
El histórico frigorífico pampeano creador del "Paty" paralizó su planta y suspendió a 450 operarios
Actualidad28/01/2026
REDACCIÓN
La escena puertas adentro del frigorífico General Pico cambió de manera abrupta. Donde antes el ritmo marcaba turnos continuos y tránsito constante de camiones, ahora la actividad quedó reducida a una expresión mínima. La empresa suspendió a sus 450 trabajadores, una medida que reflejó el freno casi total de la operatoria diaria en la planta ubicada en Trenel.
El golpe no surgió de un solo factor. La estructura del frigorífico se organizó durante años para sostener una faena intensiva, con procesos y costos diseñados para alrededor de 600 cabezas por día, un volumen que dejó de existir. En la actualidad, la actividad apenas supera las 50 cabezas, un nivel que vuelve inviable el funcionamiento regular de la fábrica.
Esa caída productiva dejó al descubierto un problema de fondo. Las plantas orientadas a grandes volúmenes dependen de un flujo constante de ventas externas y de una rotación que amortigüe costos fijos elevados. Cuando esa dinámica se rompe, el impacto se traslada de forma directa al empleo y a la continuidad operativa.


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Los números del comercio exterior aportan contexto, pero no explican todo. Durante 2025, las exportaciones de carne vacuna retrocedieron 7,3% en volumen, según datos oficiales, con una merma más marcada en los envíos al principal comprador. China redujo sus importaciones interanuales y también pagó precios más bajos que otros destinos, lo que achicó márgenes para frigoríficos muy dependientes de ese mercado.
La paradoja apareció en la facturación global del sector. A pesar de vender menos toneladas, el ingreso total de dólares creció por mejores precios en Estados Unidos, Israel y la Unión Europea. Sin embargo, esa mejora no alcanzó a plantas con perfil concentrado en un solo destino, que quedaron desacomodadas frente al nuevo escenario.
En General Pico, la consecuencia se sintió de inmediato en la línea de producción. La suspensión del personal respondió a la imposibilidad de sostener turnos completos sin demanda suficiente. La planta, pensada para operar a gran escala, quedó sobredimensionada para el nivel actual de actividad.
A ese cuadro se sumó un mercado interno debilitado. El consumo de carne vacuna se mantuvo en valores bajos y no ofreció un canal alternativo capaz de absorber el excedente productivo. La ecuación diaria dejó de cerrar incluso para cubrir gastos básicos de operación.
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Otro factor que agravó la situación fue el freno de la faena kosher. Los equipos especializados se retiraron de las plantas pampeanas, lo que interrumpió los envíos a Israel, uno de los pocos circuitos que todavía generaban ingreso de divisas. La salida de ese segmento profundizó las dificultades financieras en un contexto de liquidez ajustada.
Detrás del frigorífico aparece la figura de Ernesto “Tito” Lowenstein, un nombre histórico de la industria alimenticia argentina. Ingeniero industrial y empresario entrerriano, impulsó desde los años 80 la creación de Paty, la marca que masificó el consumo de hamburguesas en el país a través de Quickfood.
Con el paso del tiempo, Quickfood creció hasta convertirse en un actor central del sector y en 2009 fue vendida al grupo brasileño Marfrig. Desde entonces, Paty opera bajo control extranjero, mientras Lowenstein continuó con otros proyectos productivos, entre ellos el frigorífico pampeano y su participación en el centro de esquí Las Leñas.
La suspensión de los 450 trabajadores dejó una señal clara sobre los límites de un modelo industrial atado a grandes volúmenes y mercados específicos. Más allá de la trayectoria empresaria, la planta de General Pico quedó atrapada en una combinación de baja demanda, costos elevados y un esquema que perdió equilibrio.














