El Gobierno cambia la compra de GNL: un privado importará para el invierno y Enarsa queda al margen

Actualidad29/01/2026Sergio BustosSergio Bustos
gasoducto cordillerano
Importarán gas para el invierno.

La importación de Gas Natural Licuado (GNL) entra en una nueva etapa en la Argentina justo antes del invierno. Con una normativa publicada en el Boletín Oficial, el Gobierno nacional dispuso que un operador privado pase a cumplir el rol que hasta ahora sostenía Energía Argentina S.A. (Enarsa) como comprador e intermediario. La decisión apunta a modificar una pieza sensible del sistema energético, porque el GNL se usa para cubrir picos de consumo cuando la oferta local y el transporte no alcanzan.

El cambio quedó formalizado a través del Decreto de Necesidad y Urgencia 49/2026, publicado este martes. En ese texto, el Poder Ejecutivo definió un nuevo esquema para la importación y comercialización del GNL, con el objetivo de que la operatoria se mueva en un circuito de privados. En paralelo, el decreto prorroga un marco que venía vigente y que condiciona el funcionamiento del sector.

Uno de los puntos centrales es la extensión de la emergencia. El DNU prorroga en su artículo 1 la Emergencia del Sector Energético hasta el 31 de diciembre de 2027 en los segmentos de transporte y distribución de gas. El texto recuerda que en junio se había decidido una prórroga más amplia para todo el sistema, con vencimiento el 9 de julio de 2026, pero ahora el Gobierno estira el plazo para áreas específicas.


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En la práctica, el invierno es el motor de la decisión. Durante los meses de mayor demanda, la Argentina suele recurrir al GNL porque no hay capacidad suficiente en los gasoductos para llevar el fluido desde la Cuenca Neuquina hacia el Área Metropolitana de Buenos Aires y el Litoral. Esa limitación de transporte obliga a sumar gas importado para evitar faltantes en días de consumo alto.

El corazón operativo de este sistema está en la provincia de Buenos Aires. Bajo el nuevo marco, la Secretaría de Energía licitará el acceso a la capacidad de regasificación de la terminal de Escobar. El adjudicatario deberá encargarse de una cadena completa de tareas: comprar cargamentos, coordinar la logística de los buques metaneros e inyectar el gas al sistema para abastecer distribuidoras y centrales térmicas.

La medida también busca concentrar la operatoria. Según el texto, la comercialización quedará en manos de un único operador privado, surgido de un procedimiento competitivo. En ese rol, el comercializador deberá moverse con un mercado que cambia rápido, porque los precios del GNL suelen variar por la demanda estacional y por la dinámica global.


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Hasta ahora, la Argentina venía operando con una lógica conocida: compras spot al comienzo de cada temporada para cubrir picos invernales, con licitaciones en tandas. Con el nuevo esquema, el importador y su comprador final —el offtaker— pasarán a negociar dentro de un circuito entre privados. Eso deja una pregunta abierta que el propio texto marca: el Gobierno todavía no aclaró si cubrirá la diferencia entre el costo del GNL importado y el precio local del Plan Gas, o si ese costo se trasladará completo a la demanda.

En el anuncio oficial, la Secretaría de Energía justificó el giro con una definición política sobre el rol del Estado. La cartera explicó que la dinámica responde a “la decisión de avanzar con la privatización de activos y actividades de Enarsa y de retirar al Estado del rol de empresario e intermediario en el mercado energético, para concentrarse en su función propia: establecer reglas, garantizar transparencia y asegurar el abastecimiento”. Esa frase marca el encuadre del Gobierno para sostener el cambio.

El texto también describe el esquema que se deja atrás, con números que muestran el tamaño del subsidio. Según la explicación oficial, el Estado compraba GNL a valores de US$ 11 a US$ 13 por MMBTU y luego lo vendía localmente cerca de US$ 2,70 por MMBTU, cubriendo la diferencia. La Secretaría de Energía sostuvo: “El nuevo esquema elimina esa intermediación estatal y traslada la responsabilidad comercial y operativa al sector privado, con reglas claras”.


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Como la terminal de Escobar es el único punto de inyección operativa para el GNL importado, el Gobierno incorporó un mecanismo para poner un techo transitorio. En el artículo 2 del decreto se decidió “establecer un precio máximo transitorio para la venta en el mercado interno del gas natural resultante de la regasificación del GNL que se importe para el abastecimiento de los dos próximos períodos invernales”. La medida se plantea como un límite mientras se ordena el nuevo esquema.

Ese tope de precio se define con una fórmula que combina referencias externas y costos locales. El texto aclara: “Dicho precio no podrá ser superior al marcador internacional que la Secretaría de Energía, del Ministerio de Economía considere, más un valor en dólares necesario para cubrir todos los costos de flete marítimo, regasificación, almacenaje, comercialización y transporte por ducto del GNL regasificado hasta el punto de entrega ubicado en la localidad de Los Cardales”. En ese detalle aparece un punto clave para la red de gas, porque Los Cardales funciona como nodo de entrega hacia la zona de mayor consumo.

La licitación también se define por eficiencia logística. El comercializador se seleccionará mediante un procedimiento competitivo donde el factor determinante será el costo de esa cadena de flete, regasificación y transporte. El texto remarca la importancia del punto de entrega en Los Cardales por su vínculo técnico con los gasoductos de TGN, que alimentan el área de mayor demanda del país.


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Aunque Enarsa queda desplazada de la operatoria cotidiana, el decreto no la borra por completo del mapa. El DNU mantiene un rol de respaldo para la empresa estatal: si la licitación no se concreta o si durante el año las compras resultan insuficientes, Enarsa conservará la potestad de intervenir de forma transitoria para evitar faltantes. La decisión busca que el abastecimiento no dependa de un único camino sin alternativa.

En términos técnicos, el Gobierno argumenta que concentrar la comercialización en un solo operador ayuda a ordenar la logística de la terminal. Se menciona que un acceso unificado reduce conflictos en la programación y en la asignación de ventanas de arribo, los conocidos “slots”, para los buques metaneros. También se plantea que facilita la gestión del inventario en los tanques de la FSRU y optimiza el proceso de regasificación.

El texto suma detalles operativos que muestran por qué la coordinación pesa en este negocio. Se mencionan maniobras de amarre, conexión y desconexión de brazos de transferencia criogénicos y operaciones de trasvase de GNL de buque a buque, con el objetivo de bajar riesgos de incidentes y demoras. En ese marco, la supervisión quedará bajo la Secretaría de Energía y el Enargas, al menos hasta que se formalice el nuevo ente unificado de control eléctrico y gasífero.

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