La tecnología redefine el consumo y empuja nuevas formas de comprar, gastar y endeudarse

Actualidad13/01/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Compras por internet. Foto Freepik
Compras por internet. Foto Freepik

La relación entre las personas y el consumo atraviesa una transformación profunda impulsada por la tecnología digital, la disponibilidad permanente de bienes y el crédito inmediato. Comprar dejó de estar limitado por horarios, distancias o incluso por el efectivo disponible, y esa mutación no resulta neutra para la conducta individual ni para la economía en su conjunto.

Durante décadas, el consumo estuvo condicionado por variables físicas claras: el comercio abierto, el traslado hasta el local y la posibilidad concreta de pago. Hoy, la compra puede realizarse a cualquier hora, desde cualquier lugar y en pocos segundos, una combinación que amplificó el comercio electrónico hasta representar más del 20% de las ventas minoristas en varios países, con tasas de crecimiento que superan ampliamente al consumo total.


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Esa facilidad permanente no solo incrementa el volumen de compras, sino que altera la forma en que las personas deciden consumir. La psicología económica dejó atrás la idea del consumidor perfectamente racional y mostró que emociones, impulsos y estímulos externos influyen de manera directa en cada elección. La tecnología potencia ese efecto al reducir al mínimo el tiempo entre el deseo y la acción.

Las plataformas digitales, las aplicaciones móviles, los sistemas de pago electrónicos y el marketing personalizado construyen un entorno de estímulo constante, sin límites temporales ni espaciales. A eso se suma la multiplicación de mecanismos de financiación: ya no solo los bancos ofrecen crédito, sino también supermercados, tiendas online y grandes cadenas comerciales, que integran el negocio financiero como una extensión de la venta.


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Consumir y endeudarse nunca resultó tan sencillo, y esa facilidad impacta en el comportamiento. Investigaciones médicas y psicológicas describen el crecimiento del Desorden de Compra Compulsiva, un impulso persistente e incontrolable a adquirir bienes, que hoy registra una prevalencia estimada de entre el 2% y el 8% de la población adulta en Estados Unidos. La cantidad de estudios científicos sobre el tema creció de manera sostenida en las últimas décadas.

Más allá de los cuadros clínicos, la cultura del consumo inmediato dificulta la postergación y refuerza la búsqueda de satisfacción instantánea. El neuromarketing explora estos mecanismos y se apoya en el funcionamiento del sistema de recompensa del cerebro, asociado a la dopamina, para diseñar promociones, descuentos y estímulos visuales que incrementen las ventas. Ofertas como cuotas, promociones encadenadas o eventos masivos de descuentos operan sobre esos circuitos neuronales.


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Desde una mirada económica más amplia, surge otro interrogante: qué ocurre con el ahorro. Estudios de la OCDE muestran que, en promedio, el ahorro no se desplomó como porcentaje del ingreso disponible, aunque las realidades individuales presentan fuertes diferencias. La eficiencia en precios convive con una mayor exposición al gasto impulsivo, lo que obliga a seguir de cerca esa variable.

El cambio tecnológico resulta inevitable y atraviesa todas las dimensiones de la vida cotidiana. La diferencia aparece en el grado de conciencia con el que se participa de ese proceso, en la capacidad de reconocer estímulos, límites y consecuencias. La tecnología amplía opciones, pero también exige mayor atención sobre cómo, cuándo y por qué se consume.

Fuente: LA NACION.

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