La Patagonia se prepara para aulas más chicas y Chubut mira el reordenamiento escolar

Actualidad29/01/2026Sergio BustosSergio Bustos
Alumnos en el aula
Alumnos en el aula.

En el sistema educativo argentino, la caída de la matrícula ya no aparece como una proyección lejana. El escenario se empieza a leer como un reordenamiento inevitable, con efectos distintos según cada provincia. En la Patagonia, esa tendencia toma otra dimensión por la distribución territorial, las distancias y la forma en que se organizan escuelas con baja densidad poblacional.

En ese contexto, Chubut queda dentro de una región donde el informe proyecta un crecimiento de aulas pequeñas. No figura entre las jurisdicciones con mayor contracción de matrícula en términos absolutos, pero el dato relevante pasa por otro lado: el cambio en el tamaño de los cursos puede modificar la manera en que se sostienen secciones y cargos. La discusión, en provincias patagónicas, se vuelve más concreta cuando se piensa en escuelas que ya trabajan con pocos alumnos por aula.

Los datos surgen del informe “Presente y futuro de la cantidad de alumnos por docente y por grado”, de Argentinos por la Educación, elaborado por Martín De Simone, María Sol Alzú y Martín Nistal. El trabajo toma proyecciones demográficas de la Dirección Nacional de Población (DNP) del Ministerio del Interior, y también datos de matrícula, secciones y cargos docentes del Relevamiento Anual de la Secretaría de Educación. La estimación marca un cambio fuerte para todo el país: para 2030 se esperan 1,2 millones de estudiantes menos que en 2023, con una caída del 27% en el nivel primario.


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Esa baja no se reparte de manera uniforme. El informe señala que Buenos Aires encabeza la reducción en términos absolutos, con 510.433 alumnos menos (-30,5%), seguida por CABA con 92.540 (-34,0%) y Santa Fe con 87.770 (-24,5%). En términos relativos, las mayores contracciones se proyectan en Tierra del Fuego (-36,1%), Santa Cruz (-34,9%) y CABA (-34,0%), un dato que vuelve a poner a la Patagonia en el centro del mapa.

En el día a día escolar, uno de los indicadores que cambia es la relación entre estudiantes y docentes. Hoy, Argentina registra alrededor de 16 alumnos por cargo docente en primaria, una cifra intermedia en América Latina. El informe compara ese número con otros países: supera a Uruguay (15) y al promedio de la OCDE (14), pero queda por debajo de México (24), Colombia (23), Ecuador (22) y Brasil (18). Si la tendencia demográfica sigue, el país podría acercarse a un escenario de 12 alumnos por docente hacia 2030.

El punto es que un promedio nacional no cuenta toda la historia, y ahí aparece una lectura importante para Chubut. En provincias con poblaciones más dispersas, la expansión de aulas pequeñas puede crecer por razones demográficas y también por la propia estructura territorial. El informe anticipa que para 2030, Tierra del Fuego, Río Negro y Santa Cruz podrían encabezar la proporción de cursos chicos, lo que refuerza la idea de una Patagonia con secciones cada vez más reducidas.


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El cambio también se ve en la distribución de tamaños de curso. Si se mantuviera constante la cantidad de secciones de 2023, las aulas de 25 a 29 alumnos bajarían del 29,4% al 3,5%, y las de 30 o más caerían del 14,1% al 0,4%. En paralelo, crecerían con fuerza las secciones de 15 a 19 alumnos, del 17,5% al 48,8%, y también las de menos de 15 alumnos, del 4,0% al 22,2%. Ese fenómeno se replicaría en todas las provincias, con intensidades distintas.

En este escenario, la discusión deja de ser solo educativa y se vuelve también organizativa. El informe estima que, si se mantuvieran constantes los ratios actuales, para 2030 se necesitarían 50.043 secciones menos y se debería reasignar 71.250 cargos docentes a nivel nacional. El valor equivalente estimado de esa reasignación sería de $966.304 millones anuales, cerca del 15% del crédito vigente para la función Educación en 2025. Para distritos como Chubut, el debate pasa por cómo se ordena el sistema sin perder presencia territorial.

El coautor del informe, Martín De Simone, remarca que el fenómeno trae oportunidades y riesgos, según cómo se utilicen los recursos. “La caída de la tasa de natalidad en Argentina puede tener múltiples efectos, tanto negativos como positivos. En el sistema educativo, sin embargo, abre una oportunidad: sin aumentar el gasto total, es posible destinar más recursos por estudiante”, sostiene. Y advierte: “El riesgo es que la inercia institucional y objetivos que no ponen el aprendizaje en el centro hagan que esta ventana de oportunidad se desperdicie”.


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A la vez, especialistas plantean que la discusión no se agota en tener menos alumnos por aula. Leyre Sáenz Guillén, magíster en economía y especialista en educación, afirma: “Reducir la discusión de la caída de matrícula a ‘menos alumnos por aula es mejor’ es demasiado simplista”. En ese mismo planteo agrega: “El riesgo de empujar el sistema hacia aulas demasiado chicas es perder parte de ese aprendizaje entre pares”, con una advertencia que también puede aplicar en provincias donde los cursos ya son reducidos.

La reorganización también puede variar entre gestión estatal y privada, con impactos diferentes en cada territorio. Cecilia Adrogué, investigadora del Conicet y la Universidad de San Andrés, sostiene: “Es importante mencionar que los efectos serán bien diferenciados según se trate del sistema de gestión pública o el sistema de gestión privada”. Y completa: “En el segundo, la matrícula es la que determina los recursos disponibles y estarán frente a un desafío mayúsculo para poder solventar con menos alumnos una estructura que les quedará grande”.

En el fondo, el informe plantea que el sistema educativo entra en una etapa donde sobran piezas si se las deja tal como están. El profesor Facundo Albornoz lo resume en estos términos: “La caída de la natalidad, más allá de los desafíos que impone a nuestra sociedad, abre una oportunidad única para mejorar el sistema educativo: obliga a repensar su organización y, aun sin cambios presupuestarios, incrementa los recursos disponibles por estudiante”. Y suma otro elemento que condiciona cualquier cambio: “las respuestas de las familias y las reacciones de docentes y equipos escolares”, un factor que puede pesar especialmente en provincias donde cada escuela cumple un rol social más amplio.

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