
Hundimientos no denunciados de lanchas artesanales en San Antonio Oeste expusieron graves falencias de seguridad
Actualidad29/01/2026
Sergio Bustos
La pesca artesanal en San Antonio Oeste atraviesa un momento delicado. Luego de casi dos años de fuerte inactividad por la escasez de recursos en el golfo San Matías, el reciente regreso del langostino reactivó salidas al mar. Sin embargo, esa reaparición dejó al descubierto problemas estructurales en materia de seguridad y control.


Hace alrededor de 20 días, varios permisionarios con licencias provinciales volvieron a operar dentro del golfo. Las primeras capturas mostraron buenas tallas comerciales y ausencia de fauna acompañante, lo que generó expectativas en un sector golpeado. Ese contexto impulsó nuevas zarpadas, muchas de ellas sin cumplir requisitos formales.
En ese marco, comenzaron a circular versiones sobre incidentes graves en el mar que no habían sido reportados. En una comunidad pequeña como San Antonio Oeste, la información se propagó rápidamente. Lo que inicialmente se intentó mantener en reserva terminó llegando a las autoridades.
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Un particular se presentó ante la Prefectura Naval Argentina (PNA) local y denunció tener conocimiento del hundimiento de una lancha artesanal, a la que identificó con precisión. A partir de esa presentación, se inició un expediente y se citó al titular de la embarcación señalada.
Ante la autoridad naval, el permisionario reconoció que su lancha se había hundido mientras realizaba maniobras de pesca, indicando la zona general del hecho, aunque sin poder precisar el punto exacto. El episodio no había sido denunciado en su momento, lo que derivó en la intervención del Juzgado Federal de Viedma, donde la causa continúa en etapa preliminar.
De manera paralela, surgieron indicios de un segundo hundimiento, ocurrido días después, que tampoco fue reportado oficialmente. Ante la falta de denuncia, la Prefectura inició una investigación de oficio. Actualmente se recaban datos y testimonios para reconstruir lo ocurrido.
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Un dato central une ambos episodios: en ninguno se solicitó auxilio ni se declaró la emergencia. Los tripulantes fueron rescatados por otras embarcaciones artesanales y no hubo víctimas fatales. Tampoco quienes asistieron informaron lo sucedido a la autoridad marítima.
Según las actuaciones, ninguna de las lanchas involucradas contaba con habilitación de navegación vigente, situación que habría motivado el silencio posterior. Ese comportamiento derivó en lo que desde el propio sector describen como un acuerdo implícito para no dar aviso, aun frente a situaciones de alto riesgo.
El jefe de la Prefectura de San Antonio Oeste, prefecto principal Pablo Hernández, explicó: “El día lunes se hizo presente un particular diciendo que tenía conocimiento de un hecho de naufragio de una embarcación de pesca artesanal. Se iniciaron las averiguaciones y se dio con el propietario de la embarcación, quien reconoció que se le había hundido la lancha”.
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El funcionario remarcó que “las personas que iban a bordo fueron todas rescatadas por otras lanchas, pero ninguna dio aviso a Prefectura, tampoco pidieron auxilio en la emergencia”. Además, señaló que la embarcación no estaba habilitada para la navegación y no había cumplido con los trámites exigidos por la normativa vigente.
Tras estos episodios, la Subsecretaría de Pesca y Producción Acuícola de Río Negro recordó a todos los permisionarios que es obligatorio despachar cada salida ante Prefectura, con roles de tripulación y registro de zarpada y regreso. La exigencia busca evitar situaciones que pongan en riesgo vidas humanas.
Hernández detalló el procedimiento: “Para que se firme la habilitación de la embarcación, hacemos una inspección de la misma y se revisan las cuestiones técnicas”. Agregó que, aunque se trate de embarcaciones menores, deben ser inspeccionadas y mantener escucha permanente del Canal 16.
A partir de lo ocurrido, numerosos pescadores iniciaron trámites para regularizar habilitaciones y despachos. Los hechos no dejaron víctimas, pero expusieron una cadena de incumplimientos que, de repetirse, podrían tener consecuencias irreversibles en una actividad donde la seguridad depende, en gran medida, del respeto a las normas.







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