
El peso de escuchar pedidos de auxilio en plena emergencia ígnea en Cholila
Actualidad29/01/2026
Sergio Bustos
Desde la base local de la brigada, una operadora relató la angustia de coordinar comunicaciones mientras el fuego se acercaba a viviendas y vecinos conocidos.


La emergencia ígnea que golpea a Cholila no solo se vive en los frentes de combate. En la base de la Brigada de Incendios, la tensión se acumula en cada comunicación que llega por radio, en cada pedido urgente y en cada silencio que se vuelve interminable mientras se espera una respuesta desde el terreno.
Paola Rodríguez, operadora de radio de la brigada local, describió jornadas marcadas por la angustia y la incertidumbre. “Es muy doloroso y angustiante”, resumió al hablar de un contexto donde el fuego dejó de ser una amenaza lejana y se transformó en una presencia constante para toda la comunidad.
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El impacto resultó mayor porque nadie imaginó ese desenlace. “No pensamos que pudiera llegar hasta acá: el Parque Nacional Los Alerces está a muchos kilómetros y que hoy haya fuego aquí es mucho”, expresó, al recordar los primeros momentos en los que las llamas comenzaron a hacerse visibles desde el pueblo.
Durante la noche, la situación tomó otra dimensión. “Anoche veíamos las llamas acá. Eso fue muy angustiante”, relató Rodríguez, al describir una escena que quebró cualquier idea de distancia entre el incendio y las zonas habitadas.
Desde el primer día, el trabajo se sostuvo sin pausa. Brigadistas ingresan temprano y se dirigen directamente al área afectada, mientras que el equipo que permanece en la base mantiene en funcionamiento la red de comunicaciones y logística. “Escuchar las comunicaciones y saber que hay que replegar y sacar a la gente del fuego es desesperante. El viento nos está jugando muy en contra”, señaló.
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La estructura de apoyo resulta clave para que el operativo funcione. “Tenemos compañeras en el comando de comunicaciones en Villa Lago Rivadavia y otras en logística, que cocinan y organizan todo lo necesario para quienes están en terreno”, explicó, al detallar un trabajo silencioso pero permanente.
Entre los momentos más difíciles, Rodríguez destacó aquellos en los que la información es incompleta y el riesgo es máximo. “No saber quiénes son, si son compañeros o vecinos, pero saber que son personas, eso angustia mucho”, afirmó. En una comunidad pequeña, cada apellido y cada voz tienen rostro.
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La cercanía profundiza el impacto emocional. “Somos pocos, nos conocemos todos, y saber que un vecino puede perder su casa o salir lastimado es muy doloroso”, expresó, dejando en claro que el incendio atraviesa la vida personal de quienes sostienen el operativo.
Su función consiste en recibir y canalizar pedidos concretos. “La coordinación la hacen los superiores, pero yo recibo los requerimientos: máquinas, camiones cisterna, herramientas”, detalló. Esa tarea se articula con Defensa Civil y Protección Ciudadana, en un entramado que no se detiene.
El desgaste también se refleja en los recursos materiales. “Las motosierras, las limas, el aceite se usan de manera continua. Es un superincendio y no solo afecta a Cholila, también hay focos en otros lugares. La demanda es enorme”, explicó, aunque destacó la respuesta solidaria de vecinos y organizaciones.
Al final del día, la imagen del fuego tan cerca sigue pesando. “Da bronca, tristeza, uno no sabe qué hacer”, confesó. La frase resume una sensación compartida en la base: la de sostener la información, las urgencias y el miedo, mientras el incendio sigue marcando el pulso de la región.















