Los relatos de enriquecimiento rápido son fantasías en el mundo financiero digital

Chubut31/01/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Criptomoneda e inversiones imagen ilustrativa generada por LA17
Criptomoneda e inversiones imagen ilustrativa generada por LA17

En #MODO17, el columnista dijo que el año “arranca lleno de incertidumbres” y lo planteó como una pulseada entre geopolítica y tecnología. En Argentina, anticipó macro ordenada y micro exigente.

El 2026 empezó con una pregunta que no se limita a una inversión o a una criptomoneda de moda, sino a la sensación de piso inestable. En su columna semanal de finanzas digitales en #MODO17 por #LA17, Diego Torres lo sintetizó sin rodeos: “este 2026, la verdad que es un año, lo voy a decir así, digamos, lleno de incertidumbres”. Lo dijo desde un lugar personal, aclarando que es optimista, pero aun así se mostró atravesado por dudas sobre lo que puede venir.

Para ordenar ese escenario, Torres propuso una lectura con dos extremos que compiten por el volante del año. Por un lado ubicó a la tecnología, con dos grandes tendencias que mencionó como protagonistas: “Los protocolos descentralizados y la tecnología de la inteligencia artificial”. En el otro extremo colocó a la geopolítica, con la advertencia de que si domina esa lógica “podemos tener un año muy, muy complejo”, incluso “caótico”.


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La idea no se quedó en conceptos abstractos, porque el columnista bajó a la práctica lo que significa que la política global gane espacio. Dijo que el sistema de gobernanza basado en reglas y organismos multilaterales se viene deshilachando y que hoy asoma “la ley del más fuerte”, algo que definió como realpolitik. En su descripción, la “mesa chica” se mueve entre Estados Unidos, Rusia y China, mientras el resto mira desde afuera y trata de acomodarse.

Torres planteó que, en ese tipo de mundo, los recursos cambian de precio y de importancia, y ahí apareció uno de los indicadores que eligió como termómetro. “Fíjate cómo está aumentando el oro”, señaló, al recordar que venía en valores mucho más bajos y que ahora “sigue” en alza, acompañado por la plata. La lectura que sostuvo fue directa: cuando crece la incertidumbre, el mercado busca lo “tangible”, lo “duro”, lo que no depende de una sola moneda o de una decisión política puntual.


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Esa búsqueda de refugio no se limita al oro y la plata, porque Torres extendió el efecto hacia otros materiales. Habló de cómo “eso dispara al cobre, al platino, al aluminio”, y ahí metió un ejemplo con anclaje local. Dijo que sube el aluminio y que eso “le viene muy bien a Aluar”, y que de manera indirecta puede impactar en Madryn por el peso de esa empresa en la región.

A partir de esa puerta, el columnista metió una idea que sonó más a advertencia doméstica que a análisis global. “Hay un contexto que le puede dar una oportunidad a Chubut”, sostuvo, pero no lo dejó como frase de deseo. Lo vinculó a la necesidad de “reindustrializar” y “repensar la industria”, en un escenario que describió con crudeza para el petróleo: “una industria petrolera que está menos 10 y que va a seguir bajando”.


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La salida que sugirió se apoyó en recursos ya disponibles, sin promesas mágicas. Mencionó la eólica y la solar como opciones “servidas”, en una provincia donde el viento y el espacio aparecen como ventajas naturales. En su mirada, el mundo inestable puede elevar el valor de los recursos, pero esa oportunidad exige preparación local, gestión y decisiones que no se resuelven solo desde un despacho nacional.

En paralelo, Torres hizo un contrapunto que sorprendió por la calma que le atribuyó a la economía argentina en un año convulsionado afuera. Afirmó que, “paradójicamente”, la Argentina puede transitar un año macroeconómicamente bueno y que “la inflación va a seguir bajando”. También afirmó: “El dólar no se va a disparar. Este año va a ser un año tranquilo para la Argentina”, aunque aclaró que esa tranquilidad no significa mejora automática en la vida cotidiana.


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El matiz de su diagnóstico se corrió enseguida a la microeconomía, donde ubicó el problema real. Dijo que el desafío es el comercio, la industria y las pymes, y sostuvo que una parte de la destrucción de empleo no responde solo a variables de gobierno o tipo de cambio, sino a negocios “flojitos de papeles”. En esa línea, remarcó que un negocio funciona bien cuando está bien gestionado, no solo cuando la economía crece, y advirtió que cuando “la economía se sincera”, los malos negocios quedan expuestos.

En ese punto, Torres también marcó un límite político y social: señaló que el gobierno debe tener cuidado por el impacto social de los ajustes, porque la destrucción suele ser rápida y la creación tarda años. Mencionó la idea de Schumpeter sobre destrucción y creación, pero insistió en los tiempos distintos de cada proceso. Su mirada no buscó romantizar el cambio, sino poner el problema en la calle.


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Para cerrar, el columnista corrió el foco de la predicción al comportamiento cotidiano, como si en un año incierto el pronóstico fuera un lujo. “En estos contextos de alta incertidumbre hay que invertir en uno mismo, hay que invertir en la comunidad que tenés más cercana”, recomendó, y sumó una idea de cuidado y mejora de lo propio. También reivindicó la austeridad, a pesar de su mala prensa, y cuestionó los relatos de enriquecimiento rápido, con una frase que apuntó a bajar la ansiedad: “No, no existe”.

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