
Construyeron su propio avión para cumplir el sueño de recorrer la Argentina
Actualidad21/01/2026
Sergio Bustos
El cielo de la costa rionegrina fue testigo de una visita que trasciende lo deportivo para convertirse en un manifiesto de vida. En el Aeródromo Saint Exupéry, una aeronave ultraliviana de diseño disruptivo capturó la atención de los locales: el Defiant. Se trata del hogar itinerante de Laura Lazzeretti y Marcelo Varela, dos diseñadores gráficos y pilotos con tres décadas de experiencia que decidieron que la mejor forma de conocer el país era desde una cabina construida por ellos mismos. Su llegada a San Antonio Oeste marca un punto estratégico en la vuelta patagónica de un proyecto que nació entre charlas de sobremesa durante el confinamiento.
La historia del Defiant es la de una metamorfosis técnica y emocional. Para que este viaje fuera posible, la pareja no se conformó con lo que tenía; desarmaron su avión anterior y lo transformaron en una máquina optimizada para largas distancias. Modificaron alas, tanques de combustible, motor y tablero, logrando un equilibrio entre la seguridad aeronáutica y la comodidad necesaria para transportar carpas y elementos de campamento. “Llegamos a una etapa en la que queremos viajar, y viajamos en avión. Hasta que dé la fuerza y el entusiasmo”, afirman con la convicción de quienes encontraron su lugar en el mundo a mil pies de altura.
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El disparador de esta odisea, denominada "Argentina desde el aire", fue un libro sobre travesías extremas en el Ártico que Marcelo leía mientras el mundo estaba detenido por la pandemia. Lejos de verlo como algo inalcanzable, Laura se planteó un interrogante que cambió su futuro: "¿Por qué no?". Desde ese instante, la pareja fusionó su perfil creativo del diseño gráfico con la precisión de la aviación para dar forma a un proyecto que ya los llevó desde su base en Villa Rumipal, Córdoba, hasta los rincones más australes de la Patagonia, alternándose siempre en los mandos del comando.
En el Aeroclub local, los pilotos fueron recibidos con la camaradería que caracteriza a la familia aeronáutica. Mientras el Defiant descansa en los hangares protegidos del viento marino, ellos aprovechan para explorar los atractivos de la zona, reafirmando que el objetivo no es solo volar, sino conectar con la identidad de cada localidad. Tras su paso por la región, el plan de vuelo indica rumbos hacia Río Colorado para luego encarar la zona norte del país durante el otoño, buscando completar el mapa de todas las provincias argentinas.
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La travesía funciona como una inspiración para quienes ven en la jubilación o en los cambios de etapa un cierre, en lugar de una apertura. “Es una aventura nuestra, con un avión que construimos nosotros y con el que queremos recorrer todo el país”, explican, dejando claro que la autogestión es la clave de su libertad. La cabina del avión, reducida pero eficiente, es el testimonio de que se puede vivir con lo esencial cuando el horizonte es el límite.
El impacto de su paso por las comunidades locales es inmediato. En cada aeródromo, el diseño del Defiant genera curiosidad y abre puertas a nuevas amistades y relatos. El proyecto, que puede seguirse a través de plataformas digitales bajo el nombre Defiant Argentina, documenta no solo los paisajes espectaculares de nuestra geografía, sino también los desafíos de volar una aeronave experimental en condiciones climáticas variables como las de la estepa rionegrina.
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Para Laura y Marcelo, el viaje no tiene una fecha de vencimiento rígida. La idea es continuar “hasta que nos cansemos o hasta que cansemos a la gente”, bromean, aunque la pasión que transmiten indica que todavía queda mucho combustible emocional. Después de la Patagonia, el próximo gran objetivo será la provincia de Buenos Aires y sus múltiples aeródromos, antes de regresar al punto de partida en Córdoba para planificar la siguiente etapa hacia el norte.
Esta travesía es un recordatorio de que los proyectos de vida pueden rediseñarse a cualquier edad si existe la voluntad de trabajar por ellos. La unión de la pareja, tanto en lo personal como en la cabina de mando, refuerza la idea de que los desafíos compartidos tienen una potencia multiplicadora. El Defiant no es solo un montón de aluminio y fibra de vidrio; es el símbolo de una decisión valiente: la de mirar a la Argentina desde arriba para entenderla mejor desde abajo.
Con el sol cayendo sobre las playas de San Antonio, los pilotos preparan las cartas de navegación para el próximo tramo. Saben que cada despegue es una página nueva en un libro que están escribiendo con sus propias manos. El viaje continúa, y con él, la certeza de que no hay nada más gratificante que volar en una máquina que lleva el sello de los propios sueños.















