
Una nube sin estrellas abre pistas sobre materia oscura desde el Telescopio Espacial Hubble
Actualidad12/01/2026
REDACCIÓN
Durante años, gran parte de la astronomía miró el universo siguiendo una regla sencilla: buscar estrellas, medir su luz y, desde ahí, reconstruir el resto. Esa estrategia permitió entender galaxias, cúmulos y la expansión cósmica, pero también dejó zonas enteras fuera de foco, justo donde ocurre un tramo silencioso de la historia del cosmos. En esas regiones sin brillo domina la materia oscura, una presencia que no emite luz y no forma planetas, aunque sostiene con su gravedad el andamiaje general del universo.


La relevancia de ese componente es enorme: según el conocimiento actual, más del 85% de la materia del universo pertenece a la categoría “oscura”, mientras que la materia ordinaria, la que integra estrellas y personas, representa el resto. El problema es que su naturaleza todavía escapa a una explicación definitiva y los astrónomos suelen aproximarse a ella por efectos indirectos, como la rotación de las galaxias o las huellas del universo temprano. Por eso, la detección de Cloud-9, una nube de gas sin estrellas dominada por materia oscura, aparece como un paso poco habitual: se trata de un objeto en el que lo visible no tapa lo esencial.
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La observación se realizó con el Telescopio Espacial Hubble y fue difundida por la NASA. El trabajo se publicó en The Astrophysical Journal Letters y, según el informe, se trata de la primera detección confirmada de un objeto de este tipo, un escenario que permite poner a prueba teorías sobre la formación de galaxias y, sobre todo, sobre los casos en los que ese proceso no se enciende. La nube se encuentra a unos 14 millones de años luz de la Tierra y la presencia del gas se detectó también mediante datos de radio del radiotelescopio VLA, con una región difusa destacada en magenta en las imágenes oficiales.
En el equipo investigador aparece una marca argentina fuerte. Uno de los responsables principales del estudio es Alejandro Benítez-Llambay, astrofísico nacido en Jujuy, formado en la Universidad Nacional de Córdoba y actualmente docente e investigador en la Universidad de Milano-Bicocca, en Italia. Su trabajo combina observaciones y simulaciones numéricas para estudiar cómo la materia oscura estructura el universo, incluso en escalas pequeñas donde no llegan a aparecer estrellas.
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En una explicación sobre el fenómeno, Benítez-Llambay describió el rol central de ese componente invisible: “La materia oscura es un componente fundamental del universo porque provee la gravedad necesaria para que se formen todas las estructuras que observamos”. Al mismo tiempo, señaló por qué se la define como “oscura”: “La llamamos ‘oscura’ porque no interactúa con la radiación como la materia ordinaria, la que forma estrellas, planetas y personas, pero sabemos que existe porque podemos medir sus efectos gravitacionales”.
Esa evidencia indirecta se observa, entre otros puntos, en el movimiento de galaxias y en señales del universo temprano. En esa misma línea, el investigador agregó: “Los vemos, por ejemplo, en cómo rotan las galaxias, en el movimiento de galaxias satélite o en las huellas que dejó en el fondo cósmico de microondas”, y remarcó que, aun sin conocer su composición exacta, “su presencia es indispensable para explicar el universo que observamos”.
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La comparación con la materia ordinaria aparece como un límite para la astronomía basada solo en lo visible. Benítez-Llambay lo sintetizó con números: “Sabemos que constituye más del 85% de toda la materia gravitante del universo. La materia ordinaria, de la que están hechos todos los objetos conocidos, representa apenas el 15%”. En esa diferencia ubicó un riesgo metodológico: “Esa diferencia explica por qué estudiar solo lo visible puede inducir sesgos importantes. Estamos observando una fracción pequeña del sistema completo”.
Cloud-9 permite discutir esos sesgos con un caso puntual. En lugar de partir de estrellas, el estudio se concentra en el gas y en lo que su distribución deja entrever sobre la materia oscura. Para el investigador, mirar el universo desde ese ángulo cambia la escala de análisis: “El gas suele extenderse mucho más allá de la parte visible de las galaxias, lo que permite estudiar directamente la influencia de la materia oscura”. En el caso puntual de la nube observada, el argumento es directo: “En el caso de Cloud-9, al no haber estrellas, el gas es la única vía para inferir la presencia y la distribución de la materia oscura”.
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El equipo describió a Cloud-9 como una “galaxia fallida”, no porque exista una estructura rota, sino porque no se activó el paso central de la formación estelar. Benítez-Llambay explicó qué entiende por “fallo”: “Lo que no ocurrió fue el encendido del proceso de formación estelar”. Y agregó una hipótesis sobre el momento en que la estructura creció: “El halo de materia oscura de Cloud-9 tiene una masa muy cercana a la masa crítica necesaria para formar una galaxia, pero creemos que creció demasiado tarde”.
Esa secuencia temporal tendría consecuencias físicas: “Cuando otros halos similares ya estaban formando estrellas, el gas del universo estaba más caliente y su presión era tan alta que la gravedad de Cloud-9 no pudo capturarlo”, detalló. En esa rareza estadística, el equipo encuentra parte del valor del caso: “Estadísticamente, sistemas así son muy raros, y eso hace que encontrar uno sea tan interesante”.
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El rol del Hubble fue confirmar lo que los datos de radio sugerían: que no había estrellas asociadas. El acceso a ese telescopio, según describió el investigador, parte de un proceso competitivo y global: “Todos los años se abre una convocatoria pública a nivel mundial para enviar propuestas de observación”. Enfatizó que se trata de una evaluación por pares: “Las propuestas son anónimas y se evalúan por pares”, y que solo se aprueban las que prometen mejor retorno científico por la alta demanda: “Es un instrumento con una demanda muy superior a su disponibilidad, por lo que solo se aprueban las propuestas con mayor potencial de retorno científico”.
La confirmación de la ausencia de estrellas terminó siendo el dato más fuerte para clasificar el objeto. Benítez-Llambay lo expresó sin rodeos: “Porque encontrar una galaxia débil habría sido interesante, pero no novedoso. En cambio, no encontrar ninguna estrella refuerza la idea de que se trata de un RELHIC”. Y completó con la dimensión teórica del hallazgo: “Estos objetos eran predicciones de simulaciones numéricas que hicimos hace años, pero nunca habían sido observados”.
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En el cierre del argumento, el investigador apuntó al significado de la detección: “Que Cloud-9 cumpla con todas esas propiedades lo convierte en un hito científico y abre la posibilidad de estudiar, por primera vez de manera directa, estructuras dominadas casi por completo por materia oscura”. Para la astronomía, se trata de un caso que cambia el punto de observación; para la ciencia argentina, además, suma un nombre propio en un hallazgo difundido por la NASA y respaldado por publicación académica.
Fuente: LA NACION.





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