
Expertos revelan la "fórmula" del agotamiento mental y emocional y cómo afecta el bienestar
Enfoques13/09/2026
REDACCIÓNLa psicóloga Marina Lisenberg explica que el agotamiento emocional es resultado de la demanda continua y la postergación de actividades placenteras que generan vitalidad.



La psicóloga Marina Lisenberg, fundadora de Attentia, afirma que el "burn out" o síndrome de desgaste profesional se define por una «Demanda continua, expectativa inalcanzable, exigencias incesantes». Este estrés sostenido provoca que cada vez más personas experimenten un "embudo de agotamiento" al postergar aquello que les genera alegría y vitalidad.
Este desgaste progresivo afecta el sueño, genera cansancio, irritabilidad constante y una sensación de tristeza y desesperación. Lisenberg detalla que las personas llegan a no reconocerse a sí mismas y pierden la conexión con el disfrute de la vida, describiendo este fenómeno como "despersonalización", uno de los indicadores clave del síndrome.


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Las personas "quemadas" a menudo también presentan una importante desregulación en los hábitos alimenticios y dificultades para conciliar el sueño. Además, suelen sufrir una sobrecarga mental que describen como indescriptible y pierden la capacidad de compartir tiempo gratificante con su entorno, ya sea pareja, amigos o familia.
Según la especialista, el sentir más común es la percepción de que «se tienen que ocupar de todo menos de sí mismos». Esta situación se agrava en contextos donde no existe una red familiar de apoyo o los recursos económicos limitados impiden tercerizar cuidados, impactando de forma distinta a hombres y mujeres: desconexión en ellos y agotamiento emocional en ellas.
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Lisenberg también menciona la presión de las redes sociales y los consejos de influencers como un factor adicional que incrementa la sensación de no logro y el cansancio. La experta considera que es necesario preguntarse cuáles son nuestros "leones" actuales, en referencia a cómo el cuerpo responde fisiológicamente al estrés como ante un peligro, con reacciones de lucha, huida o parálisis, aun cuando las amenazas no sean físicas sino la incertidumbre del futuro o la incomprensión de un mundo "quebradizo".
Frente a la cronicidad de los estresores, la Licenciada Lisenberg asegura que no podemos cambiarlos, pero sí aprender a lidiar con sus efectos en nuestro cuerpo y mente. Destaca la importancia de recuperar la conexión con el propio cuerpo y escucharlo, modificando la forma en que nos relacionamos con las circunstancias internas y externas.
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Uno de los mayores obstáculos para escuchar al cuerpo es la aversión a las sensaciones incómodas, ya que no estamos habituados a relacionarnos con el malestar inherente a la vida humana. Es crucial aprender a «abrazar con esa conciencia nuestras necesidades físicas y emocionales» y animarse a comunicar cómo nos sentimos para poder procesar y superar estas situaciones.
Para proteger el bienestar, la interacción con amistades, la pertenencia a grupos y redes humanas son fundamentales, ya que ofrecen contención y permiten abstraerse de las cuestiones que abruman. Practicar un deporte, un hobby o el contacto con la naturaleza son experiencias que ayudan a restaurar la energía y son altamente saludables.
En este contexto, la especialista enfatiza que el autocuidado es importante, pero no suficiente. Lisenberg, quien también es autora de libros sobre Mindfulness, destaca la necesidad de «ejercer el cuidado mutuo, cuidarnos entre todos es clave». Promover relaciones donde exista preocupación y ocupación mutua, facilitando el desahogo sin juzgar, es la forma más efectiva de salir del desgaste y fortalecer la comunidad.
Para incrementar las herramientas personales y realizar un proceso asistido, es necesario buscar acompañamiento profesional. La ayuda experta es clave para practicar cómo salvaguardar el bienestar subjetivo en tiempos de constantes exigencias.
Fuente: TN















