
La edad biológica reevalúa el límite de la vida humana y proyecta un horizonte de 150 años
Actualidad27/01/2026
REDACCIÓN
La medición del envejecimiento celular abre un escenario donde la expectativa de vida podría extenderse mucho más allá de los registros históricos conocidos.


Durante décadas, el debate sobre cuánto puede vivir una persona estuvo atado a marcas excepcionales y a la genética individual. Sin embargo, la investigación científica sobre la edad biológica propone un cambio profundo en ese enfoque. Según el investigador Steve Horvath, la humanidad se acerca a un punto en el que los límites tradicionales de la longevidad dejan de ser una barrera fija y pasan a convertirse en una variable que puede medirse y modificarse.
Horvath, profesor de la Universidad de California y creador del llamado reloj epigenético, sostiene que no existen dudas matemáticas sobre la posibilidad de alcanzar edades cercanas a los 150 años. En una entrevista con la revista Time, afirmó: “Mi respuesta matemática es que sí, creo que en algún momento habrá extensiones drásticas de la esperanza de vida”, una frase que resume el cambio de paradigma que propone su trabajo.
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La diferencia central respecto de visiones anteriores es el concepto de edad biológica, que no coincide necesariamente con la edad cronológica. Este indicador permite observar cómo envejecen realmente las células, más allá del calendario, y evaluar con precisión el impacto de intervenciones médicas, hábitos y tratamientos. Para Horvath, cuantificar ese proceso es imprescindible si se pretende modificarlo: “Conocer cómo y por qué envejecen las células del organismo será una herramienta fundamental para encontrar intervenciones de rejuvenecimiento”, explicó.
En ese marco, la ciencia ubica en torno a los 150 años un posible techo teórico, no por una decisión cultural, sino porque a esa edad la resistencia celular comenzaría a colapsar. Ese punto marcaría el máximo alcanzable con los conocimientos actuales, aunque no implica que todas las personas lleguen a esa edad ni que exista hoy una forma concreta de hacerlo.
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Horvath aclara que estas proyecciones no dependen solo del laboratorio, sino también del contexto global. El investigador advirtió que eventos como “un holocausto nuclear”, “guerras” o “pandemias” podrían interrumpir cualquier avance sostenido. En condiciones de estabilidad, en cambio, considera que “en algún momento la humanidad encontrará la forma de extender drásticamente la vida”.
El interés por frenar el envejecimiento no se limita al ámbito académico. Experiencias personales como la del empresario Bryan Johnson, impulsor del Proyecto Blueprint, muestran hasta dónde llega la búsqueda por reducir la edad biológica. Aunque estos casos no representan soluciones generalizables, funcionan como ensayos extremos que ponen en escena la distancia entre la investigación científica y su aplicación cotidiana.
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Hoy, los tratamientos disponibles están muy lejos de permitir una extensión radical de la vida, pero el aporte central de trabajos como el de Horvath reside en haber cambiado la pregunta. Ya no se trata solo de cuánto tiempo puede vivir una persona, sino de cómo se mide el envejecimiento y qué variables permiten intervenir sobre él, un giro que reconfigura la discusión sobre la longevidad humana.
Fuente: LA NACION.















