
Yakarta se hunde año tras año y pone en jaque a la mayor área urbana del planeta
Actualidad03/01/2026
Sergio Bustos
El problema no empieza en el cielo ni en el mar, sino bajo los pies. Yakarta se hunde de manera constante por una combinación de factores que se acumulan desde hace décadas y que hoy condicionan la vida diaria de una de las concentraciones urbanas más grandes del mundo. El descenso del terreno ya no resulta una proyección técnica, sino una experiencia cotidiana para millones de habitantes.


En amplias zonas del norte de la ciudad, el nivel del suelo quedó por debajo del nivel del mar, lo que obliga a convivir con diques, bombas de agua y barreras improvisadas. Calles que se inundan con lluvias moderadas, viviendas que pierden valor y servicios que se interrumpen forman parte del paisaje habitual. El hundimiento avanza de manera desigual, pero afecta a toda la estructura urbana.
Uno de los factores centrales es la extracción masiva de agua subterránea. Ante la falta de acceso regular a agua potable, millones de personas perforan acuíferos para abastecerse. Ese uso intensivo debilita el subsuelo y acelera el descenso del terreno, un proceso que se combina con el peso de edificios, carreteras y grandes infraestructuras.
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Organismos internacionales advierten que en algunos sectores el terreno desciende varios centímetros por año. No se trata de un fenómeno aislado ni reciente, sino de una tendencia sostenida que transforma barrios enteros y obliga a adaptar construcciones, redes de transporte y sistemas de drenaje. El suelo sobre el que se asienta Yakarta muestra límites físicos cada vez más evidentes.
La ubicación costera profundiza el problema. El aumento del nivel del mar, sumado a lluvias intensas y mareas altas, multiplica las inundaciones. Episodios que antes aparecían de forma esporádica hoy se repiten con frecuencia, afectan viviendas, colapsan el tránsito y generan pérdidas económicas constantes.
Yakarta concentra unos 42 millones de habitantes en su área metropolitana, según datos citados por la ONU. Su tamaño supera al de varios países europeos combinados y se aproxima al total de población de Argentina. Ese crecimiento no respondió a un plan integral, sino a décadas de expansión desordenada, migración interna y superposición de funciones urbanas.
Barrios coloniales, distritos financieros, zonas industriales y asentamientos informales conviven en un espacio saturado. Esa mezcla, descrita por la revista Wired, profundizó desigualdades y llevó al límite la capacidad del territorio. El resultado es una ciudad que funciona bajo presión permanente, incluso en condiciones climáticas normales.
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Frente a este escenario, el Estado indonesio impulsó obras de gran escala, como el Gran Muro Marino, pensado para contener el avance del océano y proteger las zonas más expuestas. También avanzan proyectos para recuperar ríos urbanos y mejorar el drenaje, con resultados desiguales y plazos extensos.
La estrategia oficial incluye, además, el traslado de la capital administrativa a Nusantara, en la isla de Borneo. La decisión busca aliviar la presión sobre Yakarta, aunque su impacto será gradual y limitado en el corto plazo. Mientras tanto, la megaciudad sigue concentrando población, actividad económica y problemas estructurales.
Más allá de las obras, las tensiones sociales persisten. La falta de vivienda adecuada, la superpoblación y los costos asociados al deterioro ambiental atraviesan la vida diaria de millones de personas. Yakarta no solo se hunde físicamente: también expone los límites de un modelo urbano que ya no logra sostenerse sobre su propio suelo.














