CUIDÁ TU SALUD GENERAL... ¡TOMÁ POLVO DE MOMIA!

En plena era victoriana, en medio de la campaña napoleónica en Egipto, las momias se convirtieron en inusuales objetos de deseo para la élite europea.

Actualidad 23 de enero de 2024 Christian Devia Christian Devia
Polvo de momia como remedio de todos los males
Polvo de momia como remedio de todos los males

En las tinieblas de la historia de la medicina, ha habido momentos inadmisibles de tratamientos curativos, y uno de los más notorios fue la aceptación generalizada de los "Polvos de Momia". Durante siglos, esta extraña sustancia fue considerada una verdadera panacea, atribuyéndosele virtudes curativas que iban desde la cicatrización de úlceras hasta el alivio de la epilepsia.

La popularidad de este peculiar tratamiento alcanzó incluso las altas esferas, con monarcas como el rey francés Francisco I (1494- 1547), quien no salía sin llevar consigo saquitos de polvos de momia. Sin embargo, el uso de momias con fines médicos fue el resultado de una confusión lingüística ancestral.

La confusión comenzó en la Antigüedad, cuando los persas comerciaban con betún, un líquido negro conocido en su idioma como "mummia", al que se atribuían propiedades saludables. Cuando los mercaderes orientales vieron las momias egipcias, recubiertas con resinas similares al betún, surgió la confusión. El término "mummia" se aplicó erróneamente a las momias egipcias, llevando a la creencia de que todo el cuerpo de la momia tenía propiedades milagrosas.

Este malentendido creció con el tiempo y se convirtió en una práctica común. Las cruzadas facilitaron el contacto con la cultura árabe, introduciendo las maravillas de oriente en Europa. Así, los "Polvos de Momia" se hicieron un hueco en las boticas de la época.

Sin embargo, las condiciones de este error filológico fueron desastrosas. La demanda de momias egipcias para obtener polvos medicinales llevó a una implacable persecución, incluso la falsificación. Saqueadores de tumbas momificaban cuerpos de esclavos, cadáveres abandonados o personas ajusticiadas, engañando a incautos boticarios. Pruebas de rayos X revelarían más tarde que algunos museos exhibían falsas momias.

En el siglo XII, las momias egipcias se utilizaron por primera vez con fines curativos en las cortes europeas, alcanzando su apogeo en el Medioevo. Sin embargo, con el Renacimiento, se inició un interés por la ciencia, rechazando prácticas mágicas. Cirujanos notables, como Ambroise Paré y el padre Feijoo, arremetieron contra los polvos de momia, marcando el declive de esta peculiar terapia.

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Pero las momias no desaparecieron por completo. Durante la era victoriana de 1800, la conquista de Egipto por parte de Napoleón llevó la historia de las momias a Europa. Las élites europeas, lejos de darles el respeto debido, compraban momias para eventos extravagantes, como las grotescas "Fiestas de Desembalaje de Momias", en las que se desenvolvían ante los asistentes, las momias traídas desde Egipto, en medio de música y banquetes exóticos con productos orientales.

En un giro aún más sombrío, las momias egipcias fueron explotadas durante la Revolución Industrial. Momias humanas y animales se molían y enviaban como fertilizante a Gran Bretaña y Alemania. Algunas se utilizaban para crear pigmentos marrones de momia o se quemaban como combustible para locomotoras.

Para los coleccionistas ricos, las momias se convirtieron en objetos valiosos, y el comercio ilegal de restos desarticulados floreció en el mercado negro. La escasez de cuerpos egipcios auténticos llevó a la creación de momias falsas, enterrando cadáveres de criminales ejecutados y otros, rellenándolos de betún y exponiéndolos al sol.

A medida que avanzaba el siglo XIX, las momias se convirtieron en valiosos objetos de exhibición y coleccionistas adinerados europeos y estadounidenses compraban docenas de ellas como recuerdos de sus viajes. Aquellos que no podían permitirse comprar una momia completa podían adquirir partes desmembradas, como cabezas, manos o pies, en el mercado negro y llevarlas clandestinamente a casa.

El comercio de momias creció a tal velocidad que, incluso después de saquear tumbas y catacumbas, no había suficientes cuerpos egipcios para satisfacer la demanda. Como resultado, comenzaron a fabricarse momias falsas a partir de los cadáveres de criminales ejecutados, ancianos, pobres y aquellos que habían sucumbido a enfermedades terribles. Estos cuerpos eran enterrados en la arena o llenos con betún antes de ser expuestos al sol.

En una época de opulencia, extravagancia y curiosidades inusuales, el comercio de momias destaca como uno de los episodios más sombríos de la historia victoriana. Estas prácticas, aunque incomprensibles hoy en día, proporcionan un vistazo a las peculiares obsesiones de la sociedad de la época.

Con información de National Geographic y ABC

   

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