
Un estudio revela que el 75% de las selvas tropicales sufrió sequía y calor extremo por El Niño
Actualidad11/10/2026
REDACCIÓNInvestigadores alertan: 50% de la Caatinga en noreste de Brasil podría volverse semidesierto por colapso de ecosistemas y aridificación.



El 75% de las selvas tropicales del mundo experimentó al menos seis meses de sequía y calor extremos como consecuencia del fenómeno climático de El Niño entre 2023 y 2024. Este escenario negativo podría volverse habitual en las próximas dos décadas si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, según un estudio divulgado en Sao Paulo.
El análisis, difundido por la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de Sao Paulo (FAPESP), advierte sobre los efectos negativos en la selva amazónica, de la cual Brasil posee el 60% de su territorio. La investigación resalta que la Amazonia es la región más vulnerable, con una probabilidad hasta nueve veces mayor de sufrir sequías severas hacia finales de siglo en escenarios de altas emisiones.


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En paralelo, especialistas advierten que el cambio climático está intensificando la presión sobre el nordeste de Brasil, lo que podría acelerar los procesos de aridificación y degradación de tierras en la Caatinga. José Marengo, investigador del Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden), señaló que proyecciones de clima futuro en escenarios de alto calentamiento global indican que hasta el 50 % del semiárido de la Caatinga se tornaría semidesierto.
Una investigación de Luiz Bueno da Silva, de la Universidad Federal de Paraíba, refuerza esta preocupación al analizar la productividad de la Caatinga entre 2004 y 2024. El estudio determinó que el estrés térmico asociado al cambio climático impactó en el 26,1% del territorio, mientras que los cambios en el uso del suelo fueron un factor relevante en el 17,4%.
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Los expertos hacen hincapié en diferenciar los conceptos para un correcto abordaje del problema. Marengo explicó que la aridez es una condición climática, la sequía es un evento o período de déficit hídrico, la desertificación es un proceso de degradación de la tierra. Además, insistió en que combatir la desertificación no es solo frenar el avance del desierto, sino construir sistemas socioecológicos resilientes.
Los efectos ya se reflejan en la clasificación climática de algunas zonas, donde investigaciones del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) y del Cemaden identifican un área de clima árido en el norte de Bahía y Pernambuco. Esta situación podría estar vinculada a la sequía prolongada registrada entre 2012 y 2018, aunque no implica necesariamente que exista desertificación.
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El estrés provocado por la combinación de calor y sequía puede llevar a las selvas a un «colapso funcional», según advierte el estudio. Johanna Van Passel, coautora de la investigación, subrayó que el futuro dependerá de la capacidad de la sociedad para actuar. «La previsión es mala, pero tenemos opciones, tenemos que actuar», expresó.
Según Bueno da Silva, los resultados demuestran la necesidad de combinar políticas climáticas y de conservación para proteger la región. «La restauración de la vegetación puede ayudar a recuperar la capacidad del ecosistema de responder a las variaciones climáticas y reducir su vulnerabilidad», subrayó el investigador.
Por su parte, Marengo afirmó que el enfoque científico está cambiando para enfrentar esta problemática. «La agenda científica está cambiando de una respuesta a la sequía hacia una estrategia de resiliencia a la sequía, que incluye monitoreo, alerta temprana, planificación hídrica y adaptación agrícola», afirmó.















