Chile reimpulsa el oro y prepara megaproyectos para 2026 en el norte

Actualidad14/01/2026Sergio BustosSergio Bustos
mineria chile
Chile reimpulsa la minería de oro.

Chile vuelve a mirar al oro con otra ambición y con números que empiezan a mover el tablero regional. Consultoras como Plusmining, Cesco y GEM Mining Consulting ubican la producción de 2025 entre 37 y 46 toneladas, un rango que marca el mejor desempeño en una década. El repunte se consolida desde 2023, cuando el país registró 37.226 kilos, y abre un escenario donde 2026 ya no aparece como promesa sino como escalón de expansión.

Ese giro tiene un nombre propio y un peso difícil de relativizar: Salares Norte, operado por Gold Fields en la Región de Atacama. El proyecto se inauguró en octubre de 2025 y funciona como motor inmediato del aumento productivo, con un avance del 27,9% en los primeros nueve meses del año. En ese período se reportaron 31.861 kg de oro fino, un salto que empuja al país en el ranking latinoamericano detrás de los grandes productores.

La discusión sobre 2026, sin embargo, no pasa solo por crecer, sino por cuánto de ese crecimiento depende de una sola operación. Las proyecciones para Salares Norte plantean unas 300.000 onzas en 2025 y hasta 550.000 onzas en 2026. Ese volumen implica entre 20% y 25% de la producción nacional total, un nivel de incidencia que ordena decisiones de logística, empleo regional y planificación fiscal. Cuando un proyecto explica una porción tan grande, cualquier ajuste técnico o regulatorio impacta en la curva del país.


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En el resto del portafolio aparecen expansiones que buscan sostener el ciclo más allá del “efecto Salares Norte”. La ampliación de La Coipa, de Kinross, extiende la vida útil y sostiene niveles cercanos a 280.000–285.000 onzas anuales. En paralelo, el proyecto Florida 100, de Pan American Silver, incorpora crecimiento hacia 2028, con aporte adicional en un plazo más largo. Esa combinación sugiere un mapa donde 2026 actúa como puente y 2028 como consolidación.

Las proyecciones de Cesco dibujan un horizonte que apunta a un nuevo techo histórico. Si los planes se materializan, Chile puede llegar a 60 toneladas hacia 2028, por encima del máximo de 2012. A más largo plazo, iniciativas como Lobo Marte, Nueva Esperanza, El Zorro y Volcán empujan una base productiva que podría rondar 70 toneladas anuales hacia 2033. El salto no depende solo de geología, también depende de tiempos de permisos, obras y continuidad de inversión.

El Ministerio de Minería lee este repunte como una ventana para diversificar la matriz extractiva sin desplazar al cobre del centro. En esa lógica, el oro cumple un rol complementario ante la volatilidad de precios industriales y los desafíos de la transición energética. La idea no cambia el perfil del país de un día para el otro, pero abre un margen para amortiguar ciclos y sostener actividad en regiones del norte. En términos fiscales y laborales, el movimiento promete impacto directo en Atacama y Coquimbo.


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La dimensión económica también se mide por el tamaño de las inversiones y por su efecto territorial. Salares Norte representa una inversión superior a US$ 1.200 millones y se asocia a miles de puestos de trabajo directos e indirectos. En zonas donde la minería estructura cadenas de servicios, una operación de esa escala mueve transporte, mantenimiento, contratistas y compras locales. Ese efecto derrama, pero también aumenta la exigencia sobre infraestructura y control ambiental.

El talón de Aquiles aparece en un punto conocido para la minería de alta cordillera: el agua y la sensibilidad ecosistémica. La operación en áreas con recursos hídricos escasos exige tecnología y reglas estrictas para sostener licencia social y cumplimiento normativo. El caso de Salares Norte incorpora un sistema cerrado de agua que minimiza impacto en ecosistemas locales, un estándar que el sector mira como referencia. En un ciclo de expansión, cada proyecto nuevo queda obligado a mostrar soluciones equivalentes o mejores.

Otro factor que condiciona el ritmo del ciclo aurífero se juega fuera del yacimiento: permisos y previsibilidad. Especialistas del Consejo Minero señalan la necesidad de políticas públicas que aceleren autorizaciones, reduzcan incertidumbre regulatoria y aporten estabilidad para inversiones de largo plazo. El punto no se limita a “más rápido”, también se vincula a reglas claras y procesos consistentes que permitan planificar. Sin esa base, el potencial geológico puede quedarse en carpeta.


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El contexto internacional suma viento a favor por el rol del oro como activo refugio. El texto base ubica precios récord por encima de US$ 4.000 la onza en 2025, en un marco de incertidumbre geopolítica, inflación y demanda de bancos centrales. Ese precio incentiva exploración, acelera decisiones de capital y mejora ecuaciones de proyectos con costos más altos. Aun así, la industria conoce el carácter cíclico del metal y ajusta planes con cautela.

Chile cuenta además con una base geológica amplia y diversa para sostener un ciclo extendido. El país registra al menos seis tipos de yacimientos y cinturones como Maricunga, Salares Norte y El Indio, con mineralización asociada al magmatismo del arco andino. Un análisis de 82 yacimientos menciona que sistemas epitermales y pórfidos Au-Cu concentran gran parte del recurso, con estimaciones que superan 11.662 toneladas de Au (aprox. 375 Moz), aunque el texto advierte subreporte histórico. La innovación en exploración, con geocronología, geoquímica vectorial, geofísica profunda y modelamiento 3D, reduce riesgos y habilita descubrimientos en sistemas ocultos.

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