
El gas natural gana lugar en la región y Argentina asoma como motor de la oferta
Actualidad12/01/2026
Sergio Bustos
El gas natural vuelve a ocupar un lugar central en los planes energéticos de Latinoamérica, con una demanda que crece y un entramado de obras que busca acompañar ese movimiento. El diagnóstico surge del reporte anual de la Unión Internacional del Gas (UIG), que pone el foco en el rol del gas para sostener sistemas eléctricos con fuerte presencia de renovables. En ese mapa, Argentina aparece con un peso creciente por su potencial productivo y por obras de transporte que acercan el recurso a los centros de consumo.
El informe plantea que el gas puede funcionar como respaldo frente a la intermitencia de la energía solar y eólica, y lo asocia a seguridad energética y reducción de emisiones. La discusión, de todos modos, no se limita a la técnica: la región cuenta con recursos abundantes, pero el acceso a la energía no se reparte de manera pareja. Sobre ese punto, la coordinadora de Latinoamérica, Luz Stella Murgas, advierte que el potencial convive con realidades distintas en cada territorio.
Esa desigualdad aparece como uno de los nudos del escenario regional, porque condiciona la transición energética y el ritmo de incorporación de nuevas tecnologías. En palabras de Murgas, “el subcontinente es abundante en recursos, pero desigual en el acceso a la población”. El planteo instala una idea de fondo: la expansión de la oferta no alcanza si no se traduce en abastecimiento confiable para hogares, industrias y comunidades.


OTRAS NOTICIAS
La infraestructura marca el pulso de esa transformación y el reporte aporta un dato concreto para dimensionar el momento. En Latinoamérica existen 22 terminales de gas natural licuado (GNL) operativas o en construcción, distribuidas en 11 países. Esa red abre una puerta para cambiar el perfil comercial del bloque, con la posibilidad de pasar de importador a exportador neto si el flujo de inversión acompaña.
En ese eventual cambio, dos polos concentran la atención: Vaca Muerta en Argentina y el Presal en Brasil. El informe describe una región con recursos suficientes para elevar eficiencia y abastecimiento, pero insiste en que el salto depende de decisiones de capital y de obras sostenidas. La proyección no se apoya en un solo país, aunque sí ubica a Argentina como un actor con capacidad de empuje.
La expectativa sobre el caso argentino aparece resumida en una frase del informe: Argentina va camino a ser el “motor de crecimiento” de la producción de gas natural en Latinoamérica. Esa producción podría aumentar un 60% para 2035, según el reporte, y el país pasaría de importador a potencial exportador neto si mantiene el ritmo de obras y ampliación de oferta. El texto vincula esa proyección con Vaca Muerta y con el refuerzo del transporte hacia los grandes mercados internos.
En ese punto, el documento destaca la expansión del gasoducto Perito Moreno (ex Presidente Néstor Kirchner), que conecta la cuenca neuquina con la provincia de Buenos Aires. El dato se vuelve relevante porque el gas no se convierte en oferta disponible solo por extraerse, sino por llegar a donde se consume o se embarca. En términos prácticos, la capacidad de transporte define cuánto del recurso se transforma en energía efectiva y cuánto queda atado a cuellos de botella.
OTRAS NOTICIAS
Brasil también muestra señales fuertes y aporta otra pata del escenario regional. En 2025, su suministro primario de gas natural creció más de 10%, impulsado por un aumento del 20% en la producción nacional y por la puesta en marcha del gasoducto Rota 3 de Petrobras. El informe lo presenta como un avance que refuerza el rol brasileño, con el Presal como gran plataforma de abastecimiento y obras que acompañan esa producción.
El reporte suma menciones a progresos en Chile, Colombia y países del Caribe, pero vuelve a una condición que atraviesa a todos. Murgas remarca que “para capitalizar estas oportunidades, la región debe acelerar las inversiones en energía”. La estimación es contundente: las inversiones deberían multiplicarse al menos por cuatro en la próxima década para alinearse con objetivos globales y con la magnitud del cambio que se proyecta.
Además del gas natural, el documento incorpora una agenda paralela que gana espacio: gases de baja emisión como biometano, biogás e hidrógeno. La oportunidad aparece asociada a proyectos que aprovechan residuos agrícolas, urbanos o ganaderos, con una ventana de inserción internacional si se consolida una cadena industrial sólida. En esa línea, Murgas cierra con una definición amplia sobre la región y el objetivo social: “América Latina y el Caribe poseen abundantes recursos, talento, conciencia medioambiental y una fuerte conciencia social… el objetivo no es solo diversificar el sector energético, sino garantizar un acceso equitativo a la energía para todos”.













