancia en determinados pacientes, mientras que otros casos pueden necesitar cirugía u otro tratamiento.
Cuando existe sospecha, el recorrido médico continúa con estudios específicos. Una ecografía puede aportar información sobre el nódulo y, cuando corresponde, el endocrinólogo puede indicar una punción de tiroides para confirmar el diagnóstico. De acuerdo con las características de cada caso, puede plantearse una cirugía con intención curativa.
La especialista también explicó que existen factores que pueden aumentar el riesgo, aunque no hay una única causa que permita explicar todos los casos. Entre los antecedentes mencionó las radiaciones previas en el cuello, algunas variantes genéticas y determinados genes de predisposición. En cambio, aclaró que no existe un factor alimentario directamente relacionado con el cáncer de tiroides.
Otro de los temas abordados en #LA17 fue la protección de la tiroides durante una mamografía. Ante una consulta de una oyente sobre el uso de protectores, Muglia explicó que “la cuota de radiación que se tiene en una mamografía anual es mínima y no está demostrado que aumente el riesgo”, por lo que cubrir la tiroides no constituye actualmente una práctica rutinaria.
La especialista remarcó que el objetivo de la prevención no es provocar temor ante cualquier alteración del cuello. “La mayoría de esos nódulos son benignos”, sostuvo, pero también señaló que el pequeño porcentaje que resulta maligno tiene posibilidades de acceder a un tratamiento oportuno cuando se detecta a tiempo.
El control permite así separar situaciones frecuentes y generalmente benignas de aquellos casos que necesitan una evaluación más profunda. Para Muglia, la consulta con endocrinología resulta fundamental porque este especialista puede ocuparse del diagnóstico, tratamiento y seguimiento de los cánceres de tiroides, incluso cuando el hallazgo requiere una intervención quirúrgica.















