
El abrupto incremento en los caudales de los ríos provinciales ya provocó complicaciones en El Maitén y la cuenca del Senguer tras meses de emergencia hídrica.



El aumento de los caudales en los ríos de Chubut ya ocasionó diversas complicaciones en puntos de las cuencas provinciales. En la localidad de El Maitén, el río Chubut superó los soportes de algunas estructuras del puente Vía, mientras que en la cuenca del Senguer se emitieron advertencias para pobladores rurales por el riesgo de anegamientos.
Este fenómeno se explica por la combinación de lluvias intensas con el inicio del deshielo en la región andina. Las precipitaciones líquidas alcanzaron sectores con nieve acumulada, lo que aceleró su fusión y rápida incorporación a los cursos fluviales. La complejidad del escenario quedó reflejada en Alto Río Senguer, donde se registraron temperaturas de 18 grados bajo cero mientras el agua fluía con fuerza.


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Por otra parte, este cambio representa un alivio para las reservas provinciales después de meses de escasez. El Dique Florentino Ameghino ha registrado incrementos en el volumen de su embalse. En tanto, el Lago Musters recupera su estabilidad luego de haber atravesado niveles críticos, lo que resulta de especial importancia para el sistema que abastece a Comodoro Rivadavia, Rada Tilly y Caleta Olivia.
Sin embargo, la principal preocupación se centra en la disponibilidad de agua para el tramo más seco del verano. La nieve acumulada en las montañas funciona como una reserva natural que libera agua de manera progresiva. Si una parte importante de esa nieve se derrite antes de tiempo, disminuye el volumen que queda almacenado para los meses de mayor demanda.
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Esta diferencia podría ser determinante durante enero y febrero, cuando el consumo de agua aumenta por las altas temperaturas. En el Valle Inferior del Río Chubut y las zonas costeras, el abastecimiento y las actividades productivas dependerán de las reservas que los diques y lagos logren acumular durante este período.
En la Cordillera y la Precordillera la situación podría ser distinta, ya que una reducción anticipada de la cobertura de nieve se traduciría en menores aportes a los arroyos hacia finales del verano. Esta combinación, además, puede aumentar la vulnerabilidad de los ambientes naturales por la falta de humedad y favorecer condiciones propicias para incendios forestales.
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