
Dos patagónicos transformaron un sueño viajero en una travesía que llegó hasta Alaska
Enfoques27/01/2026
REDACCIÓN
El programa #PatagónicosporelMundo puso en primer plano una historia que combina emoción, constancia y espíritu aventurero. Carolina Carou, oriunda de Puerto Madryn, y Facundo Astutti, de Trelew, como lograron unir Argentina con Alaska, un objetivo que comenzó como una idea lejana y terminó convirtiéndose en una experiencia transformadora. Ambos se conocieron años atrás mientras estudiaban el Profesorado de Educación Física en La Plata, aunque fue tiempo después cuando el proyecto tomó forma. Un reencuentro y una conversación sincera dieron inicio a un sueño compartido, el de viajar sin plazos rígidos y convertir el camino en un modo de vida.


La decisión se materializó con la compra de una vieja combi Volkswagen a la que bautizaron "Odisea", y que restauraron y adaptaron para vivir en ella. “Dijimos vámonos hasta Alaska y arrancamos”, recordaron, al explicar cómo una frase espontánea terminó marcando el rumbo de los siguientes años.
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El viaje comenzó en 2018 y se extendió por Sudamérica, Centroamérica y Norteamérica, atravesando fronteras, climas extremos y paisajes imponentes. La ruta se fue armando día a día, con desvíos inesperados, aprendizajes constantes y una fuerte conexión con otros viajeros. Uno de los momentos más complejos fue la pandemia, que los encontró en Costa Rica. “Estuvimos casi un año varados, pero también fue un tiempo de crecimiento”, contaron, al destacar que ese período los obligó a reinventarse y a valorar la paciencia y la adaptación.
Para sostenerse económicamente, recurrieron a la venta de artesanías y a trabajos ocasionales vinculados a su formación. La autosuficiencia y la solidaridad fueron pilares del viaje, ya que en cada país encontraron personas dispuestas a ayudar y compartir experiencias.
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“Más allá de que en Argentina estamos muy acostumbrados a comer de todo, porque podemos probar platos de cualquier país o provincia, el viaje nos llevó a animarnos a sabores impensados”, contaron. En Ecuador probaron gusanos extraídos de palmas de chontaduro, una experiencia que los sorprendió por su sabor, aunque reconocieron que solo la vivieron una vez debido al método de preparación. En México también se animaron a las hormigas voladoras y, a lo largo del recorrido, incorporaron recetas centroamericanas como pupusas, arepas y taquitos, que hoy cocinan a diario con harina de maíz.
“Yo ya practicaba pesca submarina en las aguas gélidas de ésta zona, tanto en invierno como en verano, y Caro se sumó después”, relató Facu. Durante la pandemia, esa experiencia se volvió clave para sustentarse, ya que pescaban para consumo y también para la venta, lo que luego los llevó a formarse como guías de buceo con tanque. En México trabajaron dos temporadas en Baja California Sur, puntualmente en La Ventana, cerca de La Paz, un lugar que los enamoró por la enorme biodiversidad del Mar de Cortés, donde conviven ballenas, orcas, delfines y mantarrayas, y que los impulsa a seguir viaje en busca de nuevas experiencias.
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La llegada a Alaska significó el cierre de una etapa cargada de emoción. Cruzar ese último punto fue la confirmación de que el esfuerzo había valido la pena, luego de miles de kilómetros recorridos y de innumerables desafíos superados. Más allá de los paisajes, destacaron el valor humano del recorrido. “La gente es lo más lindo del viaje”, afirmaron, al remarcar la hospitalidad recibida y los lazos que se generan entre quienes eligen un estilo de vida nómade.
Hoy, de regreso temporal en la región, ya piensan en nuevos horizontes. El próximo desafío es Europa, con la misma convicción que los llevó desde la Patagonia hasta Alaska, seguros de que los sueños se construyen paso a paso, o kilómetro a kilómetro.















