
Productora de Gorro Frigio: “Trabajamos con viento, lluvias y nevadas, nosotros no paramos”
Chubut04/01/2026
REDACCIÓN
En la zona de Gorro Frigio, entre Paso del Sapo y Lagunita, la productora rural Irma Icasate describió una situación que, según su relato, todavía no tiene explicación. En diálogo con el programa “La Voz de la Meseta” por #LA17, afirmó que entregó su producción de mohair a través del sistema de acopio vinculado a la cooperativa Vuelta al Campo de Paso de Indios y recibió una devolución parcial que no logra justificar. Su pedido, repetido durante la entrevista, apunta a una sola cosa: “que esto se aclare”.
Icasate se presentó como “productora nacida, criada” en el lugar y detalló su escala de trabajo: “tengo unas pocas ovejas y 250 chivas”. Contó que vive de esa producción y que el trabajo en el campo no se interrumpe por el clima. “Trabajamos con viento, lluvias y nevadas, nosotros no paramos”, expresó, al describir la rutina de cuidado de animales en la meseta.
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En ese contexto, ubicó un año atravesado por condiciones difíciles. Aseguró que el ciclo reciente mantuvo una tendencia seca que se prolonga en el tiempo y que este último tramo se sintió con mayor fuerza. “Hace 4 años que nosotros venimos con unos años muy secos”, dijo, y sostuvo que el impacto llegó al punto de cortar resultados habituales de producción: “este año no hubo cosecha”.
La entrevista avanzó hacia el trabajo donde Icasate explicó su vínculo con esa cadena productiva. “Hace 26 años que estoy trabajando en el mohair”, afirmó, al describir que entrega el pelo esquilado mediante el sistema de acopio. En ese tramo contó que ocurrió algo inesperado en su última entrega y que desde entonces convive con dudas sobre el recorrido del material.
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Según su testimonio, el último envío se compuso de dos bolsones, y sostuvo que el cargamento “Era únicamente mío”, insistió, y agregó que esas chivas se esquilaron en su casa el día anterior. La productora remarcó además un detalle que, para ella, reduce la posibilidad de un error interno: “La esquila de chiva la hago yo sola”.
El problema, explicó, apareció cuando le devolvieron material que no coincide con lo que asegura haber entregado. Dijo que le trajeron 13 kilos y que ese volumen, en su cálculo, se vincula con lo que se apartó por observaciones, pero no con el total que esperaba. En el mismo tramo sostuvo que en ese bolsón apareció “la piedra” y también “por lo menos 10 kg de pelo de color”, un elemento que asegura no poder asociar a su majada actual.
“Yo ese pelo, esa clase chiva no la tengo”, afirmó, y diferenció esta situación de episodios antiguos en los que podía colarse alguna hebra mínima. Recordó que al comienzo, cuando tenía chivas de color, podían aparecer devoluciones por “100 g o 200 g”, pero sostuvo que esta vez la magnitud es otra. “Ahora es mucho”, resumió.
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El relato también incluyó dudas sobre el registro de kilos y el modo de identificación de los bolsones. Icasate contó que preguntó si se colocó papel interno y dijo que le respondieron que se escribió el exterior. “Me escribí el bolsón”, recordó, y señaló que confió en el procedimiento porque trabaja con ese sistema desde hace tiempo. En esa secuencia explicó que reclamó por la falta de anotación precisa de kilos y que, a partir de ese cruce, surgieron sospechas que ella misma puso en condicional: “Yo sospecho fue una venganza o fue un descuido, tampoco puedo asegurar que fue venganza”.
Más allá de las conjeturas, su reclamo se concentró en un punto verificable: la posibilidad de reconocer el bolsón a tiempo para evitar que el problema escalara. “Me hubiese gustado que me hubiesen llamado”, dijo, y planteó que, si aparecía un bolsón con su nombre y elementos extraños, quería llegar a Paso de Indios para ver el material y confirmar si correspondía o no. En su planteo, la falta de aviso impidió una aclaración temprana y dejó el caso en una zona gris.
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Tras hacerse público el episodio, Icasate afirmó que recibió comunicaciones de distintos actores. Mencionó llamados de Corfo y dijo: “Me llamó la ministra”. También nombró contactos desde la zona, de Paso de Indios, o el representante local, y sostuvo que en ese aspecto no tiene reproches. Su pedido se mantuvo igual: “lo único que yo le pido es que esto se aclare”.
El testimonio cerró con una descripción extensa sobre el contexto en el que se produce y se sostiene el trabajo rural. Icasate habló de caminos en mal estado, costos crecientes y dificultades materiales cotidianas. “La leña está muy cara”, sostuvo, y describió casos de productores que cargan alimentos “al hombro” o en carretilla por falta de accesos. También describió el despoblamiento y el aumento de predadores: “Ahora hay puma”, dijo, y afirmó que vecinos evalúan retirar sus animales por los ataques.
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En esa misma línea, ubicó su establecimiento en un punto concreto del mapa: “Estamos entre Paso del Sapo a 30 km de Lagunita hacia el sur. Es acá Gorro Frigio”. Desde allí, sostuvo que el abandono de campos se profundiza con el paso de los años. “Cada vez peor”, resumió, al explicar que la sequía y las pérdidas empujan a muchos a irse, mientras quienes se quedan intentan sostener su producción y, al mismo tiempo, exigir claridad cuando el circuito comercial deja preguntas abiertas.

















