Qué dicen los estudios sobre nutrientes asociados a un envejecimiento más saludable

Enfoques11/01/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Piel foto ilustrativa fuente Freepik
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El interés por prolongar una vida saludable impulsó en los últimos años una intensa producción científica sobre nutrición y envejecimiento. En ese marco, distintos equipos evaluaron compuestos con potencial para moderar procesos biológicos asociados al deterioro y reducir la incidencia de enfermedades crónicas.

Un análisis respaldado por Ángel Durántez Prados, vocal de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad, identifica cinco nutrientes con evidencia consistente en la literatura reciente. El informe aclara que la mayor parte de los datos proviene de modelos animales, aunque existen ensayos iniciales en humanos con resultados alentadores.


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La lectura de estos trabajos exige una distinción central: mejorar marcadores de salud no equivale a extender la longevidad humana. En varios casos, los estudios muestran beneficios metabólicos, cardiovasculares o inmunológicos sin demostrar un aumento directo de la expectativa de vida en personas.

Entre los compuestos más investigados aparece el resveratrol, un polifenol presente en uvas y frutos rojos. La evidencia describe efectos antioxidantes y antiinflamatorios, con mejoras en perfiles lipídicos, control glucémico y función endotelial, aunque los ensayos clínicos arrojan resultados heterogéneos y sin consenso sobre dosis ni indicación general.

Otro nutriente ampliamente estudiado es la quercetina, un flavonoide abundante en cebolla, manzana y cítricos. Las investigaciones la señalan por su acción antioxidante y senolítica, es decir, por su capacidad de reducir células envejecidas; en humanos se observaron descensos de presión arterial y colesterol LDL en contextos específicos.


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La vitamina B3 y sus derivados —niacina, ribósido de nicotinamida y mononucleótido de nicotinamida— concentran interés por su rol en elevar los niveles celulares de NAD+, un cofactor esencial para el metabolismo energético y la reparación del ADN. Ensayos clínicos tempranos mostraron mejoras en presión arterial, metabolismo y composición corporal, sin efectos adversos relevantes.

En el caso de la vitamina D, la evidencia es más robusta en relación con salud ósea y función inmunitaria. El déficit resulta frecuente en adultos mayores institucionalizados y se asocia con osteoporosis, pérdida muscular y mayor vulnerabilidad inmunológica, por lo que un aporte adecuado contribuye a reducir riesgos ligados al envejecimiento.


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La glicina, un aminoácido presente en carnes y pescados, mostró en modelos animales mejoras en función cardiovascular, mitocondrial y capacidad física, especialmente cuando se combina con N-acetil-cisteína. Estos hallazgos, aunque prometedores, requieren confirmación en estudios humanos más amplios.

Un punto transversal del informe es la cautela. Estos nutrientes no reemplazan hábitos saludables ni tratamientos médicos, y su uso debe considerarse como complemento de una dieta equilibrada, con evaluación individual y seguimiento profesional.


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La evidencia disponible sugiere beneficios concretos en calidad de vida y prevención de patologías, pero también marca límites claros. La comunidad científica aguarda ensayos más extensos y prolongados en humanos para definir con precisión el lugar de estos compuestos en estrategias de cuidado a largo plazo.

Fuente: Clarín, Infobae

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