
Elegir la docencia implica años de estudio, prácticas e incertidumbre laboral
Enfoques07/09/2026
REDACCIÓNLa formación docente cambió con los años y hoy combina profesorados de cuatro años, prácticas desde el inicio, especializaciones e ingreso laboral sin garantías.



Elegir una carrera docente supone mucho más que decidir qué materia enseñar. El recorrido actual incluye cuatro años de formación, prácticas desde el primer año, residencia y una actualización profesional que continúa después del título, en una profesión donde la estabilidad laboral puede llegar muchos años después del ingreso.
La discusión fue planteada en #LA17 por Viviana D’Amico, quien analizó los cambios que atravesó la formación de maestros y profesores y las dificultades que aparecen tanto durante los estudios como en el ejercicio profesional. Su mirada también puso el foco en una pregunta que atraviesa al sistema: cómo preparar a quienes tendrán a su cargo la enseñanza de niños, adolescentes y adultos.


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El ingreso a los profesorados tampoco presenta hoy el mismo perfil que décadas atrás. D’Amico explicó que distintas investigaciones muestran una mayor presencia de jóvenes provenientes de sectores populares y advirtió que la idea de que se trata de una carrera corta o sencilla ya no responde a la realidad de quienes eligen esta profesión.
“No es fácil ni es corto”, sostuvo durante la entrevista en #LA17. La formación actual incorpora un trayecto disciplinar junto con una práctica que comienza desde los primeros años, de modo que los estudiantes deben combinar las materias con experiencias concretas dentro de las instituciones educativas.
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Ese recorrido también ayuda a explicar por qué muchos estudiantes no llegan al final de la carrera. D’Amico señaló que, de cada 100 personas que ingresan a un profesorado, aproximadamente 25 llegan a recibirse, mientras el resto abandona durante un proceso que exige tiempo, estudio y presencia en las escuelas.
La residencia constituye uno de los momentos de mayor exigencia. En el último tramo de la carrera, los futuros docentes deben asumir durante un turno completo una práctica frente a estudiantes, al mismo tiempo que completan las obligaciones académicas propias de la formación superior.
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La historia de la formación docente argentina también muestra cuánto se modificó ese recorrido. Las primeras escuelas normales surgieron durante el proceso de organización del sistema educativo nacional, con la creación de la Escuela Normal de Paraná impulsada por Domingo Faustino Sarmiento y la llegada de maestras formadas en el modelo pedagógico de la época.
Con la Ley 1420, que estableció la educación primaria obligatoria, creció la necesidad de contar con más educadores. Los profesorados comenzaron a adquirir su configuración posterior varias décadas después y atravesaron diferentes transformaciones hasta consolidarse como parte del nivel superior no universitario.
En Puerto Madryn, actualmente existen alternativas para quienes buscan ingresar a la docencia. El Instituto Superior de Formación Docente N.º 803 ofrece profesorados de Educación Primaria, Inglés, Educación Tecnológica, Biología, Matemática, Lengua y Literatura, mientras que el instituto que funcionaba como sede del 805 pasó a identificarse como 823 y cuenta con propuestas vinculadas con Música y Artes Visuales, además del Profesorado de Teatro.
La oferta también se amplió con tecnicaturas orientadas a campos específicos que no necesariamente tienen como destino el aula tradicional. D’Amico mencionó entre ellas una formación vinculada con infancias y juventudes, relacionada con derechos y actividades destinadas a esos grupos.
Para quienes viven en la zona y buscan otras opciones, Trelew concentra además profesorados de distintas disciplinas, con instituciones que ofrecen carreras vinculadas con Matemática, Física, Química, Geografía, Educación Física y otras áreas. A eso se sumó recientemente una propuesta de la Universidad Tecnológica Nacional, destinada a profesionales que ya cuentan con una formación específica pero necesitan incorporar herramientas pedagógicas para enseñar.
La variedad de propuestas abre, al mismo tiempo, otra discusión: cómo se decide qué carreras ofrecer en cada lugar. D’Amico planteó la necesidad de articular las instituciones para evitar superposiciones y orientar la formación según las necesidades concretas del sistema educativo.
El problema no termina cuando el docente obtiene su título. La entrevistada también cuestionó la ausencia de trayectos específicos para algunos roles que forman parte de la vida cotidiana de las escuelas, como preceptores, secretarios, directivos, tutores y docentes encargados de orientación.
“No hay formación para otros roles”, señaló D’Amico en #LA17, al remarcar que muchas de esas funciones requieren competencias que no necesariamente están contempladas en la formación docente de base. En esos casos, gran parte de la preparación posterior queda vinculada con cursos, concursos y experiencias laborales.
La estabilidad constituye otro de los puntos más sensibles. A partir de una investigación de Argentinos por la Educación, D’Amico explicó que la titularización suele llegar varios años después del ingreso al sistema y que una proporción importante de los docentes jóvenes comienza su trayectoria como suplente.
Según los datos mencionados durante la entrevista, el 52% de los docentes de hasta 25 años son suplentes, mientras que la mayor proporción de docentes titulares aparece recién entre los 40 y 49 años, cuando alcanza alrededor del 60%. La distancia entre el inicio de la carrera laboral y la estabilidad abre interrogantes sobre las condiciones en las que se desarrolla la profesión.
La actualización aparece como otra cuestión pendiente. Obtener la titularidad no debería significar el final del proceso formativo, especialmente en un sistema educativo atravesado por cambios tecnológicos, culturales y sociales que modifican las formas de aprender.
“No puede quedar librado a la buena voluntad”, planteó D’Amico al referirse a la capacitación permanente. Su propuesta apunta a que el Estado tenga políticas sistemáticas de formación para acompañar a los docentes durante toda su trayectoria, en lugar de dejar esa responsabilidad exclusivamente en manos de cada profesional.
La discusión adquiere una dimensión todavía mayor en el nivel superior, donde se forman los futuros docentes. D’Amico contó que trabajó durante casi tres décadas en formación docente y señaló que la falta de titularizaciones también alcanza a ese sector, donde los profesionales deben actualizarse ante los cambios de planes de estudio y las nuevas exigencias académicas.
La conversación en #LA17 dejó así una mirada que excede la elección de una carrera. Formar docentes implica pensar cuánto dura esa preparación, qué instituciones deben ofrecerla, cómo se acompaña el ingreso al sistema y de qué manera se sostiene la capacitación durante toda la vida profesional, una discusión que atraviesa tanto a quienes enseñan como a quienes están por elegir su futuro.















