El soldado que volvió con poemas: Juan Carlos Recheni y la memoria que no calla
“¿Por qué no pudiste volar, gorrión?”, se pregunta Juan Carlos Recheni en uno de sus poemas más conmovedores. La imagen es suya, tomada en la guerra, con cara de nene y el alma empapada por los días más duros de su vida. Tenía 18 años. Fue el 6 de abril de 1982 cuando lo enviaron. Volvió el 15 de junio. Pero las preguntas, como las heridas, siguieron mucho más tiempo.
Recheni no volvió con medallas. Volvió con frío, con hambre y con el cuerpo quebrado. Lo bajaron del avión sostenido por dos soldados británicos. “No podíamos caminar”, recuerda en #LA17. Su historia, como la de tantos, fue durante años silenciada. Hasta que eligió escribirla. Publicó tres libros de poesía que tituló Sentimientos de trinchera. Porque ahí, entre el barro y el miedo, fue donde empezó a narrarse a sí mismo.
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“Lo hago con palabras simples, para que lo entiendan los chicos”, explica. No busca épica, sino verdad. No hay ornamento en sus versos, sino crudeza. Cuenta el abandono, la desproporción de fuerzas, los visores nocturnos británicos y la soledad de los soldados argentinos sin ropa adecuada, sin comida, sin explicaciones.
Su primer libro apareció en 2010. El segundo, en 2012. El tercero, en plena pandemia, en 2020. También integró una antología nacional publicada por universidades y organismos públicos. “Eso es un orgullo”, dice, con humildad. Cada poema es un testimonio. Cada página, una forma de dar nombre a lo que no tuvo imagen. “La guerra no dejó fotos, solo recuerdos grabados en el cuerpo”, resume.
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Recheni no volvió a las islas. No quiere. “No me dejarían llegar adonde estuve. No estaría donde estuve”, señala. Sabe que la zona donde combatió hoy está vedada a los argentinos. Pero su regreso se hace con palabras. Con versos que surgen de una herida que eligió no esconder.
Dice que muchos compañeros se suicidaron. Que el gobierno se acordó tarde, cuando ya iban más de 500. Que la pensión mínima fue un avance, “por lo menos un pedazo de pan”. Pero sobre todo, dice que escribe para honrar a los que no volvieron, para que los jóvenes conozcan, para que no se repita.
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“Yo trato de rescatar lo que viví. Lo que sentí con 18 años”, afirma. Y deja que el silencio complete lo que no puede decir.