
Hallan bajo un lago una ciudad medieval islámica que resurge como un escenario épico de la Ruta de la Seda
Actualidad24/11/2025
Sergio Bustos
Bajo el agua fría del lago Issyk-Kul, en el corazón de las montañas Tien Shan, una ciudad medieval emerge desde el fondo como un escenario épico. El hallazgo, confirmado por arqueólogos de Kirguistán y Rusia, pone fin a décadas de rumores y devuelve a la historia un centro urbano que movía comercio, creencias y poder en la famosa Ruta de la Seda.
La expedición, realizada en la zona de Toru-Aygyr, documentó muros colapsados, ladrillos cocidos, grandes vasijas y restos de edificios públicos, lo que permite imaginar calles activas donde pasaban caravanas cargadas de seda, jade y especias. Las estructuras aparecieron a solo uno a cuatro metros de profundidad, preservadas como si el agua hubiese sellado una cápsula del tiempo.
Los especialistas detallan que la ciudad floreció entre los siglos X y XV bajo el dominio de los kara-kánidas, una dinastía túrquica que impulsó el avance del islam en la región. Pero antes del dominio islámico, la zona mostró huellas de religiones diversas, desde el tengrianismo hasta el cristianismo nestoriano, lo que confirma una convivencia única en Asia Central.


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El equipo recogió vigas de madera, cerámicas y restos de un molino, además de muestras que serán analizadas con espectrometría de masas para precisar fechas. La evidencia apunta a un proyecto urbano planificado, con administración estable y funciones comerciales vitales para quienes cruzaban el corredor entre China y el mundo islámico.
La ciudad desapareció tras un terremoto devastador en el siglo XV. El sismo hundió parte del asentamiento, dejando barrios completos bajo el agua y enterrando siglos de intercambio cultural. No hubo señales de cuerpos atrapados, lo que sugiere un abandono previo al desastre.
Uno de los sectores más impactantes es un cementerio islámico de 60 mil metros cuadrados. Allí se hallaron dos esqueletos orientados hacia La Meca, pertenecientes a un hombre y una mujer. Los investigadores creen que los entierros marcan el período en el que la Horda de Oro consolidó el islam como religión dominante.
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En otra zona, los arqueólogos localizaron un gran khum medieval aún semienterrado, junto a tumbas posiblemente anteriores al islam. Las superposiciones culturales refuerzan la idea de una ocupación prolongada, con capas de historia que se entrelazan como las rutas comerciales que cruzaban la región.
Más al oeste, aparecieron estructuras de adobe y niveles de suelo antiguo que permiten reconstruir la evolución urbana. Los equipos usaron drones subacuáticos y sistemas de navegación avanzada para cartografiar todo el sitio, un paso clave para su conservación futura.
La investigación recién empieza, pero los resultados ya conmueven a la comunidad científica. El Issyk-Kul resguarda parte de una ciudad que fue mucho más que un refugio comercial: fue un punto de encuentro entre imperios y religiones, un cruce donde Oriente y Occidente se miraban a los ojos.
Ahora, con los primeros informes publicados, los arqueólogos se preparan para nuevas campañas. Una certeza guía sus trabajos: bajo el lago hay más historia esperando, lista para salir del silencio.














