
Los empresarios le transmitieron sus objeciones al presidente, quien decidió no avanzar con la creación de un organismo de supervisión financiado por la industria.



El empresario Elon Musk propuso que las principales compañías de inteligencia artificial prueben los modelos de sus competidores antes de que salgan al mercado, como un método de control cruzado. La iniciativa fue planteada como una alternativa al organismo de supervisión que impulsaba el director de Google DeepMind, Demis Hassabis.
La propuesta de Hassabis, que contaba con el respaldo de Dario Amodei, jefe de Anthropic, buscaba crear una entidad financiada por la industria para establecer estándares de seguridad. Sin embargo, Donald Trump frenó el proyecto después de que Musk, Mark Zuckerberg y Jensen Huang le transmitieran personalmente sus reparos en conversaciones por separado, según reveló The Wall Street Journal.


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Los tres ejecutivos argumentaron que un sistema de ese tipo podía concentrar más poder en OpenAI, Anthropic y Google DeepMind. Tras escucharlos, Trump decidió no avanzar. En paralelo, el presidente ha calificado las advertencias sobre los riesgos de la IA como un «engaño» promovido por «traidores» y denunció una «conspiración enfermiza» contra la tecnología.
Trump también sostuvo que el Estado ya dispone de suficiente poder penal y regulatorio sobre las compañías. «El único control o 'barrera de seguridad' que necesita la IA es un presidente FUERTE E INTELIGENTE, y EEUU lo tiene, de sobra», escribió el mandatario en la red social Truth Social.
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La posición de Zuckerberg y Huang es similar a la del presidente. El jefe de Meta afirmó que las empresas tienen incentivos para desarrollar sistemas seguros, mientras que el director ejecutivo de Nvidia rechazó la necesidad de nuevas leyes al considerar que seguridad y velocidad no son objetivos incompatibles.
No es la primera vez que una intervención de último momento altera una política de la Casa Blanca. En mayo, el asesor presidencial David Sacks convenció a Trump de descartar una orden ejecutiva que iba a someter los modelos de IA a una revisión gubernamental más extensa, lo que generó malestar en altos funcionarios.
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La jefa de Gabinete, Susie Wiles, le comunicó a otros miembros de la administración que Sacks había persuadido al mandatario durante una llamada. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, temía que los ciberataques potenciados por inteligencia artificial pudieran causar estragos en el sistema bancario, pero ante la presión de ambos, Trump terminó firmando una versión reducida de la orden original.
















